A Francisco Peris Moreno, a Juan de Gracia, · A Isabel Orellana y a Enrique Pascual, que nos abrieron las puertas de su casa y nos permitieron revisar los cajones donde guardaban - [PDF Document] (2024)

EXPOSICIÓN / EXPOSICIÓ

Comisarios / Comissaris Concha Baeza - José Vicente Rodríguez

Diseño / DissenyConcha Baeza - José Vicente Rodríguez

Montaje / Muntatge Deu + Un: Iniciatives Culturals

Rotulación y Pancartas / Retolació i pancartes R & D Rotulación

Traducción al valenciano / Traducció al valencià Unitat de Normalització Lingüística. Diputació de València

Paneles transferibles sistema lambda / Paflons transferibles sistema lambda B y N Profesional, S.L.

Positivado de fotografias / Positivat de fotografies José Luis Castiblanque

Marcos fotografías / Marcs fotografies Giner Molduras

Carpinteria / Fusteria Ginerma, S.L.L.

Pintura / PinturaBlesa

Seguros / Assegurances Seguros Vitalicio

Gestión administrativa / Gestió administrativa Vicenta Doménech

Itinerancia / Itinerància Deu + Un: Iniciatives Culturals, Gil Stauffer.

CATÁLOGO / CATÀLEG

Textos / TextosConcha Baeza - José Vicente Rodríguez - Vicente Sobrino

Revisión de textos / Revisió de textosRicard Triviño

Positivado de fotografias / Positivat de fotografiesJosé Vicente Rodríguez

Traducción al valenciano / Traducció al valenciàUnitat de Normalització Lingüística. Diputació de València

Traducción al inglés / Traducció a l’anglésSimon Stepney S.L.

© de los textos / © dels textosLos autores / Els autors

© de las fotografías / © de les fotografiesLos autores / Els autors

© de la presente edición / © de la present edicióDiputación de Valencia, Valencia 2001 / Diputació de València, València 2001

Diseño / Disseny Plácido Navarro

Fotomecánica / FotomecànicaJemagraf

Depósito legal / Depòsit legalV - 2477 - 2001

Impresión / Impressió Gràfiques Vimar

ISBN: 84 - 7795 - 300 - 7

Presidente de la Diputación / President de la Diputació Fernando Giner Giner

Diputado presidente del Área de Cultura / Diputat president de l’Àrea de CulturaAntonio Lis Darder

Diputado delegado de Asuntos Taurinos / Diputat delegat d’Assumptes Taurins Miguel Tatay Olmos

Director de la Xarxa de Museus de la Diputación de Valencia / Director de la Xarxa de Museus de la Diputació de ValènciaEnrique Pérez Cañamares

Director del Museo Taurino / Director del Museu Taurí Francesc Cabañés Martínez

Toreros en la GaleríaToreros en la Galeria

Del 7 de junio al 16 de septiembre de 2001 / Del 7 de juny al 16 de setembre de 2001

Queremos expresar nuestro agradecimiento a las siguientes personas:

A Enriqueta Moscardó, que nos puso en la mano la punta de este particular ovillo.A Isabel Orellana y a Enrique Pascual, que nos abrieron las puertas de su casa y nos permitieron revisar los cajones donde guardaban lahistoria familiar más íntima.A Ricardo Torres, heredero de tantos recuerdos de su hermano, el matador Enrique Torres, por mostrarnos y prestarnos algunos de ellos.A Francisco Peris Moreno, a Juan de Gracia, Salerito, a Juan Prada, a Ernesto Gamón y a Juan Antonio Ruiz Company, porque contribu-yeron a poner nombre a tantos rostros desconocidos.A Ángel Berlanga, por su ayuda siempre dispuesta y entusiasta.A Rosa Olmedo, Jaime Ferriols y Federico Romero, de la Biblioteca Valenciana, y a José Huguet, por su esmero en conservar la memoriacolectiva.Y a Amparo, Ricardo y Paco, por su confianza.

Volem expressar el nostre agraïment a les persones següents:

A Enriqueta Moscardó, que ens posà a la mà el cap d’este particular cabdell.A Isabel Orellana i a Enrique Pascual, que ens obriren les portes de sa casa i ens permeteren revisar els calaixos on guardaven la històriafamiliar més íntima.A Ricardo Torres, hereu de tants records del seu germà, el matador Enric Torres, per mostrar-nos-en i prestar-nos-en alguns.A Francisco Peris Moreno, a Juan de Gracia, Salerito, a Juan Prada, a Ernesto Gamón i Juan Antonio Ruiz Company, perquè contribuïrena posar nom a tantes cares desconegudes.A Ángel Berlanga, per la seua ajuda sempre disposada i entusiasta.A Rosa Olmedo, Jaime Ferriols i Federico Romero, de la Biblioteca Valenciana, i a José Huguet, per la seua cura a conservar la memòriacol·lectiva.I a Amparo, Ricardo i Paco, per la seua confiança.

7 Presentaciones / Presentacions

12 Salvador Pascual Boldún: retrato de un retratista / Salvador Pascual Boldún: retrat d’un retratistaConcha Baeza - José Vicente Rodríguez.

38 El toreo en los años 20 y 30 / El toreig en els anys 20 i els 30Vicente Sobrino.

50 Toreros en la galería / Toreros en la galeriaConcha Baeza.

52 Rafael Gómez Ortega, el Gallo

56 Rodolfo Gaona y Jiménez

58 Gregorio Taravillo y Amorós, Platerito

60 José Gómez Ortega, Joselito

64 Juan Belmonte

68 Rafael Dutrús, Llapisera

70 Ricardo Anlló, Nacional

72 Manuel Varés, Varelito

76 Ignacio Sánchez Mejías

78 Manuel Jiménez Moreno, Chicuelo

82 Manuel Granero

86 Francisco Vila Marí, Rubio de Valencia

88 José García Carranza, Algabeño

90 Manuel Martínez, el Tigre de Ruzafa

94 Manuel Báez, Litri

96 Ángel Navas, Gallito de Zafra

98 Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma

102 Ramón de la Cruz

104 Francisco Tamarit, Chaves

106 Enrique Torres

110 Vicente Barrera

114 Ángel Celdrán, Carratalá

116 Julián Sacristán Fuentes

118 Julio Bohigues

120 Eduardo Hueso Gilarte, Gordillo

122 Fernando Domínguez Rodríguez

124 Amador Ruiz Toledo

126 José Cerdá San Martín

128 Jaime Pericás

132 English version

ÍndiceÍndex

2 Créditos / Credits

3 Agradecimientos / Agraïments

La dilatada tradición taurina valenciana permite diversasaproximaciones y enfoques. Uno de ellos es, sin duda, el ámbitofotográfico. Gracias a la fotografía podemos recuperar y recordarlos momentos irrepetibles de las grandes tardes de toros. Buenacuenta de ello han dado los fotógrafos valencianos a largo del últi-mo siglo: los Vidal, Santos Yubero, Cano, Derrey, Desfilis, Molines,los Finezas, y un largo número de profesionales que han converti-do hechos fugaces, irrepetibles, en documentos históricos y, enalgunos casos, en obras de arte.

Con la exposición Toreros en la Galería, la Diputación deValencia presenta un enfoque singular de la fotografía taurina —lafotografía de estudio— y recupera el trabajo de un gran fotógrafovalenciano: Salvador Pascual Boldún. Heredero profesional deAntonio García y continuador del estudio que llevaba su nombre,Boldún fotografió a un gran número de toreros. Estos diestros,grandes figuras en unos casos o desconocidos en otros, no duda-ron en acudir a la fotografía preparada, cuidada, en la que la posey la vestimenta resultan fundamentales, para utilizarla como ele-mento de presentación y obsequio para sus incondicionales.

Desde la Diputación, esperamos que esta muestra permitaaproximarse a la obra de este gran profesional valenciano y con-tribuya a enriquecer la imagen de las figuras del toreo de las pri-meras décadas del último siglo.

Fernando Giner GinerPresidente de la Diputación de Valencia

La dilatada tradició taurina valenciana permet diversesaproximacions i enfocs. U d´ells es, sense dubte, l´ambitfotogràfic. Gracies a la fotografia podem recuperar i recordar elsmoments irrepetibles de les grans vespraes de bous. Bona mos-tra d´això han donat els fotografs valencians a lo llarc de l´últimsegle: els Vidal, Santos Yubero, Cano, Derrey, Desfilis, Molines,els Finezas i un llarc número de professionals que han conver-tit fets fugaços, irrepetibles, en documents històrics, i en algunscasos, en obres d´art.

Ab l´exposició Torers en la Galeria, la Diputació de Valènciapresenta un enfoc singular de la fotografia taurina —la fotografiad´estudi— i recupera el treball d´un gran fotograf valencià:Salvador Pascual Boldún. Hereu professional d´Antoni Garcia icontinuador de l´estudi que portava el seu nom, Boldún va foto-grafiar un gran número de torers. Estos mestres, grans figures enuns casos o desconeguts en uns atres, no dubtaren en acudir a lafotografia preparada, cuidada, en la que la pose i la vestimentaresulten fonamentals, per a utilizar-la com a element de presenta-ció i obsequi per als seus incondicionals.

Des de la Diputació, esperem que esta nostra permitixcaaproximar-se a l´obra d´este gran professional valencià i contri-buïxca a enriquir l´image de les figures del toreig de les primeresdecades de l´últim segle.

Fernando Giner GinerPresident de la Diputació de Valéncia

Toreros en la Galería es la segunda muestra de la sala deexposiciones temporales del Museo Taurino. En ella se presentauna pequeña parte de la obra de un fotógrafo, Boldún, que comotantos otros no ha tenido el tratamiento que su trabajo merece. Talvez el hecho de continuar la labor desarrollada por AntonioGarcía, su antecesor profesional y gran fotógrafo valenciano delsiglo XIX, y el hecho de conservar la marca comercial de este últi-mo durante algún tiempo, haya propiciado el desconocimiento desu obra. No obstante, este hecho, lejos de empañar su trayectoria,es el factor que hoy ha permitido que nos podamos aproximar asu perfil, ya que ha sido la búsqueda de la obra de A. García la quenos ha llevado hasta Salvador Pascual Boldún.

Dedicado básicamente al trabajo de estudio, Boldún fue unfotógrafo de personas más que de acontecimientos o personalida-des. No obstante, dada su gran afición a los toros asumió tambiénel papel de retratista de toreros. Por su estudio pasaron en buscade una foto, Barrera Cambra, Belmonte, El Gallo, Joselito,Granero, el Niño de la Palma, Varelito, Sánchez Mejías y un grannúmero de matadores de menor importancia en el ámbito taurino.

Todos ellos, necesitados de una fotografía con la que darsea conocer o repartir entre sus fieles aficionados, fueron inmortali-zados por Boldún y son presentados en esta muestra, realizadagracias a la inestimable colaboración de sus herederos, que espe-ramos que sea del interés de los valencianos.

Antonio Lis DarderDiputado presidente del Área de Cultura

Toreros en la Galeria és la segona mostra de la sala d’expo-sicions temporals del Museu Taurí. En ella es presenta una xico-teta part de l’obra d’un fotògraf, Boldún, que com tants altres noha tingut el tractament que el seu treball mereix. Potser el fet decontinuar la labor desenrotllada per Antoni García, el seu ante-cessor professional i gran fotògraf valencià del segle XIX, i el fetde conservar la marca comercial d’este últim durant alguntemps, haja propiciat el desconeixement de la seua obra. Aixòno obstant, este fet, lluny d’entelar la seua trajectòria, és el fac-tor que hui ha permés que ens puguem aproximar al seu perfil,ja que ha sigut la cerca de l’obra d’A. García la que ens ha dutfins a Salvador Pascual Boldún.

Dedicat bàsicament al treball d’estudi, Boldún va ser unfotògraf de persones més que d’esdeveniments o personalitats.Això no obstant, per la seua gran afició als bous va assumir tambéel paper de retratista de toreros. Pel seu estudi passaren buscantuna foto Barrera Cambra, Belmonte, el Gallo, Joselito, Granero, elNiño de la Palma, Varelito, Sánchez Mejías i una gran quantitat dematadors de menor importància en l’àmbit taurí.

Tots ells, necessitats d’una fotografia amb què donar-se aconéixer o repartir entre els seus fidels aficionats, van ser immor-talitzats per Boldún i són presentats en esta mostra, muntada grà-cies a la inestimable col·laboració dels seus hereus, que esperemque serà de l’interés dels valencians.

Antonio Lis DarderDiputat president de l’Àrea de Cultura

Cuando el pasado mes de marzo inauguramos la sala deexposiciones temporales del Museo Taurino, desde la Xarxa deMuseus nos planteamos iniciar un programa de muestras tempo-rales que abarcara todos los aspectos taurinos, desde los aspectosmás directamente relacionados con la lidia hasta aproximacionesen las que la fiesta se convierte en motivo principal de creacionesartísticas y culturales.

La exposición Toreros en la Galería forma parte de estalínea en la que la creación fotográfica se aproxima al mundo tau-rino. Con ella hemos querido recuperar la fotografía de estudio,género popularizado en las primeras décadas del siglo XX que serevitalizó gracias a la generalización de las técnicas de reproduc-ción. Los toreros, convertidos en estrellas y héroes populares, uti-lizaron este medio como elemento de comunicación y publicidad.Por su parte, los aficionados y seguidores pudieron contar conimágenes de sus ídolos, firmadas en muchos casos, lo que las con-virtió en objetos con una carga simbólica que superaba el valormeramente fotográfico.

La muestra presenta, además de una selección de la obra deSalvador Pascual Boldún, un semblante biográfico de cada uno delos toreros que pasaron por su estudio. Con ella contribuimos nosólo a recuperar la obra de este gran fotógrafo sino que podremosconocer algo más de los matadores de los años veinte y treinta.

Enrique Pérez CañamaresDirector de la Xarxa de Museus

Quan el passat mes de març inauguràrem la sala d’ex-posicions temporals del Museu Taurí, des de la Xarxa deMuseus ens plantejàrem iniciar un programa de mostres tem-porals que abraçaren tots els aspectes taurins, des dels mésdirectament relacionats amb la lídia fins a aproximacions enquè la festa es convertix en motiu principal de creacions artís-tiques i culturals.

L’exposició Toreros en la Galeria forma part d’esta línia enla qual la creació fotogràfica s’aproxima al món taurí. Amb ellahem volgut recuperar la fotografia d’estudi, gènere popularitzaten les primeres dècades del segle XX que es revitalitzà gràcies ala generalització de les tècniques de reproducció. Els toreros,convertit* en estrelles i herois populars, van utilitzar este mitjàcom a element de comunicació i publicitat. Per la seua part, elsaficionats i seguidors van poder tindre imatges dels seus ídols,signades en molts casos, la qual cosa les convertí en objectesamb una càrrega simbòlica que superava el valor meramentfotogràfic.

La mostra presenta, a més d’una selecció de l’obra deSalvador Pascual Boldún, una semblança biogràfica de cada undels toreros que passaren pel seu estudi. Amb ella contribuïm nosols a recuperar l’obra d’este gran fotògraf sinó que podremconéixer alguna cosa més dels matadors dels anys vint i trenta.

Enrique Pérez CañamaresDirector de la Xarxa de Museus

Autorretrato del autor.

Autoretrat de l’autor.

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Salvador Pascual Boldún. Retrato de un retratistaSalvador Pascual Boldún. Retrat d’un retratista

Concha Baeza · J.V. Rodríguez

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Treinta y tantos años después de que desaparecieran el estu-dio de Boldún y el edificio que lo albergaba, y en el curso de unainvestigación que no se centraba en este fotógrafo sino en su pre-decesor, la casualidad nos deparó una agradable sorpresa. Nuestrabúsqueda se desarrollaba en torno a Antonio García, el gran fotó-grafo valenciano del siglo XIX, y fue una nieta de éste, doñaEnriqueta Moscardó, quien nos puso en contacto con los descen-dientes de quien fuera heredero profesional de su brillante abue-lo. Habría sido difícil relacionar a esta familia con los Boldún sinsu ayuda, primero porque este sonoro apellido, tomado de lamadre de Salvador Pascual Boldún, se había perdido, segundoporque el estudio llevaba desaparecido muchos años y tercero,porque no quedaba nadie en la familia dedicado a la fotografía.

Dimos, pues, con doña Isabel Orellana, nuera del primerBoldún y esposa del segundo, y con su hijo, Enrique Pascual. Y,aunque en principio el trabajo parecía llevarnos a un callejón sinsalida, saltó la sorpresa: la venta de todo el material de la antiguaCasa García (incluido el archivo) se había efectuado muchos añosatrás, pero la familia había conservado para sí un pequeño grupode negativos. Entre ellos, varias cajas marcadas como “toreros” yuna más referenciada bajo el título de “Gallo”. Con ellos se abríauna nueva vía de trabajo ajena al que nos había llevado allí. Y estavía la retomamos en cuanto nos fue posible puesto que, si el her-moso trabajo de García había quedado injustamente en la sombradebido al foco imponente de su yerno Joaquín Sorolla, tampoco lahistoria de la fotografía había sido justa con Boldún. Y un corpuscomo éste merecía su presentación al público y un estudio másdetallado tanto del autor como de su obra. Finalmente, a pro-puesta nuestra, la colección ha sido adquirida por la Diputación yahora se encuentra depositada en el Archivo Provincial.

Trenta i tants anys després que desaparegueren l’estudi deBoldún i l’edifici que l’albergava, i en el curs d’una investigacióque no se centrava en aquest fotògraf sinó en el seu predecessor,la casualitat ens deparà una sorpresa agradable. La nostra recer-ca es desenvolupava a l’entorn d’Antoni García, el gran fotògrafvalencià del segle XIX, i fou una néta d’aquest, EnriquetaMoscardó, qui ens posà en contacte amb els descendents de quiva ser hereu professional del seu brillant avi. Hauria sigut difícilrelacionar aquesta família amb els Boldún sense la seua ajuda,primer perquè aquest sonor cognom, pres de la mare de SalvadorPascual Boldún, s’havia perdut, segon perquè l’estudi duia desa-paregut molts anys i tercer perquè no quedava ningú en la famí-lia dedicat a la fotografia.

Trobàrem, doncs, Isabel Orellana, nora del primer Boldúni esposa del segon, i el seu fill, Enrique Pascual. I, encara que enprincipi el treball semblava dur-nos a un atzucac, saltà la sor-presa: la venda de tot el material de l’antiga Casa García (inclòsl’arxiu) s’havia efectuat molts anys abans, però la família haviaconservat un reduït grup de negatius. Entre ells, diverses caixesmarcades com a “toreros” i una de més referenciada sota el títolde “Gallo”. Amb ells s’obria una nova via de treball aliena al queens havia dut allí. I aquesta via la vam reemprendre de seguidaque ens va ser possible, ja que, si el bell treball de García haviaquedat injustament a l’ombra a causa del focus imponent delseu gendre Joaquim Sorolla, tampoc la història de la fotografiahavia sigut justa amb Boldún. I un corpus com aquest mereixiala seua presentació al públic i un estudi més detallat tant del’autor com de la seua obra. Finalment, a proposta nostra, lacol·lecció ha sigut adquirida per la Diputació i ara està deposi-tada en l’Arxiu Provincial.

Una agradable sorpresaUna agradable sorpresa

Los primeros años“Hay un momento psicológico en la vida de los hombres que

determina una reflexiva preocupación por el porvenir, nosotros nosencontramos en ese momento. [...] Hay que pedir puesto en lapelea, hay que conquistar el porvenir; se impone, pues, el efusivoy fraternal abrazo del adiós...” Con esta antigua retórica se despe-día de la vida estudiantil y de sus compañeros de curso LeónGonzález en el texto que sirve como Pórtico a un álbum que, endelicada encuadernación, reúne fotografías y caricaturas de losalumnos que completaron sus estudios de derecho en 1912. Comocada año al final de curso, había llegado la hora de que los despre-ocupados jóvenes se transformaran en hombres de leyes o de nego-cios y en respetables padres de familia. Y entre los miembros de esageneración se encontraba, ya con su característico aspecto flaco,con su perfil anguloso y su gesto de fumador, Salvador PascualBoldún, de Valencia, el mismo que firma al pie de su imagen.

Salvador Pascual Boldún había nacido 26 años antes en estaciudad hijo de Federico Pascual, un hombre acaudalado, y de ElisaBoldún, una hermosa sevillana que, antes que madre de familia,había sido una de las más grandes actrices que la escena españoladiera en la segunda mitad del siglo XIX. Elisa, que debutó en Cádizy en Madrid en 1857 antes de haber cumplido los diez años, fuealumna de Julián Romea (entonces director del conservatorio) y sucompañera de reparto; fue colega también de Rafael Calvo y deVictorino Tamayo; fue la actriz favorita de Echegaray y la mujerpara quien éste escribió algunas de sus obras más famosas; y fuemaestra de la gran María Guerrero quien, durante largos años,demostró su devoción por ella. Pero la Boldún abandonó la esce-na en pleno éxito y, después de haber recorrido toda España y serconsiderada la favorita del público, contrajo matrimonio enValencia, donde vivió hasta su muerte en 1915. Tuvo dos hijos:Elena y el protagonista de estas líneas, Salvador Pascual Boldún.

A juzgar por las fotografías dedicadas por los grandes de laescena a la ex-actriz, por las cariñosísimas notas de Echegaray ypor algunos otros detalles que conserva la familia, la Boldún reti-rada no vivió solo de sus recuerdos, sino que mantuvo contacto

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Els primers anys“Hi ha un moment psicològic en la vida dels homes que

determina una preocupació reflexiva per l’avenir, nosaltres ens tro-bem en aqueix moment [...] Cal demanar lloc en la baralla, calconquistar l’avenir; s’imposa, doncs, l’abraçada efusiva i fraternalde l’adéu...” Amb aquesta retòrica antiga s’acomiadava de la vidaestudiantil i dels seus companys de curs León González en el textque serveix com a Pòrtic a un àlbum que, en delicada enquader-nació, reuneix fotografies i caricatures dels alumnes que comple-taren els seus estudis de dret el 1912. Com cada any al final decurs, havia arribat l’hora que els joves despreocupats es transfor-maren en homes de lleis o de negocis i en respectables pares defamília. I entre els membres d’aqueixa generació es trobava, ja ambel seu característic aspecte prim, amb el seu perfil angulós i el seugest de fumador, Salvador Pascual Boldún, de València, el mateixque signa al peu de la seua imatge.

Salvador Pascual Boldún havia nascut 26 anys abans enaquesta ciutat fill de Frederic Pascual, un home adinerat, i d’ElisaBoldún, una bella sevillana que, abans que mare de família, haviasigut una de les més grans actrius que l’escena espanyola donàen la segona meitat del segle XIX. Elisa, que debutà a Cadis i aMadrid el 1857 abans d’haver complit els deu anys, va ser alum-na de Julián Romea (aleshores director del Conservatori) i la seuacompanya de repartiment; va ser col·lega també de Rafael Calvoi de Victorino Tamayo; fou l’actriu favorita d’Echegaray i la donaper a la qual aquest va escriure algunes de les seues obres mésfamoses; i va ser mestra de la gran María Guerrero, la qual,durant molts anys, demostrà la seua devoció per ella. Però laBoldún abandonà l’escena en ple èxit i, després d’haver recorre-gut tot Espanya i ser considerada la favorita del públic, es vacasar a València, on va viure fins a la seua mort el 1915. Va tin-dre dos fills: Elena i el protagonista d’aquestes línies, SalvadorPascual Boldún. A jutjar per les fotografies dedicades pels gransde l’escena a l’ex actriu, per les afectuosíssimes notesd’Echegaray i per alguns altres detalls que conserva la família, laBoldún retirada no va viure només dels seus records, sinó que

Salvador Pascual Boldún

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durante años con la élite de la escena española, de modo que sushijos debieron de crecer en un ambiente cultural refinado. Estecírculo de amistades nos indica, asimismo, que el joven Salvadortuvo la oportunidad, desde temprano, de acercarse a la fotografíaa través de algunas espléndidas obras. Y es que, si una familia debuena posición económica, como era la de su padre, podía contarcon muy buenos retratos tanto fotográficos como obra de pintores,la presencia de una gran dama del teatro en casa multiplicaba lapresencia de imágenes congeladas por la química. Al alcance de suvista estuvieron los numerosos retratos de la Elisa actriz caracteri-zada en sus mejores papeles, y al alcance de su curiosidad, las mis-mas imágenes tanto en papel fotográfico como reproducidas en

mantingué contacte durant anys amb l’elit de l’escena espanyola,de forma que els seus fills degueren créixer en un ambient cul-tural refinat. Aquest cercle d’amistats ens indica, així mateix, queel jove Salvador tingué l’oportunitat, des de molt prompte, d’a-propar-se a la fotografia a través d’algunes esplèndides obres. I ésque, si una família de bona posició econòmica, com era la de sonpare, podia tindre molt bons retrats tant fotogràfics com obra depintors, la presència d’una gran dama del teatre en casa multi-plicava la quantitat d’imatges congelades per la química. A l’a-bast de la seua vista estigueren els nombrosos retrats de l’Elisaactriu caracteritzada en els seus millors papers, i a l’abast de laseua curiositat, les mateixes imatges tant en paper fotogràfic com

Boldún en unacaricatura de Galván.

Boldún caricaturitzatper Galván.

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forma de grabado en la prensa del espectáculo o formando unnuevo positivo de mayor formato en el que se combinan varias delas fotos individuales. De la misma forma fueron familiares para élimágenes que simplemente tenían buena factura y también retra-tos como los que hizo Kaulak a María Guerrero y Fernando Díazde Mendoza que son auténticas lecciones de fotografía. De modoque Salvador Pascual Boldún creció mientras vivía de cerca esaunión entre el mundo de la escena y de la galería fotográfica sobrela que reflexiona Andrés Peláez en su introducción a El semblantede la escena: “...los forillos de los primeros estudios de fotografía,poses de clientes en tono ‘de composición y acento rebuscado’ queparecen arrancadas de alguna comedia de costumbres. ¿Dónde sepodía encontrar un rostro con mejor ‘máscara’ que la que ofrecíanlos cómicos a los fotógrafos a la hora de estudiar gestos, senti-mientos, expresiones? Ilustrativos son en este sentido los curiosos—ingenuos a veces— catálogos de posibilidades expresivas quelos actores se hacían para mostrar a empresarios, gerentes o direc-tores en busca de contratos”(1).

Naciera el amor de Boldún por la fotografía en su casa o setratara, simplemente, de un pasatiempo propio de hombres adi-nerados puesto de moda con los primeros años del siglo XX, paracuando terminó sus estudios universitarios, el joven Salvador eraun buen aficionado a esta forma de arte y conocedor, como tantosvalencianos, del próspero estudio de García, un Antonio Garcíaque contaba por entonces 77 años de edad. Boldún había visto ensu casa los retratos realizados por el ilustre caballero a sus proge-nitores y es también posible que hubiera comprado material foto-gráfico del que distribuía García en su galería del número 10 de laplaza de Emilio Castelar. Por si ello no fuera suficiente para cono-cerlo, en la primavera de 1912 acudió, como todos sus compañe-ros de promoción, para hacerse un retrato que se debía convertiren un álbum de recuerdos para los antiguos condiscípulos de laUniversidad de Valencia.

Una importante herencia profesionalMuy poco después de ese 1912 en el que sale de las aulas,

Salvador Pascual Boldún entra de lleno en la lucha por el porve-nir, tal y como vaticinó su compañero de estudios al concluir lacarrera de derecho. En 1911, uno de los arquitectos más presti-giosos de la Valencia de aquel entonces, Antonio Martorell, habíaproyectado para él una casa en el número 3 de la calle Pérez Pujol

reproduïdes en forma de gravat en la premsa de l’espectacle oformant un nou positiu de major format en el qual es combinenalgunes de les fotos individuals. De la mateixa forma van serfamiliars per a ell imatges que simplement tenien bona factura itambé retrats com els que va fer Kaulak a María Guerrero iFernando Díaz de Mendoza, que són autèntiques lliçons de foto-grafia. De manera que Salvador Pascual Boldún va créixer men-tre vivia de prop aqueixa unió entre el món de l’escena i el de lagaleria fotogràfica sobre la que reflexiona Andrés Peláez en laseua introducció a El semblante de la escena: “[...] els forillos delsprimers estudis de fotografia, poses de clients en to ‘de compo-sició i accent rebuscat’ que semblen arrancades d’alguna comè-dia de costums. ¿On es podia trobar un rostre amb millor ‘màs-cara’ que la que oferien els còmics als fotògrafs a l’hora d’estu-diar gestos, sentiments, expressions? Il·lustratius són en aquestsentit els curiosos —ingenus a vegades— catàlegs de possibili-tats expressives que els actors es feien per a mostrar a empresa-ris, gerents o directors en cerca de contractes”(1).

Nasquera l’amor de Boldún per la fotografia en sa casa oes tractara, simplement, d’un passatemps propi d’homes adine-rats posat de moda amb els primers anys del segle XX, en aca-bar els seus estudis universitaris el jove Salvador era un bonaficionat a aquesta forma d’art i coneixedor, com tants valen-cians, del pròsper estudi de García, un Antoni García que teniaaleshores 77 anys d’edat. Boldún havia vist en sa casa els retratsrealitzats per l’il·lustre cavaller als seus progenitors i és tambépossible que haguera comprat material fotogràfic del que dis-tribuïa García en la seua galeria del número 10 de la plaçad’Emilio Castelar. Per si això no fóra suficient per a conéixer-lo, en la primavera de 1912 hi va acudir, com tots els seus com-panys de promoció, per a fer-se un retrat que s’havia de con-vertir en un àlbum de records per als antics condeixebles de laUniversitat de València.

Una herència professional importantMolt poc després d’aqueix 1912 en què ix de les aules,

Salvador Pascual Boldún entra de ple en la lluita per l’avenir,tal i com vaticinà el seu company d’estudis en concloure lacarrera de dret. El 1911 un dels arquitectes més prestigiososde la València d’aleshores, Antoni Martorell, havia projectatper a ell una casa en el número 3 del carrer Pérez Pujol i dos

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Elisa Boldún, actriz.

Elisa Boldún, actriu.

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Nota manuscrita de Echegaray.

Nota manuscrita d’Echegaray.

Fotografía dedicada por la actiz MaríaGuerrero a su maestra Elisa Boldún.

Fotografia dedicada per l’actriu MaríaGuerrero a la seua mestra Elisa Boldún.

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y dos años más tarde, en 1913, contrae matrimonio con la hija delcitado arquitecto. Un año más tarde, la pareja tiene su primer yúnico hijo, Fernando Pascual Martorell y también en torno a esasfechas (casi con total seguridad entre los años 1915 y 1916),Salvador se hace con el espléndi-do negocio que García había ini-ciado en 1862 junto a Cebrián.

En este traspaso tiene unpapel relevante Luis Moscardó,abogado también, amigo deSalvador Pascual y yerno de Garcíadesde que en 1897 contrajeramatrimonio con Enriqueta, cuartade los cinco hijos del fotógrafovalenciano. Según las noticiasfamiliares, Moscardó fue el encar-gado de poner en contacto al jovenaficionado con el anciano fotógra-fo quien, viudo, septuagenario yenfermo de diabetes, muy proba-blemente se sentía incapaz de con-tinuar al frente del negocio con lamisma energía y el celo profesionalque había desplegado durante más de cinco décadas y que inclusoen ocasiones, como sucediera en mayo de 1912, le había llevado asuspender viajes “pues no queremos que quede sola la casa en poderde dependientes”(2). Hay que apuntar asimismo que la presencia delmatrimonio Moscardó-García distó mucho de ser anecdótica ydebió de prolongarse en el tiempo a juzgar por detalles como el quefuera esta pareja la encargada de cuidar al unigénito de los Boldún-Martorell mientras el niño pasaba la enfermedad de la escarlatina.

Antonio García había sido un nombre de referencia enValencia y había pasado más de cincuenta años tras las cámaras.Formado en la escuela de Bellas Artes, García hizo en su juventudalgunos trabajos para el teatro (un telón de boca para el Principal,un decorado para Los polvos de la madre Celestina de Hart-zenbuch...), decantándose pronto por la fotografía, una disciplinavanguardista y, al mismo tiempo, despreciada por los artistas quie-nes la consideraban mera técnica. Nos ha dejado constancia de sutrabajo como auténtico maestro de la luz y la composición, traba-jando el retrato con maestría; como vindicador de una historia

anys més tard, el 1913, es casa amb la filla del citat arquitec-te. Un any més tard la parella té el seu primer i únic fill, FerranPascual Martorell, i també al voltant d’aqueixes dates (quasiamb total seguretat entre els anys 1915 i 1916), Salvador es fa

amb l’esplèndid negoci queGarcía havia iniciat el 1862 ambCebrián.

En aquest traspàs té unpaper rellevant Lluís Moscardó,advocat també, amic de SalvadorPascual i gendre de García d’ençàque el 1897 es casara ambEnriqueta, quarta dels cinc fills delfotògraf valencià. Segons les notí-cies familiars, Moscardó va serl’encarregat de posar en contacteel jove aficionat amb el vell fotò-graf el qual, vidu, septuagenari imalalt de diabetis, molt probable-ment se sentia incapaç de conti-nuar al davant del negoci amb lamateixa energia i el zel professio-nal que havia desenrotllat durant

més de cinc dècades i que fins i tot en ocasions, com s’esdevinguéel maig de 1912, l’havia dut a suspendre viatges “ja que no volemque quede sola la casa en poder de dependents”(2). Cal apuntaraixí mateix que la presència del matrimoni Moscardó-García distàmolt de ser anecdòtica i degué prolongar-se en el temps a jutjarper detalls com el que fóra aquesta parella l’encarregada de tindrecura del fill dels Boldún-Martorell mentre el xiquet passava lamalaltia de l’escarlatina.

Antoni García havia sigut un home de referència a Valènciai havia passat més de cinquanta anys rere les càmeres. Format enl’Escola de Belles Arts, García va fer en la seua joventut algunstreballs per al teatre (un teló de boca per al Principal, un deco-rat per a Los polvos de la madre Celestina de Hartzenbuch...), peròes decantà prompte per la fotografia, una disciplina avantguar-dista i, alhora, menyspreada pels artistes, els quals la considera-ven mera tècnica. Ens ha deixat constància del seu treball com aautèntic mestre de la llum i de la composició, que treballà elretrat amb mestria; com a vindicador d’una història valenciana

valenciana ajena al costumbrismo, dio fe de la hermosura y gran-diosidad de los monumentos históricos de la ciudad; como hombreinquieto, salió a la calle para registraracontecimientos sociales de relevancia;y, por si ello no fuera suficiente, vendiócámaras y accesorios fotográficos, publi-có postales, ilustró libros, aportó mate-rial de la calle a los periódicos y, todoello, con tan magnífico sentido comer-cial, que hizo de su estudio un excelen-te negocio. Así que Salvador PascualBoldún tuvo en su mano una dura tarea:continuar tanto el aspecto comercialcomo la labor profesional de quienhabía sido, probablemente, el mejorfotógrafo valenciano del siglo XIX. Perolas circunstancias habían cambiadonotablemente con el paso de los años ynada de lo que él hiciera podía ser igualal trabajo de su ilustre predecesor.

Antonio García inició su carreraprofesional 23 años después de lapresentación del daguerrotipo enEspaña, o sea, en un momento en elque la fotografía dejaba de ser unacuriosidad científica practicada porextranjeros (fundamentalmente fran-ceses), para convertirse en un pro-ducto de consumo, obra de manoslocales. Además, a medida que avan-zaban los años y las novedades técnicas abarataban el coste finaldel retrato, éste llegaba a capas sociales cada vez más bajas. Demodo que, cuando Boldún asumió la responsabilidad de CasaGarcía, los estudios fotográficos habían proliferado notablemen-te en Valencia, dando paso a una nueva generación de retratis-tas, y prácticamente cualquier persona podía costearse un retra-to. A esa democratización de la fotografía había que añadir otracircunstancia, y es que la sociedad entera estaba dando sus pri-meros pasos dentro de lo que hoy llamamos la civilización de laimagen: si durante el siglo XIX la fotografía se había ocupado demultiplicar la presencia de la imagen en la vida cotidiana, a par-

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aliena al costumisme, donà fe de la bellesa i la grandiositat delsmonuments històrics de la ciutat; com a home inquiet, va eixir

al carrer per a registrar esdevenimentssocials de rellevància; i, per si això nofóra suficient, va vendre càmeres iaccessoris fotogràfics, publicà postals,il·lustrà llibres, aportà material delcarrer als periòdics i, tot això, ambtan magnífic sentit comercial, que vafer del seu estudi un negociexcel·lent. Així que Salvador PascualBoldún tingué en la seua mà una duratasca: continuar tant l’aspecte comer-cial com la labor professional de quihavia sigut, probablement, el millorfotògraf valencià del segle XIX. Però lescirc*mstàncies havien canviat nota-blement amb el pas dels anys i res delque ell féra podia ser igual al treballdel seu il·lustre predecessor.

Antoni García inicià la seuacarrera professional vint-i-tres anysdesprés de la presentació del daguerro-tip a Espanya, és a dir, en un momenten el qual la fotografia deixava de seruna curiositat científica practicadaper estrangers (fonamentalmentfrancesos), per a convertir-se en unproducte de consum, obra de manslocals. A més, a mesura que avança-

ven els anys i les novetats tècniques abaratien el cost final delretrat, aquest arribava a capes socials cada vegada més baixes.De manera que, quan Boldún assumí la responsabilitat de CasaGarcía, els estudis fotogràfics havien proliferat notablement aValència, i s’havia donat pas a una nova generació de retratis-tes, i pràcticament qualsevol persona podia costejar-se unretrat. A aqueixa democratització de la fotografia calia afegiruna altra circ*mstància, i és que la societat sencera estavadonant les seues primeres passes dins del que avui anomenemla civilització de la imatge: si durant el segle XIX la fotografias’havia ocupat de multiplicar la presència de la imatge en la

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Grupo de chicas de servicio.

Grup de xiques de servici.

Félix Defauce.

Félix Defauce.

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tir del cambio de centuria se produce una nueva revoluciónpotenciada por los medios mecánicos de reproducción. Primero(durante la primera década del siglo XX) fueron las postales, loscromos y, casi simultáneamente, las revistas ilustradas las quehicieron esta labor. Y por fin, en los años veinte, con la explo-sión de las revistas fotográficas, la imagen se convertirá en laauténtica protagonista, sustituyendo a la palabra en los mediosde información más populares: en mayo de 1920 nace la pri-mera de estas revistas publicada en Valencia y que lleva el reve-lador título de Instantáneas. Tras ella el público se encontrarácon sucesivos ejemplos: el semanario de espectáculo y deporteValencia artística en 1923, Vida cinematográfica en 1925 o laRevista Ilustrada Semanal en 1926(3). Evidentemente, una situa-ción como la que comentamos requiere de una cierta especiali-zación, pues el fotógrafo no puede atender simultáneamente lasnecesidades de la clientela que entra por la puerta de su esta-blecimiento y las de la prensa.

Este es, pues, el panorama profesional con que se encuentraBoldún en el inicio de su carrera, a las puertas de una nueva era y,consciente o no de los cambios que están sucediendo en el cora-zón de su profesión, Boldún se plantea la siguiente fórmula: aban-donar la parte del trabajo que había desarrollado García en la calley, centrado en el retrato de estudio, intentar rentabilizar al máxi-mo esa parte del negocio.

El primer paso que tiene que dar Boldún es poner nombre ala galería, para lo cual opta por mantener el apellido de su predece-sor, anunciándose como Casa García (lo que no impide, ocasional-mente, encontrar sus trabajos en los cartones del antiguo dueño sinla palabra “Casa”). Esta continuidad en el nombre pudo haber suce-dido a instancias del propio anciano, aunque parece más probableque Boldún quisiera aprovechar el tirón comercial de la marca, almenos mientras su personalidad como fotógrafo se afianzaba. Conel paso del tiempo, el nuevo titular de la tienda pasa a poner, bajola inscripción de “Casa García”, un pequeño “S. Pascual Boldún”. Elnombre del heredero sufre nuevas transformaciones, convirtiéndo-se en un “S.P. Boldún” cuya importancia tipográfica crece segúnavanzan los años. Finalmente, en el membrete de su papelería apa-rece la fórmula de “Fotografía Boldún. Antigua Casa García” y, en lospositivos, un sello seco que sigue esta tendencia y que se convierteen la marca de la casa. Ahora bien, aunque pierde el nombre y suprimer apellido, Boldún añade el nombre de García en la inmensa

vida quotidiana, a partir del canvi de centúria es produeix unanova revolució potenciada pels mitjans mecànics de reproduc-ció. Primer (durant la primera dècada del segle XX) van ser lespostals, els cromos i, quasi simultàniament, les revistes il·lus-trades les que feren aquesta labor. I per fi, en els anys vint,amb l’explosió de les revistes fotogràfiques, la imatge es con-vertirà en l’autèntica protagonista i substituirà la paraula en elsmitjans d’informació més populars: el maig de 1920 naix laprimera d’aquestes revistes publicades a València i que du eltítol revelador d’Instantáneas. Després d’ella el públic es trobaràamb successius exemples: el setmanari d’espectacle i esportValencia artística el 1923, Vida cinematográfica el 1925 o laRevista Ilustrada Semanal el 1926(3). Evidentment, una situaciócom la que comentem requereix una certa especialització, jaque el fotògraf no pot atendre simultàniament les necessitatsde la clientela que entra per la porta del seu establiment i lesde la premsa.

Aquest és, doncs, el panorama professional amb què estroba Boldún en l’inici de la seua carrera, a les portes d’una novaera i, conscient o no dels canvis que estan succeint en el cor dela seua professió, Boldún es planteja la fórmula següent: aban-donar la part del treball que havia desenvolupat García en elcarrer i, centrat en el retrat d’estudi, intentar rendibilitzar almàxim aqueixa part del negoci.

La primera passa que ha de donar Boldún és posar nom a lagaleria, per a la qual cosa opta per mantindre el cognom del seupredecessor i anunciar-se com a Casa García (la qual cosa noimpedeix, ocasionalment, trobar els seus treballs en els cartons del’antic amo sense la paraula “Casa”). Aquesta continuïtat en el nompogué haver succeït a instàncies del vell mateix, encara que sem-bla més probable que Boldún volguera aprofitar la tirada comer-cial de la marca, almenys mentre la seua personalitat com a fotò-graf s’afermava. Amb el pas del temps, el nou titular de la botigapassa a posar, sota la inscripció de “Casa García”, un diminut “S.Pascual Boldún”. El nom de l’hereu pateix noves transformacionsi es converteix en un “S.P. Boldún”, la importància tipogràfica delqual creix segons avancen els anys. Finalment, en la capçalera dela seua papereria apareix la fórmula “Fotografía Boldún. AntiguaCasa García” i, en els positius, un segell sec que segueix aquestatendència i que es converteix en la marca de la casa. Ara bé, enca-ra que perd el nom i el primer cognom, Boldún afegeix el nom de

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Salvador Pascual Boldún con suhijo Fernando.

Salvador Pascual Boldún amb elseu fill Ferran.

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Fernando Pascual, el segundo de los fotógrafos de la familia.

Ferran Pascual, el segon dels fotògrafs de la família.

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mayoría de sus obras, si bien es cierto que hemos confirmado lapresencia de algún sello seco en el que ha desaparecido el apellidode García. En cualquier caso, Boldún utiliza durante años su anti-güedad como un importante argumento comercial. Tenemos comoejemplo una hoja promocional sobre retratos de comunión quedata, al menos, de 1939. En ella, además de recomendar este tipode recordatorios porque son “más económicos que las estampas reli-giosas, constituyendo el mejor recuerdo de dicho acto”, anuncia que“podemos competir en calidad y precios, ya que nuestra antigüedaden el negocio nos proporciona una experiencia única”.

Por lo que respecta a los géneros fotográficos, Boldún secentró únicamente en el retrato de estudio. Por la galería de laplaza de Emilio Castelar, luego del Caudillo, pasaron personajescomo los actores Pepe Alba o Félix Defauce, el general Aranda, lalarga lista de personajes del mundo del toro que ahora nos ocupae ilustres representantes de la política o las artes en esta ciudad.Pero el grueso de su trabajo consistió, no en el retrato de perso-najes, sino en el de personas. Labradores o soldados, parejas conel traje de boda o niños de primera comunión, el número de anó-nimos ciudadanos que pasó por su estudio debió de ser alto, yaque la galería fotográfica permaneció abierta hasta los años 60.Hasta el 52, estuvo regentada por el primer Boldún, y desde esafecha, por su hijo, Fernando Pascual, quien mantuvo el apellidode su abuela como marca de la casa. La precaria salud de éste últi-mo y el derribo del edificio en el que se encontraba el estudioinvitaron a la familia a liquidar el negocio y vender prácticamen-te todo su contenido.

Una aficiónDesde la realeza hasta los estratos más populares de la socie-

dad, y desde los simples propietarios de terrenos o tiendas hasta laaristocracia, la sociedad que sale del desastre de 1898 es aficiona-da, en pleno, a los toros. Esta afición, prolongada durante algunasdécadas y alimentada por la presencia en los ruedos de eso que seha llamado después las edades de oro y plata del toreo, tambiénhabía de ejercer atracción sobre Boldún quien, como hombre adi-nerado que era, no solía faltar a las grandes corridas en las quetenía una localidad fija en barrera.

Pero eso no es todo, su relación con el mundo de los torosse prolongaba muy cerca de él, pues en los bajos de su propia casade la calle de Pérez Pujol número 3 y con entrada por la calle de

García en la immensa majoria de les seues obres, si bé és cert quehem confirmat la presència d’algun segell sec en el qual ha desa-paregut el cognom de García. En qualsevol cas, Boldún utilitzadurant anys la seua antiguitat com un important argument comer-cial. Tenim com a exemple un full promocional sobre retrats decomunió que data, almenys, de 1939. En ella, a més de recomanaraquest tipus de recordatoris perquè són “més econòmics que lesestampes religioses i constitueixen el millor record d’aquest acte”,anuncia que “podem competir en qualitat i preus, ja que la nostraantiguitat en el negoci ens proporciona una experiència única”.

Pel que fa als gèneres fotogràfics, Boldún se centrà única-ment en el retrat d’estudi. Per la galeria de la plaça d’EmilioCastelar, després del Caudillo, passaren personatges com elsactors Pepe Alba o Félix Defauce, el general Aranda, la llargallista de personatges del món del bou que ara ens ocupa i il·lus-tres representants de la política o les arts en aquesta ciutat. Peròel gruix del seu treball consistí, no en el retrat de personatges,sinó en el de persones. Llauradors o soldats, parelles amb el ves-tit de boda o xiquets de primera comunió, la quantitat de ciuta-dans anònims que passà pel seu estudi degué ser alta, ja que lagaleria fotogràfica estigué oberta fins als anys seixanta. Fins al1952, estigué regentada pel primer Boldún, i des d’aqueixa data,pel seu fill, Ferran Pascual, el qual mantingué el cognom de laseua àvia com a marca de la casa. La precària salut d’aquestúltim i l’enderrocament de l’edifici en el qual es trobava l’estudiinvitaren la família a liquidar el negoci i vendre pràcticament totel seu contingut.

Una aficióDes de la reialesa fins als estrats més populars de la societat,

i des dels simples propietaris de terrenys o botigues fins a l’aris-tocràcia, la societat que ix del desastre de 1898 és aficionada, enple, als bous. Aquesta afició, prolongada durant algunes dècades ialimentada per la presència en les places d’això que s’ha anomenatdesprés les edats d’or i d’argent del toreig, també havia d’exerciratracció sobre Boldún, el qual, com a home adinerat que era, nosolia faltar a les grans corregudes en les quals tenia una localitatfixa en barrera.

Però això no és tot, la seua relació amb el món dels bous esprolongava molt prop d’ell, ja que en els baixos de sa casa delcarrer de Pérez Pujol número 3 i amb entrada pel carrer de

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Correos, tuvo su sede social la famosísima peña El Gallinero, dedi-cada a los hermanos Rafael y José Gómez, o sea, el Gallo y Gallitoo Joselito. La peña mantuvo este local como sede social hasta bienentrados los años 70, fecha en la que tenía como nombre oficialSociedad Recreativa La Peña.

¿Basta esta afición para justificar la presencia de maestros ensu galería y la acumulación de fotografías de toreros en su archivo?Probablemente sí, sobre todo si añadimos a esta afición la democra-tización de la fotografía (fenómeno citado arriba) y una tradiciónmás o menos sólida existente de forma previa en el estudio y quehabía sido introducida en forma de placas por Antonio García. Deeste autor se conservan varios positivos de una corrida datados hacia1883, imágenes de la corrida patriótica de 1898 y retratos de estu-dio de espadas tan ilustres como Frascuelo. No es de extrañar queeste cúmulo de circunstancias convirtieran la galería de Boldún encita obligada para una generación de toreros.

Correus, tingué la seu social la famosíssima penya El Galliner,dedicada als germans Rafael i José Gómez, és a dir el Gallo i Gallitoo Joselito. La penya mantingué aquest local com a seu social fins aben entrats els anys setanta, data en què tenia com a nom oficialSociedad Recreativa La Peña.

¿Basta aquesta afició per a justificar la presència de mestresen la seua galeria i l’acumulació de fotografies de toreros en el seuarxiu? Probablement sí, sobretot si afegim a aquesta afició lademocratització de la fotografia (fenomen citat abans) i una tradi-ció més o menys sòlida existent de forma prèvia en l’estudi i quehavia sigut introduïda en forma de plaques per Antoni García.D’aquest autor es conserven diversos positius d’una corregudadatats cap a 1883, imatges de la correguda patriòtica de 1898 iretrats d’estudi d’espases tan il·lustres com Frascuelo. No és d’es-tranyar que aquest cúmul de circ*mstàncies convertiren la galeriade Boldún en cita obligada per a una generació de toreros.

Trasera de un retrato realizado en el estudio de Boldún.

Part de darrere d’un retrat realitzat en l’estudi de Boldún.

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Hoja promocional del estudiofotográfico.

Full promocional de l’estudi fotogràfic.

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Soporte, identificación, conservación y cronologíaLa colección de retratos taurinos conservada por los here-

deros de Boldún está formada por más de 250 negativos que seencontraban almacenados en ocho cajas de cartón que en su épocaestuvieron destinadas a contener material fotográfico. Una de ellasestá marcada como “Gallo”, dos más como “Toreros” y el restotiene registros numéricos que en otro tiempo debieron servir parasu localización en el archivo del fotógrafo. El contenido de la pri-mera es, evidentemente, un grupo de fotografías de Rafael Gómez,en un amplio reportaje realizado en el estudio y que cuenta inclu-so con un curioso decorado taurino (barrera incluida); en esamisma caja se encontró también un negativo de su hermano José.En el resto de los contenedores se encontraban mezclados dife-rentes protagonistas de la fiesta y la única ordenación que presen-taban es una tendencia (no siempre respetada) a agrupar las pla-cas de vidrio y las de material plástico.

Otra curiosidad que presentan algunas imágenes, es que elnegativo está firmado por el protagonista, a modo de autógrafopermanente. Hablamos, concretamente, de fotos de Joselito, deGaona y de Belmonte. En todos estos casos, la firma está hechasobre la emulsión.

Al margen de las fotografías del Gallo y de estas últimasfirmadas, el resto de las placas se encuentra sin ningún tipo deidentificación, de modo que la tarea de localizar a los protago-nistas no ha sido, desde luego, sencilla. Evidentemente, hayaquí rostros tan famosos que pertenecen a la memoria colectiva,rostros de identificación relativamente fácil e incluso otros quehablan a través de los rasgos de sus hijos o nietos toreros. Ladificultad se ha multiplicado con espadas que tuvieron una tra-yectoria mediana o en aquellos cuyo paso por los ruedos fue efí-mero. Y aún hay algunos más cuyo nombre queda pendientehasta que algún otro investigador (o un familiar, o la casualidad,por qué no) lo saquen a la luz.

En cuanto al estado que presenta la colección en la actuali-dad, tiene una relación directa con la base utilizada y con la mani-pulación sufrida a través de los años. Así podemos comprobar que

Suport, identificació, conservació i cronologiaLa col·lecció de retrats taurins conservada pels hereus de

Boldún està formada per més de 250 negatius que es trobavenemmagatzemats en 8 caixes de cartó que en la seua època esti-gueren destinades a contindre material fotogràfic. Una d’ellesestà marcada com a “Gallo”, dues més com a “Toreros” i la restaté registres numèrics que en altre temps degueren servir per a laseua localització en l’arxiu del fotògraf. El contingut de la pri-mera és, evidentment, un grup de fotografies de Rafael Gómez,en un ampli reportatge realitzat en l’estudi i que té fins i tot uncuriós decorat taurí (barrera inclosa); en aqueixa mateixa caixaes trobà també un negatiu del seu germà José. En la resta delscontenidors es trobaven mesclats diferents protagonistes de lafesta i l’única ordenació que presentaven és una tendència (nosempre respectada) a agrupar les plaques de vidre i les de mate-rial plàstic.

Una altra curiositat que presenten algunes imatges ésque el negatiu està signat pel protagonista, en forma d’autògrafpermanent. Parlem, concretament, de fotos de Joselito, deGaona i de Belmonte. En tots aquests casos, la signatura estàfeta sobre l’emulsió.

Al marge de les fotografies del Gallo i d’aquestes últimessignades, la resta de les plaques es troba sense cap tipus d’iden-tificació, de manera que la labor de localitzar-ne els protagonis-tes no ha sigut, és clar, senzilla. Evidentment, hi ha ací rostrestan famosos que pertanyen a la memòria col·lectiva, rostres d’i-dentificació relativament fàcil i fins i tot uns altres que parlen através dels trets dels seus fills o néts toreros. La dificultat s’hamultiplicat amb espases que tingueren una trajectòria mitjana oamb aquells el pas per les places dels quals va ser efímer. I enca-ra hi ha alguns més el nom dels quals queda pendent fins quealgun altre investigador (o un familiar, o la casualitat, per quèno) els traga a la llum.

Quant a l’estat que presenta la col·lecció en l’actualitat, téuna relació directa amb la base utilitzada i amb la manipulaciópatida a través dels anys. Així podem comprovar que les plaques

La colección La col·lecció

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las placas de vidrio (consideradas a priori como más frágiles y, porello, seguramente fueron mejor transportadas y almacenadas) hanresistido generalmente bien el paso del tiempo, si dejamos al mar-gen los lógicos y casi inevitables raspones en la emulsión. En cam-bio los negativos de material plástico han sufrido más, parece quedebido a cambios de temperatura bruscos o calor excesivo. Enestos casos, la placa base se presenta en ocasiones deformada,mostrando el centro contraído y el perímetro rizado; por lo querespecta a la emulsión, aquí aparece a veces con daños físicos(rayas, etc.) pero en otros casos se trata de pérdidas parciales dematerial y, en los peores casos, la emulsión se ha convertido en unaespecie de pegamento que ha unido unas placas con otras, hacien-do imposible su recuperación sin contar con profesionales espe-cializados en la restauración de este tipo de materiales químicos.Afortunadamente, el número de fotografías deterioradas hasta eselímite es pequeño.

Por lo que respecta a la cronología de las imágenes, y unavez finalizada la identificación de los toreros, ésta ha venido dadamayoritariamente por la propia peripecia vital de los protagonistas(las fechas de sus triunfos, sus corridas en Valencia, etc.) aunquetambién han aportado algunos datos los positivos de época dedi-cados por los propios diestros, los carteles anunciantes de algunascorridas que utilizaron la misma fotografía o su publicación enprensa. Todo ello nos lleva, en la mayor parte de los casos, a ladécada de los veinte del siglo pasado, si bien algunos traspasanestos límites cronológicos por uno u otro extremo, llegando, porun lado hasta los años 15 ó 16 y por el otro hasta el 34 o inclusoel 36. En cualquier caso nos encontramos en el centro de lo quehoy se llama las edades de oro y plata del toreo.

Negativo contra positivoUn detalle más que se aprecia en los negativos es la pre-

sencia de un par de señales en la mayor parte de ellos: son doslíneas, una vertical y otra horizontal, siempre localizadas en lazona superior izquierda del negativo. Basta con mirar los positi-vos de la época para comprobar que tales señales son, en realidad,las coordenadas utilizadas por Boldún y su equipo para el encua-dre definitivo de la fotografía. Y es que las placas de 13 x 18 cmque servían como negativo superaban las dimensiones del positi-vo tipo tarjeta postal (de 9 x 13 cm), que era del que más copiasdebían servirse y que, evidentemente, se reproducía por contac-

de vidre (considerades a priori com a més fràgils i, per això, segu-rament van ser millor transportades i emmagatzemades) hanresistit generalment bé el pas del temps, si deixem al marge leslògiques i quasi inevitables raspadures en l’emulsió. En canvi elsnegatius de material plàstic han patit més, sembla que a causadels canvis de temperatura bruscs o a la calor excessiva. Enaquests casos, la placa base es presenta en ocasions deformada imostra el centre contret i el perímetre arrissat; pel que fa a l’e-mulsió, ací apareix a vegades amb danys físics (ratlles, etcètera),però en altres casos es tracta de pèrdues parcials de material i, enels pitjors casos, l’emulsió s’ha convertit en una mena de gomad’enganxar que ha unit unes plaques amb altres, la qual cosa faimpossible la seua recuperació sense comptar amb professionalsespecialitzats en la restauració d’aquest tipus de materials quí-mics. Afortunadament, la quantitat de fotografies deterioradesfins a aqueix límit no és molt gran.

Pel que fa a la cronologia de les imatges, i una vegada fina-litzada la identificació dels toreros, aquesta ha vingut donadamajoritàriament per la peripècia vital dels protagonistes (lesdates dels seus èxits, les seues corregudes a València, etcètera),encara que també han aportat algunes dades els positius d’èpocadedicats pels destres mateixos, els cartells anunciadors d’algunescorregudes que utilitzaren la mateixa fotografia o la seua publi-cació en la premsa. Tot això ens du, en la major part dels casos,a la dècada dels vint del segle passat, si bé alguns ultrapassenaquests límits cronològics per un extrem o per un altre i arriben,per un costat fins als anys 15 o 16, i per l’altre fins al 34 o fins itot el 36. En qualsevol cas ens trobem al centre del que avui s’a-nomena les edats d’or i d’argent del toreig.

Negatiu contra positiuUn detall més que s’aprecia en els negatius és la presència

d’un parell de senyals en la major part d’ells: són dues línies, unade vertical i una altra d’horitzontal, sempre localitzades en la zonasuperior esquerra del negatiu. Basta amb mirar els positius de l’è-poca per a comprovar que tals senyals són, en realitat, les coor-denades utilitzades per Boldún i el seu equip per a l’enquadra-ment definitiu de la fotografia. I és que les plaques de 13 x 18 cmque servien com a negatiu superaven les dimensions del positiutipus targeta postal (de 9 x 13 cm), que era del que més còpiesdevien servir-se i que, evidentment, es reproduïa per contacte.

to. Así que el fotógrafo, a la hora de disparar, debía contar conello y dejaba un fondo de mayor amplitud con la certeza de queéste iba a ser eliminado posteriormente. Pruebas de que estesegundo encuadre hecho enel laboratorio es el deseadopor el artista las tenemos,por un lado, en que las seña-les antes citadas servían tam-bién de guía en positivos demucho mayor tamaño, y porotro, en el aspecto que ofre-cen algunas fotografíasdonde se pueden advertir,por así decirlo, los trucos deloficio: el fondo sin fin, elfinal de la emulsión, etc...

Ante estas circunstan-cias y a la hora de mostrarel trabajo de Boldún, tení-amos dos opciones: repro-ducir el aspecto completodel negativo o seguir lasguías marcadas por elautor. Dado que teníamosestas últimas en la mayorparte de los casos, no pare-cía demasiado razonableinsistir en dar una imagenque, evidentemente, no es laque el autor tenía en mente.Además estas fotografíaspodrían dar una sensación deque nos encontramos ante unretratista de escasa profesio-nalidad, cuando lo cierto esque se trata de un fotógrafoque trabajó en unas ocasio-nes con mayor profundidadque en otras, pero que mos-tró una corrección siemprefuera de toda duda.

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Així que el fotògraf, a l’hora de disparar, havia de comptar ambaixò i deixava un fons de major amplitud amb la seguretat queaquest seria eliminat posteriorment. Proves que aquest segon

enquadrament fet en ellaboratori és el desitjat perl’artista les tenim, d’un cos-tat, en el fet que els senyalsabans citats servien tambéde guia en positius de moltamés grandària, i d’un altre,en l’aspecte que ofereixenalgunes fotografies on espoden advertir, per dir-hoaixí, els trucs de l’ofici: elfons sense fi, el final de l’e-mulsió, etcètera.

Davant d’aquestes cir-c*mstàncies i a l’hora demostrar el treball de Bol-dún, teníem dues opcions:reproduir l’aspecte completdel negatiu o seguir lesguies marcades per l’autor.Ja que teníem aquestes últi-mes en la major part delscasos, no semblava massaraonable insistir a donaruna imatge que, evident-ment, no és la que l’autortenia en ment. A més aques-tes fotografies podriendonar una sensació que enstrobem davant d’un retratis-ta d’escassa professionalitat,quan la realitat és que estracta d’un fotògraf que tre-ballà en unes ocasions ambmajor profunditat que enunes altres, però que mostràuna correcció sempre forade tot dubte.

Totalidad de la superficie de un negativo tal y como lo tomabaBoldún para reencuadrar durante el positivado.

Totalitat de la superfície d’un negatiu tal i com el prenia Boldún pera reenquadrar durant el positivat.

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Ya hemos comentado arriba que, en el cambio de centuria,se produce un importante renacer de la fiesta de los toros y en él—ahora más que nunca— el matador se convierte en el auténticoprotagonista, pasando a ser un héroe popular. Y al servicio de estepueblo se ponen ahora la fotografía y las técnicas de reproducciónde imágenes. Para el gran público aficionado se producen revistas,postales, cromos, cajas de cerillas... De esta forma, los rasgos delos grandes matadores pasan a convertirse en rostros familiares yreconocibles y se instalan en la memoria colectiva (un lugar al quesólo los reyes y gobernantes habían tenido acceso durante siglosgracias a la moneda). Así, en los carteles taurinos empiezan aencontrarse algunos retratos en la segunda mitad del XIX pero esen los primeros años del siglo XX cuando se “acrecienta notable-mente el uso de fotograbados de los diestros en el cartel comopublicidad personal”(4). El fenómeno sucede con una rapidez yeficacia tan extraordinarias que, si en los años 1900 y 1908 Sol ySombra había puesto a la venta una colección de postales con imá-genes de los diestros más importantes, muy poco después, en1916, Toros y Toreros informa de la contratación de San Isidro uti-lizando tan sólo retratos(5). El público ya no necesita los nombresde los grandes diestros. Es el signo de los nuevos tiempos. Si mira-mos, pues, en una dirección, podemos afirmar que las imágenessirven para que el pueblo conozca de cerca a su héroe y puedasaciar su curiosidad. Si miramos en el otro sentido, el retrato foto-gráfico repetido cientos de veces entra a formar parte del recono-cimiento como los trajes de buen corte, los dijes y la cohorte depedigüeños: riesgo a cambio de aplauso; sudor y cornadas a cam-bio de dinero y fama.

Sin embargo, lo que había comenzado siendo parte del éxitoacaba por convertirse en necesidad para cualquier aspirante a figu-ra. La fiebre de lo taurino hace que los canales de distribución deimágenes se multipliquen y, en poco tiempo, la página de la revis-ta, el cartel o el cromo están en blanco a la espera de imprimir losrostros de los nuevos toreros. Al público se le siguen sirviendo lasimágenes de las grandes estrellas, pero a ellas se les unen tambiénlas de los matadores de segunda fila y las de los jóvenes que prue-

Ja hem comentat abans que, en el canvi de centúria, esprodueix un renaixement important de la festa dels bous i enell —ara més que mai— el matador es converteix en el prota-gonista autèntic i passa a ser un heroi popular. I al servici d’a-quest poble es posen ara la fotografia i les tècniques de repro-ducció d’imatges. Per al gran públic aficionat es produeixenrevistes, postals, cromos, capses de mistos... D’aquesta forma,els trets dels grans matadors passen a convertir-se en rostresfamiliars i reconeixibles i s’instal·len en la memòria col·lectiva(un lloc al qual només els reis i els governants havien tingutaccés durant segles gràcies a la moneda). Així, en els cartellstaurins comencen a trobar-se alguns retrats en la segona meitatdel segle XIX, però és en els primers anys del segle XX quan “seacrecienta notablemente el uso de fotograbados de los diestrosen el cartel como publicidad personal”(4). El fenomen succeeixamb una rapidesa i una eficàcia tan extraordinàries que, si enels anys 1900 i 1908 Sol y Sombra havia posat a la venda unacol·lecció de postals amb imatges dels destres més importants,molt poc després, el 1916, Toros y Toreros informa de la con-tractació de Sant Isidre utilitzant només retrats(5). El públic jano necessita els noms dels grans destres. És el signe dels noustemps. Si mirem, doncs, en una direcció, podem afirmar queles imatges serveixen perquè el poble conega de prop el seuheroi i puga sadollar la seua curiositat. Si mirem en l’altre sen-tit, el retrat fotogràfic repetit centenars de vegades entra a for-mar part del reconeixement com els vestit* de bon tall, els pen-jolls i la cohort de pidolaires: risc a canvi d’aplaudiment; suori cornades a canvi de diners i fama.

Tanmateix, el que havia començat sent part de l’èxit acabaper convertir-se en necessitat per a qualsevol aspirant a figura.La febre de la tauromàquia fa que els canals de distribució d’i-matges es multipliquen i, en poc de temps, la pàgina de la revis-ta, el cartell o el cromo estan en blanc a l’espera d’imprimir elsrostres dels nous toreros. Continuen servint-se al públic lesimatges de les grans estrelles, però s’uneixen també a elles lesdels matadors de segona fila i les dels joves que proven sort. És

Usos y significación de estas fotografías Usos i significació d’aquestes fotografies

ban suerte. Es ahora cuando el chaval que quiere ser matador nosólo necesita un vestido de luces, un estoque y una montera conlos que saltar a la arena, sino una fotografía con su extraordinariouniforme, una imagen que demuestre su oficio, un retrato con elque presentarse en los papeles.

Ante este cambio social podemos comprender por qué elviejo García había tenido oportunidad de fotografiar a diferentestoreros triunfadores y en cambio, unos años más tarde, su sucesor,retrató a los grandes, pero también a los mediocres, a los princi-piantes, a los que tuvieron mala suerte y a los que desaparecieronen el anonimato. Todos lo necesitaron.

Anónimos y triunfadoresSi bien todos los toreros, fueran principiantes o figuras, nece-

sitaron al fotógrafo que los inmortalizara, no todos se hicieron elmismo tipo de retrato. Trajes, poses y actitudes marcan notablesdiferencias. Así, mientras los jóvenes tienen que afirmar su condi-ción de torero y aparecen vestidos de luces, con una cierta inseguri-dad y luciendo ocasionalmente media sonrisa (sólo los muy jóvenesse atreven con la sonrisa franca), las grandes figuras se presentancon trajes de calle de buen corte, impecablemente peinados y enjo-yados y, por supuesto, con el aplomo de quien se encuentra en lacima del éxito y no tiene que demostrar nada. O como mucho, tieneque demostrar la amplitud de su triunfo y los signos del mismo.

Por lo que (volvemos a la idea de arriba) para los primeros,el paso por la galería fotográfica es una necesidad de quien buscael éxito, un paso más de ese largo camino iniciático plagado denervios, pruebas y caídas. Los triunfadores, en cambio, aceptaneste rato posando casi siempre sentados con la actitud del granseñor que recibe pleitesía.

Posesión“La foto del amante escondida en la billetera de una mujer

casada, el afiche fotográfico de una estrella de rock colgada enci-ma de la cama de una adolescente, el retrato de propaganda delpolítico abrochado en la solapa del votante, las instantáneas de loshijos del taxista en la visera del auto, todos esos usos talismánicosde las fotografías expresan una actitud sentimental e implícita-mente mágica: son tentativas de alcanzar o poseer otra realidad.”(6)

Si lo que afirma Susan Sontag sucede en un mundo como elactual, saturado de imágenes y en el que la facilidad de adquisi-

ara quan el xicot que vol ser matador no sols necessita un ves-tit de llums, un estoc i una montera amb què saltar a l’arena,sinó una fotografia amb el seu uniforme extraordinari, una imat-ge que demostre el seu ofici, un retrat amb el qual presentar-seen els papers.

Davant aquest canvi social podem comprendre per què elvell García havia tingut oportunitat de fotografiar diferents tore-ros triomfadors i, en canvi, uns anys més tard, el seu successorretratà els grans, però també els mediocres, els principiants, elsque tingueren mala sort i els que desaparegueren en l’anonimat.Tots el necessitaren.

Anònims i triomfadorsSi bé tots els toreros, foren principiants o figures, necessi-

taren el fotògraf que els immortalitzara, no tots es feren elmateix tipus de retrat. Vestit*, poses i actituds hi marquen nota-bles diferències. Així, mentre els joves han d’afermar la seuacondició de toreros i apareixen vestit* de llums, amb una certainseguretat i lluint ocasionalment mig somriure (només els moltjoves s’atreveixen amb el somriure franc), les grans figures espresenten amb vestit* de carrer de bon tall, impecablement pen-tinats i enjoiats i, és clar, amb l’aplom de qui es troba en el cimde l’èxit i no ha de demostrar res. O, com a molt, ha de demos-trar l’amplitud del seu triomf i els seus signes.

Per la qual cosa (tornem a la idea d’abans), per als primers,el pas per la galeria fotogràfica és una necessitat de qui busca l’è-xit, una passa més d’aqueix llarg camí iniciàtic plagat de nervis,proves i caigudes. Els triomfadors, en canvi, accepten aquestaestona posant quasi sempre asseguts amb l’actitud del gran senyorque rep compliment.

Possessió“La foto de l’amant amagada en la bitlletera d’una dona

casada, el pòster fotogràfic d’una estrella de rock penjat damuntdel llit d’una adolescent, el retrat de propaganda del polític abo-tonat en la solapa del votant, les instantànies dels fills del taxis-ta en la visera del cotxe, tots aqueixos usos talismànics de lesfotografies expressen una actitud sentimental i implícitamentmàgica: són temptatives d’assolir o posseir una altra realitat.”(6)

Si el que afirma Susan Sontag succeeix en un món com l’actual,saturat d’imatges i en el qual la facilitat d’adquisició de la foto-

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ción de la fotografía ha terminado por depreciarla relativamente¿qué valor debieron de tener en la España de hace 80 años unasfotografías como las que tenemos en nuestras manos? Enorme.Recordemos que, aunque democratiza-da, la fotografía no era el recurso uni-versal que es hoy; por otro lado, Españaestaba viviendo una auténtica fiebretaurina, una pasión desbordada que enocasiones rozaba lo sacrílego a juzgarpor las anécdotas que cuentan sobretodo en torno a Joselito y Belmonte.Tener, entonces, un retrato — más aúnsi estaba firmado— de uno de esosmitos, o de Gallo, o de Gaona... pudoser para el aficionado de entonces unaforma de posesión emocionalmentemuy fuerte y, más que un talismán, casiuna reliquia.

Hay un par de imágenes, deentre las que componen esta colec-ción, que adquieren en mayor medi-da que el resto la categoría de reli-quia. Fueron hechas a la muerte deGranero, el valenciano de quien sedecía que había heredado el cetro deltoreo de manos de Joselito. Puesbien, muerto el uno y muerto el otro,de luto toda la España taurina, deduelo Valencia entera (fue impresio-nante la multitud que recibió sus res-tos en la estación del Norte para dar-les el último adiós y las fotografías deVidal Corella lo atestiguan), Boldúnhace una composición fotográfica.En ella incluye la mitad del chalecoensangrentado que el diestro llevabacuando cayó en Madrid, la leyenda explicativa de ello y, enuno de los casos, añade el retrato de Granero. No es unaestampa milagrosa, pero el aficionado que poseyó una de esascopias fotográficas, creyó poseer, de algún modo, ese mismopedazo de tela bordada.

grafia ha acabat per depreciar-la relativament, ¿quin valor degue-ren tindre a l’Espanya de fa vuitanta anys unes fotografies comles que tenim en les nostres mans? Enorme. Recordem que, enca-

ra que democratitzada, la fotografiano era el recurs universal que és hui;d’una altra banda, Espanya estavavivint una autèntica febre taurina,una passió desbordada que en oca-sions fregava el sacrilegi a jutjar perles anècdotes que conten sobretot al’entorn de Joselito i Belmonte.Tindre, aleshores, un retrat —mésencara si estava signat— d’un d’a-queixos mites, o de Gallo, o deGaona..., degué ser per a l’aficionatdel moment una forma de possessióemocionalment molt forta i, més queun talismà, quasi una relíquia.

Hi ha un parell d’imatges,entre les que componen aquestacol·lecció, que adquireixen en majormesura que la resta la categoria derelíquia. Van ser fetes a la mort deGranero, el valencià de qui es deiaque havia heretat el ceptre del toreigde mans de Joselito. Doncs bé, mortl’un i mort l’altre, de dol total’Espanya taurina, de dol Valènciasencera (va ser impressionant lamultitud que va rebre les seues des-pulles en l’estació del Nord perdonar-los l’últim adéu i les fotogra-fies de Vidal Corella ho testifiquen),Boldún fa una composició fotogràfi-ca. Inclou en ella la meitat de l’armi-lla ensangonada que el destre duia

quan caigué a Madrid, la llegenda explicativa d’això i, en undels casos, afegeix el retrat de Granero. No és una estampamiraculosa, però l’aficionat que posseí una d’aqueixes còpiesfotogràfiques va creure posseir, d’alguna manera, aqueixmateix tros de tela brodada.

Composición realizada por Boldún tras lamuerte de Granero.

Composició realitzada per Boldún després de lamort de Granero.

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AfirmaciónUna figura del toreo regala su imagen repetida (incluso su

firma repetida) como gesto magnánimo, como regalo, comorecompensa hacia el público que amaal triunfador. El que no ha llegado a lacima, en cambio, ¿para qué regala suimagen? Como gesto de afirmación.Porque si hay un gesto que demuestrela voluntad de convertirse en matadory en figura, es precisamente éste: ves-tirse de luces, hacerse un retrato yrepartir después muchas copias delmismo. Este aspecto, el reparto entreamigos, conocidos e incondicionales,sería un nuevo uso de las imágenes delas que hablamos y por medio del cualla fotografía se convierte en una tarje-ta de visita en la que no se lee un sim-ple nombre, sino un oficio muy parti-cular, unas enormes aspiraciones y unevidente deseo de triunfo, fama ynotoriedad.

Entre los jóvenes que retratóBoldún hubo uno, Julio Bohígues, uncasi desconocido que, en 1930, dedica-ba una fotografía suya “al notable críti-co don Ángel Berlanga”. No tuvo fortu-na en los ruedos este hombre pero, alregalar la propia imagen, al darse deesta forma, la estaba invocando.Belmonte, Gallo, Barrera, los triunfado-res de ese mismo año 30 debían repar-tir y dedicar muchas fotos cada tempo-rada. En una reducción al absurdo, elretratado (y no sólo el joven Bohígues,cualquiera de los otros aspirantes lo hizo) convierte esta donaciónen un acto casi mágico, como si haciendo que su imagen se repi-ta, fuera suficiente para alcanzar la fama en los ruedos.

En el caso de los triunfadores la fotografía es un talismánpara el espectador. En el caso de los principiantes, las copias delretrato son un objeto mágico para sí mismo.

AfirmacióUna figura del toreig regala la seua imatge repetida (fins i

tot la seua signatura repetida) com a gest magnànim, com a regal,com a recompensa cap al públic queama el triomfador. Qui no ha arribat alcim, en canvi, ¿per què regala la seuaimatge? Com a gest d’afirmació.Perquè si hi ha un gest que demostrela voluntat de convertir-se en matadori en figura, és precisament aquest: ves-tir-se de llums, fer-se un retrat i repar-tir-ne després moltes còpies. Aquestaspecte, el repartiment entre amics,coneguts i incondicionals, seria unnou ús de les imatges de què parlem iper mitjà del qual la fotografia es con-verteix en una targeta de visita en laqual no es llegeix un simple nom, sinóun ofici molt particular, unes aspira-cions enormes i un evident desig detriomf, fama i notorietat.

Entre els joves que retratàBoldún hi hagué un, Julio Bohígues,un quasi desconegut que, el 1930,dedicava una fotografia seua “al nota-ble crítico don Ángel Berlanga”. Notingué fortuna en les places aquesthome, però, en regalar la pròpia imat-ge, en donar-se d’aquesta forma, l’esta-va invocant. Belmonte, Gallo, Barrera,els triomfadors d’aqueix mateix any 30degueren repartir i dedicar moltesfotos cada temporada. En una reduccióa l’absurd, el retratat (i no sols el joveBohígues, qualsevol dels altres aspi-

rants ho va fer) converteix aquesta donació en un acte quasimàgic, com si fent que la seua imatge es repetira, fóra suficient pera assolir la fama en les places.

En el cas dels triomfadors la fotografia és un talismà per al’espectador. En el cas dels principiants, les còpies del retrat sónun objecte màgic per a si mateix.

Retrato de Julio Bohígues dedicado al críticotaurino Ángel Berlanga.

Retrat de Julio Bohígues dedicat al crític tauríÁngel Berlanga.

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Cartel anunciador de Valencia con un retratode Algabeño realizado por Boldún.

Cartell anunciador de València amb un retratd’Algabeño realitzat per Boldún.

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InformaciónEl último uso (aunque también el primero) que el retratado

va a dar a su fotografía es informativo. Las copias que salen dellaboratorio de Boldún son algo así como la fotografía oficial queserá facilitada por el torero o por su representante a los empresa-rios y a los diferentes medios de comunicación para que la publi-quen en los carteles taurinos y en las revistas.

Podemos advertir la importancia de estos retratos compro-bando que en tan sólo un año, 1920, y en un único medio, larevista barcelonesa La Corrida, encontramos las imágenes captadaspor Boldún a Joselito (en la edición especial del 25 de mayo) y aNacional (6 de julio) y poco después, en enero de 1921, la foto-grafía de Ángel Navas, Gallito de Zafra. También abundan estosmismos rostros en los carteles: en uno de la plaza de Toledocorrespondiente a junio de 1927 podemos ver al Gallo; en el deCórdoba de mayo del 28 tenemos a Chicuelo y Vicente Barrera; aPericás lo vemos en el cartel anunciador de Morella del 31...

Este primer uso determinará un aspecto estético fundamen-tal de las imágenes y es que una gran parte de los personajes apa-recen sobre un fondo sin fin blanco y éstas son, precisamente, lasimágenes más reproducidas en los carteles.

La colección de retratos taurinos de Salvador Pascual Boldúntiene un evidente valor artístico y documental, pero a él hay que aña-dirle otro: la posibilidad de encontrarnos hoy con esta vista inmejora-ble del universo taurino, pues la máquina de retratar se ha convertidoen bisturí y ha seccionado este fragmento de la sociedad española deun par de décadas. Gracias a ella podemos ver a los toreros más gran-des de la época y los que, habiendo triunfado, se vieron ensombreci-dos por ellos. Aquí se encuentran los que lucharon y lograron algunasbuenas corridas, los que se quedaron por el camino y los que tuvieronque cortarse la coleta sin haber logrado una tarde de gloria.

En las historias, sean del toreo o de cuarquier arte, no haysitio más que para los nombres de primera fila; los de segunday tercera categoría sólo aparecen en obras realmente exhausti-

InformacióL’últim ús (encara que també el primer) que el retratat

donarà a la seua fotografia és informatiu. Les còpies que ixen dellaboratori de Boldún són una cosa així com la fotografia oficial queserà facilitada pel torero o pel seu representant als empresaris i alsdiferents mitjans de comunicació perquè la publiquen en els car-tells taurins i en les revistes.

Podem advertir la importància d’aquests retrats compro-vant que en només un any, 1920, i en un únic mitjà, la revistabarcelonina La Corrida, trobem les imatges captades per Boldúna Joselito (en l’edició especial del 25 de maig) i a Nacional (6 dejuliol) i poc després, el gener de 1921, la fotografia d’ÁngelNavas, Gallito de Zafra. També abunden aquests mateixos ros-tres en els cartells: en un de la plaça de Toledo corresponent ajuny de 1927 podem veure el Gallo; en el de Còrdova de maigde 1928 tenim Chicuelo i Vicent Barrera; veiem Pericás en elcartell anunciador de Morella del 1931...

Aquest primer ús determinarà un aspecte estètic fonamentalde les imatges i és que una gran part dels personatges apareixensobre un fons sense fi blanc i aquestes són, precisament, les imat-ges més reproduïdes en els cartells.

La col·lecció de retrats taurins de Salvador Pascual Boldún téun evident valor artístic i documental, però hi cal afegir-ne un altre:la possibilitat de trobar-nos hui amb aquesta vista immillorable del’univers taurí, ja que la màquina de retratar s’ha convertit en bis-turí i ha seccionat aquest fragment de la societat espanyola d’unparell de dècades. Gràcies a ella podem veure els toreros més gransde l’època i els que, havent triomfat, es veieren aombrats per ells.Ací es troben els que lluitaren i aconseguiren algunes bones corre-gudes, els que es quedaren pel camí i els que hagueren de tallar-sela cueta sense haver tingut una vesprada de glòria.

En les històries, siguen del toreig o de qualsevol art, nohi ha lloc més que per als noms de primera fila; els de segonai tercera categoria només apareixen en obres realment exhaus-

Conclusión Conclusió

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vas. En cualquier caso, todas están hechas a posteriori. Estacolección, en cambio, nos permite ver un lado más sociológicopues en ella se mezclan todos los toreros que conviven en untiempo: más jóvenes y algo mayores, los de la base con los de lacúspide de la pirámide, las promesas con las figuras. Todos seencuentran en un mismo magma de sales de plata.

tives. En qualsevol cas, totes estan fetes a posteriori. Aquestacol·lecció, en canvi, ens permet veure un costat més sociolò-gic, ja que s’hi mesclen tots els toreros que conviuen en untemps: més joves i un poc majors, els de la base amb els de lacúspide de la piràmide, les promeses amb les figures. Tots estroben en un mateix magma de sals de plata.

1 Andrés Peláez, “La colección fotográfica del Museo Nacionaldel Teatro”, en el catálogo de la exposición El semblante de laEscena, Madrid, Centro de Documentación Teatral, 1993.

2 Carta de Antonio García a su hija fechada el 08/05/1912.3 A. Laguna Platero, Historia del periodismo valenciano, Valen-

cia, Generalitat Valenciana, 1990.4 Begoña Torres González, El cartel taurino, Madrid, Minis-

terio de Cultura.5 Durán y Sánchez, Historia de la fotografía taurina, Madrid,

Espasa Calpe, 1998.6 Susan Sontag, Sobre la fotografía, Barcelona, Edhasa, 1981.

1 Andrés Peláez, “La colección fotográfica del Museo Nacionaldel Teatro”, en el catàleg de l’exposició El semblante de laEscena, Madrid, Centre de Documentació Teatral, 1993.

2 Carta d’Antoni García a la seua filla datada el 08/05/1912.3 A. Laguna Platero, Historia del periodismo valenciano, Valèn-

cia, Generalitat Valenciana, 1990.4 Begoña Torres González, El cartel taurino, Madrid, Ministeri

de Cultura.5 Durán y Sánchez, Historia de la fotografía taurina, Madrid,

Espasa Calpe, 1998.6 Susan Sontag, Sobre la fotografía, Barcelona, Edhasa, 1981.

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El toreo en los años 20 y los 30 El toreig en els anys 20 i els 30

Vicente Sobrino

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Cuando el domingo 16 de mayo de 1920 se abrió el por-tón de cuadrillas de la plaza de toros de Talavera de la Reina, anadie le pasó por la mente que esa tarde se iba a cerrar la llama-da Edad de Oro del toreo. Allí, en aquel pueblo toledano, seanunció una corrida de toros con reses de la zona, de la Viuda deOrtega, para José Gómez, Gallito e Ignacio Sánchez Mejías. Esatarde se puso fin a una etapa, dicen que la más brillante de la his-toria del toreo. Brillante y apasionada, sí. Con Gallito, el rey delos toreros, se marchaba la inteligencia, el dominio de las suer-tes, la sabiduría. Pero quedaba Belmonte, su compañero insepa-rable en los ruedos.

Se habla de que el toreo se divide en dos ciclos, antes y des-pués de Belmonte. Con la llegada del Pasmo de Triana se reduje-ron las distancias entre el toro y el torero. Nadie hasta entonceshabía conseguido fundir en un solo elemento el poder con la belle-za. La expresión torera de Belmonte, fundada en el valor en su máspuro estado, contribuyó a que el toreo iniciara un cambio tanto enel fondo como en la forma. Juan pasó a ser, en tiempos en los queJosé controlaba todo el toreo, la inspiración, la magia, el toreoimposible. “Darse prisa a verlo torear, porque el que no lo veapronto no lo ve”, llegó a sentenciar el Guerra. “Asín no se puedeatorear”, afirmó en otra ocasión el gran Rafael. Y resultó que, desdeentonces, sólo así se empezó a concebir el toreo.

Belmonte, además, supuso todo un descubrimiento paralos intelectuales de la época. Valle Inclán, Ortega y Gasset,Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, Romero de Torres, SebastiánMiranda, Zuloaga, Gómez de la Serna, los hermanos Antonio yManuel Machado, todos ellos quedaron cautivados por lamagia y personalidad de Belmonte, como torero y como hom-bre. Cierto día, Valle Inclán se le quedó mirando mientras sepeinaba con los dedos su frondosa y descomunal barba y le dijosentenciosamente: “¡Juanito, no te falta más que morir en laplaza!”. Juan, modestamente, le contestó: “Se hará lo que sepueda, don Ramón”.

La rivalidad entre Gallito y Belmonte, nacida prácticamenteel día en que éste tomó la alternativa, el 16 de octubre de 1913,

Quan el diumenge 16 de maig de 1920 s’obrí la porta deles quadrilles de la plaça de bous de Talavera de la Reina, a ningúli passà pel cap que aquella vesprada anava a tancar-se l’anome-nada Edat d’Or del toreig. Allí, en aquell poble toledà, s’anunciàuna correguda de bous amb caps de bestiar de la zona, de laViuda de Ortega, per a José Gómez Gallito i Ignacio SánchezMejías. Aquella vesprada es posà fi a una etapa, diuen que la mésbrillant de la història del toreig. Brillant i apassionada, sí. AmbGallito, el rei dels toreros, se n’anava la intel·ligència, el dominide les sorts, la saviesa. Però quedava Belmonte, el seu companyinseparable a les places.

Es parla que el toreig es divideix en dos cicles, abans i des-prés de Belmonte. Amb l’arribada del Pasmo de Triana es reduïrenles distàncies entre el bou i el torero. Ningú fins aleshores haviaaconseguit fondre en un sol element el poder amb la bellesa.L’expressió torera de Belmonte, fundada en el valor en el seu méspur estat, contribuí perquè el toreig iniciara un canvi tant en elfons com en la forma. Juan passà a ser, en un temps en què Josécontrolava tot el toreig, la inspiració, la màgia, el toreig impossi-ble. “Darse prisa a verlo torear, porque el que no lo vea pronto no love”, arribà a sentenciar el Guerra. “Asín no se puede atorear”, afirmàen una ocasió el gran Rafael. I resultà que, des d’aleshores, nomésaixí es començà a concebre el toreig.

Belmonte, a més, significà tot un descobriment per alsintel·lectuals de l’època. Valle-Inclán, Ortega y Gasset, Pérezde Ayala, Gregorio Marañón, Romero de Torres, SebastiánMiranda, Zuloaga, Gómez de la Serna, els germans Antonioi Manuel Machado, tots ells quedaren captivats per la màgiai la personalitat de Belmonte, com a torero i com a home.Un dia, Valle-Inclán es parà mirant-se’l mentre es pentinavaamb els dits la seua frondosa i descomunal barba i li diguésentenciosament: “¡Juanito, no te falta más que morir en laplaza!”. Juan, modestament, li contestà: “Se hará lo que sepueda, don Ramón”.

La rivalitat entre Gallito i Belmonte, nascuda pràcticamentel dia que aquest prengué l’alternativa, el 16 d’octubre de 1913,

Final de la Edad de Oro y principio de la Edad de PlataFinal de l’Edat d’Or i principi de l’Edat d’Argent

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acabó el 16 de mayo de 1920 como nadie había pensado. Fueronpoco más de seis temporadas las que ambos diestros lograrondividir el escenario taurino. Cuando a Juan le llegó la noticia deque a José lo había matado un toro, afirmó, “si a éste lo ha mata-do un toro, los demás vivimos de milagro”.

Desaparecido Gallito, el rey de los toreros, se quedó sóloBelmonte. La Edad de Oro marcó su fin. La década de los 20 nacíahuérfana, a pesar de la presencia del trianero. Muchos fueron losaficionados que después de la trágica corrida de Talavera, tardaronmucho en volver a los toros. El mismo Belmonte, sin su hermanoen lo profesional, sin su más directo rival, sin su amigo más ínti-mo, aparecía y desaparecía de los ruedos como buscando el norteque había perdido. Muchas opiniones vertidas entonces señalaronque tras la muerte de José, Juan ya no fue el mismo, ni como tore-ro ni como hombre.

Muerto el rey de los toreros, la fiesta necesitaba recuperarcuanto antes su pulso. Hacía falta otro torero que hiciera si noolvidar a Gallito sí, al menos, la ilusión a los públicos. Preci-samente, el mismo año de la trágica desaparición de Gallito, unnovillero valenciano comenzaba a ilusionar a los aficionados. Ycuatro meses después del dramático suceso de Talavera, tomabala alternativa Manolo Granero. Su irrupción en los ruedos fueimpactante. En Granero, torero de cierta similitud con José, aun-que quizá más fino de formas, como más elegante, se vislumbróel sucesor al trono vacante del toreo. Su ascensión fue irrefrena-ble. Sus triunfos incontestables. Tanto, que la temporada de1921 Granero se emparejó con Belmonte nada menos que en 43de las 96 corridas que llegó a torear aquella temporada, la únicacompleta de su breve paso por el toreo. La Feria de Julio deValencia de aquel año es considerada por los historiadores comola más completa que jamás se ha vivido. De las siete corridas queconstó, seis las torearon juntos Belmonte y Granero. Parecía queJuan había encontrado a su nueva pareja en los ruedos, el estí-mulo que le era necesario para continuar siendo vital en el toreo.Al finalizar esa temporada, Belmonte se fue de los toros. Desdeentonces, su idas y venidas fueron casi una constante hasta quese retiró definitivamente en 1935.

Pero de nuevo, como si el destino hubiera querido juntaren la muerte lo que no pudo hacer en vida, dos años casi justosdespués de Talavera, la Fiesta volvía a enlutarse. También enmayo, pero ahora en Madrid. Fue el día 7, en la cuarta corrida

acabà el 16 de maig de 1920 com ningú no havia pensat. Forenpoc més de sis temporades les que ambdós destres aconseguirendividir l’escenari taurí. Quan a Juan li arribà la notícia que a Josél’havia matat un bou, afirmà, “si a éste lo ha matado un toro, losdemás vivimos de milagro”.

Desaparegut Gallito, el rei dels toreros, es quedà solBelmonte. L’Edat d’Or marcà la seua fi. La dècada dels vint naixiaòrfena, a pesar de la presència del trianer. Molts foren els aficio-nats que després de la tràgica correguda de Talavera tardaren molta tornar als bous. El mateix Belmonte, sense el seu germà en allòprofessional, sense el més directe rival, sense l’amic més íntim,apareixia i desapareixia de les places com buscant el nord quehavia perdut. Moltes opinions vessades aleshores assenyalaren quedesprés de la mort de José, Juan ja no fou el mateix, ni com a tore-ro ni com a home.

Mort el rei dels toreros, la festa necessitava recuperar al mésaviat possible el seu pols. Feia falta un altre torero que fera si nooblidar Gallito sí, almenys, tornar la il·lusió als públics.Precisament, el mateix any de la tràgica desaparició de Gallito, unnoveller valencià començava a il·lusionar els aficionats. I quatremesos després del dramàtic succés de Talavera, prenia l’alternati-va Manolo Granero. La seua irrupció en les places fou impactant.En Granero, torero de certa similitud amb José, tot i que potsermés fi de formes, com també més elegant, es besllumà el succes-sor al tron vacant del toreig. L’ascensió fou irrefrenable. Els triomfsincontestables. Tant, que la temporada de 1921 Granero s’empa-rellà amb Belmonte ni més ni menys que en 43 de les 96 corregu-des que arribà a torejar aquella temporada, l’única completa delseu breu pas pel toreig. La Fira de Juliol de València d’aquell anyés considerada pels historiadors com la més completa que mai s’haviscut. De les set corregudes que constà la Fira de Juliol deValència d’aquella temporada, sis les torejaren junts Belmonte iGranero. Semblava que Juan havia trobat en la seua nova parella ales places l’estímul que li calia per a continuar sent vital en eltoreig. En acabar la temporada, Belmonte s’apartà dels bous. Desd’aleshores, les seues anades i vingudes foren quasi una constantfins que es retirà definitivament en 1935.

Però de nou, com si el destí haguera volgut ajuntar en lamort allò que no pogué fer en vida, dos anys quasi justos des-prés de Talavera, la Festa tornava a endolar-se. També a maig,però ara a Madrid. Fou el dia 7, en la quarta correguda d’abo-

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Rafael Gómez Ortega, el Gallo

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de abono de la temporada madrileña. Granero, junto a Juan Luisde la Rosa y Marcial Lalanda, que confirmaba la alternativa, setenían que enfrentar a tres toros del Duque de Veragua y otrostres de José Bueno. Y en el quinto, de Veragua, surgió la tragedia.Apenas le dio tiempo a Manolo Granero a iniciar su faena demuleta cuando Pocapena lo enganchó por la cadera, lo volteó ylanzó con estrépito hacia la barrera. Allí, bajo del estribo, recibióla cornada mortal. Cuando el toreo apenas empezaba a salir dela crisis abierta en Talavera dos años antes, se veía de nuevoinmerso y envuelto en la tristeza.

En esta primera mitad de los años 20, al mismo tiempoque surgió Granero lo hicieron otros toreros a los que el aficio-nado también les puso la etiqueta de sucesores del gran José.Juan Luis de la Rosa y Manuel Jiménez, Chicuelo fueron, sinduda, los que en principio también pugnaron por el cetro deltoreo. Pero si a Chicuelo le faltó la regularidad que se exige a losgrandes líderes, Juan Luis de la Rosa cayó definitivamente en losbrazos de su propia fragilidad. Chicuelo era la gracia hecha per-sonalidad, el toreo al más puro estilo sevillano. Pero sus actua-ciones eran más cal que arena, más decepcionantes que brillan-tes. Con todo, su torería siempre era pasto del comentario de losbuenos aficionados, que le esperaban tarde tras tarde y apurabanhasta el último suspiro por verle algún detalle.

Chicuelo llegó a su cénit el 24 de mayo de 1928 enMadrid, cuando inmortalizó, por medio de una faena calificadade histórica, el toro Corchaito de Pérez Tabernero.

Y Juan Luis, niño prodigio en sus años de novillero, sevino abajo demasiado pronto para no pasar nunca de ser espadade segunda fila.

Era época en la que se resistía Rafael el Gallo, el hermano deJosé. Que mezclaba golpes de genialidad con sus no menos famo-sas espantás. Rafael ha sido uno de los toreros que más larga vidaprofesional ha tenido, pues tomó la alternativa en 1902 y toreó suúltima corrida en 1936. En sus 34 años de actividad, tan desigua-les como intensos por su inimitable personalidad, mantuvo siem-pre un alto status profesional gracias a su inspiración y fantasíacreadora. Rafael alternó con todas las figuras de los primeros 40años del siglo XX y su figura dejó una puntual referencia en las eda-des de Oro y Plata del toreo.

La historia de esta época post Joselito y Granero dejónombres importantes. Alguno de ellos por los mismos motivos

nament de la temporada madrilenya. Granero, junt amb JuanLuis de la Rosa i Marcial Lalanda, que confirmava l’alternativa,s’havien d’enfrontar a tres bous del duc de Veragua i a d’altrestres de José Bueno. I en el cinqué, de Veragua, sorgí la tragèdia.A penes donà temps a Manolo Granero començar la seua faenade muleta quan Pocapena l’enganxà pel costat, el voltejà i elllançà amb estrèpit cap a la barrera. Allí, sota l’estrep, rebé lacornada mortal. Quan el toreig a penes començava a eixir de lacrisi oberta a Talavera dos anys abans, es veia de nou immersa iembolcallada en la tristesa.

En aquesta primera meitat dels anys vint, al mateix tempsque sorgí Granero ho feren altres toreros als quals l’aficionattambé posà l’etiqueta de successors del gran José. Juan Luis dela Rosa i Manuel Jiménez, Chicuelo foren, sens dubte, els que enun principi també pugnaren pel ceptre del toreig. Però si aChicuelo li faltà la regularitat que s’exigeix als grans líders, JuanLuis de la Rosa caigué definitivament en els braços de la seuapròpia fragilitat. Chicuelo era la gràcia feta personalitat, eltoreig al més pur estil sevillà. Però les seues actuacions tenienmés arena que no calç, eren més decepcionants que brillants.Amb tot, la seua toreria sempre era pastura del comentari delsbons aficionats, que l’esperaven vesprada rera vesprada i apura-ven fins al darrer sospir per veure-li algun detall.

Chicuelo arribà al zenit el 24 de maig de 1928 a Madrid,quan immortalitzà, per mitjà d’una faena qualificada d’històrica,el bou Corchaíto de Pérez Tabernero.

I Juan Luis, xiquet prodigi en els seus anys de noveller, dematador se’n vingué avall massa prompte per a no passar mai deser espasa de segona fila.

Era una època en la qual es resistia Rafael el Gallo, el germàde José, que mesclava colps de genialitat amb les seues no menysfamoses espantás. Rafael ha sigut un dels toreros que més llargavida professional ha tingut, ja que prengué l’alternativa en 1902 itorejà l’última correguda en 1936. En els seus 34 anys d’activitat,tan desiguals com intensos per la seua inimitable personalitat,mantingué sempre un alt estatus professional gràcies a la seua ins-piració i fantasia creadora. Rafael alternà amb totes les figures delsprimers 40 anys del segle XX i la seua figura deixà una referènciapuntual en les edats d’Or i Argent del toreig.

La història d’aquesta època post Joselito i Granero deixànoms importants. Algun d’aquests pels mateixos motius que

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que los anteriores. Fue el caso de Manuel Varé Varelito, mata-dor excepcional que en esa suerte, la que más dominaba, sufrióla mortal cornada. Fue el 21 de abril de 1922 en Sevilla, aun-que su vida se alargaría agónicamente hasta el 13 de mayosiguiente, seis días después de morir su íntimo amigo ManoloGranero.

Elegante, clásico, dotado de una intransferible personalidad—adviértase que en aquella época la personalidad era un rasgocomún que distinguía a la mayoría de los lidiadores— fue llama-do el Belmonte rubio por sus influencias belmontistas y el color desu cabello. A Márquez, torero muy completo en todas las suertes,le faltó carácter para haber arrebatado ante los públicos comoapuntaban sus cualidades.

La gran figura de esta década, antecedente inmediato de loque se ha dado en llamar Edad de Plata del toreo, fue MarcialLalanda. Alternativado en Sevilla de manos de Juan Belmonte yconfirmado en Madrid la tarde del trágico fin de Granero,Marcial es el prototipo del torero cerebral, inteligente, domina-dor, que con su sola presencia la lidia tomaba un carácter deabsoluta seguridad. “Marcial, eres el más grande”, canta el paso-doble. Y fue tan grande Marcial, que su nombre es una obligadareferencia de esa época del toreo que abarca las décadas de losaños 20 y 30. Creador del quite de la mariposa, que nadie fuecapaz de interpretar como él, mantuvo su nivel y su sitio con lallegada de Domingo Ortega, Manolo Bienvenida, Vicente Barrerao Félix Rodríguez, los cuatro toreros que soportaron el mayorpeso de esa época de plata.

Pero antes de adentrarnos en la década prodigiosa de los 30,es conveniente y aconsejable no obviar otros nombres que, porunas razones u otras, también hicieron valer su peso profesionalen ese tiempo.

En Valencia, por ejemplo, una terna de matadores intenta-ba emular los éxitos de Granero. Francisco Vila, Rubio deValencia, Rosario Olmos, Manolo Martínez y Francisco TamaritChaves, sucedieron en el escalafón superior al malogrado torero.Ninguno de ellos logró la fama que perseguía, aunque todosdesarrollaron un digno papel en la profesión. Manolo Martínez,al que llamaron el Tigre de Ruzafa, fue el que más cerca estuvo deromper los límites regionales, pero las graves cornadas que sufrióle impidieron mayores logros. Fue un valiente entre los valientesy muy seguro estoqueador.

els anteriors. Fou el cas de Manuel Varé, Varelito, matadorexcepcional que en aquesta sort, la que dominava més, sofrí lamortal cornada. Fou el 21 d’abril de 1922 a Sevilla, tot i quela seua vida s’allargaria agònicament fins al 13 de maigsegüent, sis dies després de morir el seu íntim amic ManoloGranero.

Elegant, clàssic, dotat d’una intransferible personalitat—advertiu que en aquella època la personalitat era un tretcomú que distingia la majoria de toreros—, fou anomenat elBelmonte rubio per les seues influències belmontistes i el colordel cabell. A Márquez, torero molt complet en totes les sorts, lifaltà caràcter per a haver arravatat davant els públics com n’a-puntaven les qualitats.

La gran figura d’aquesta dècada, antecedent immediat delque s’ha convingut anomenar Edat d’Argent del toreig, fou MarcialLalanda. Prengué l’alternativa a Sevilla de mans de Juan Belmontei la confirmà a Madrid la vesprada de la tràgica fi de Granero.Marcial és el prototip del torero cerebral, intel·ligent, dominador,que amb la seua sola presència el toreig pren un caràcter d’abso-luta seguretat. “Marcial, eres el más grande”, canta el pasdoble. I foutan gran Marcial que el seu nom és una obligada referència d’a-quella època del toreig que comprén les dècades dels anys vint itrenta. Creador de la sort de la mariposa, que ningú és capaç d’in-terpretar com ell, Marcial mantingué el seu nivell i el seu lloc ambl’arribada de Domingo Ortega, Manolo Bienvenida, Vicent Barrerao Félix Rodríguez, els quatre toreros que suportaren el pes mésgran d’aquesta època d’argent.

Però abans d’endinsar-nos en la dècada prodigiosa dels tren-ta, és convenient i aconsellable no obviar altres noms que, perunes o altres raons, també feren valer el seu pes professional enaquest temps.

A València, per exemple, una terna de matadors intentavaemular els èxits de Granero. Francesc Vila, Rubio de València,Rosario Olmos, Manolo Martínez i Francesc Tamarit Chaves,succeïren en l’escalafó superior el malaurat torero. Cap d’ells noaconseguí la fama que perseguia, encara que tots desenvolupa-ren un digne paper en la professió. Manolo Martínez, a qui ano-menaren el Tigre de Russafa, fou qui més a prop de trencar elslímits regionals estigué, però les greus cornades que patí liimpediren èxits més grans. Fou un valent entre els valents i unmolt segur matador.

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Todavía hay que apuntar una nueva víctima del toreo enestos años 20, la de Manuel Báez, Litri. Fue un torero de un valory un pundonor fuera de lo común, pero siempre muy a merced delos toros. En 1925 logró la Oreja de Oro de la Asociación de laPrensa de Madrid y hasta se intuyó una competencia con CayetanoOrdóñez, el Niño de la Palma. El 11 de febrero de 1926 actuó enMálaga en una corrida a la que asistieron los reyes don AlfonsoXIII y doña Victoria. El segundo toro, Extremeño de nombre,cogió gravemente a Litri. Ante la gravedad de la herida se le hubode amputar la pierna masacrada, pero ni aun así pudo salvar lavida, muriendo al día siguiente. Manolo Litri fue uno más queengrosó la leyenda negra de los toreros que tomaron la alternativaen 28 de septiembre en Sevilla: Joselito, Granero, Litri...

Otro torero al que hay que ubicar en la década de los 20es a Ignacio Sánchez Mejías, aunque su final se produjera enplena Edad de Plata. Tomó la alternativa de manos de Gallito,a la sazón cuñado suyo, en 1919, y su carrera estuvo marcadapor el proteccionismo que le brindó el de Gelves. SánchezMejías, torero y escritor, fue un verdadero intelectual que llegóa estrenar obras de teatro. Llegó a ocupar un lugar de privile-gio gracias a la influencia de su cuñado y su estilo, en opiniónde los revisteros de entonces, era rudo y basto, aunque con untremendo valor. Fue muy castigado por los toros y tras variosaños de retiro volvió a los ruedos sin las debidas condicionesfísicas. El 11 de agosto en Manzanares (Ciudad Real), le cogióel toro Granadino, de Ayala, que le infirió una cornada tangrave que falleció dos días después.

Los años finales de la década de los 20 también vienenmarcados por toreros como Nicanor Villalta, turolense deCretas, que en su época cortó más orejas en Madrid que nin-gún otro espada; Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma, “esde Ronda y se llama Cayetano”, torero firme y de tempera-mento; Joaquín Rodríguez, Cagancho, la genialidad y la inspi-ración hechas arte, del escándalo a la gloria, del tormento aléxtasis. Gitano como el anterior y dotado de un sentido artís-tico excepcional para torear con el capote, fue Francisco Vegade los Reyes, Gitanillo de Tiana. Por desgracia estuvo cuatroaños escasos como matador, pues alternativado en 1927 fuecorneado mortalmente en Madrid el 31 de mayo de 1931.Tras dos meses y medio en lucha con la muerte, dejó de exis-tir el 14 de agosto de 1931.

Encara cal apuntar una nova víctima del toreig en aquestsanys vint, la de Manuel Báez, Litri. Fou un torero de valor i unpunt d’honor gens comú, però sempre molt a mercé dels bous.En 1925 aconseguí l’Oreja de Oro de l’Asociación de la Prensa deMadrid i fins i tot s’intuí una competència amb CayetanoOrdóñez, el Niño de la Palma. L’11 de febrer de 1926 actuà aMàlaga en una correguda a la qual assistiren el rei Alfons XIII ila reina Victòria. El segon bou, Extremeño de nom, agafà greu-ment Litri. Davant la gravetat de la ferida se li hagué d’amputarla cama destrossada, però ni encara així pogué salvar la vida, imorí l’endemà. Manolo Litri fou un més que engrossí la llegendanegra dels toreros que prengueren l’alternativa el 28 de setembrea Sevilla: Joselito, Granero, Litri...

Un altre torero que cal ubicar en la dècada dels vint ésIgnacio Sánchez Mejías, tot i que el seu final es produïra enplena Edat d’Argent. Prengué l’alternativa de mans de Gallito,aleshores cunyat seu, en 1919, i la seua carrera estigué marca-da pel proteccionisme que li brindà el de Gelves. SánchezMejías, torero i escriptor, fou un vertader intel·lectual i arribàa estrenar obres de teatre. Arribà a ocupar un lloc de privilegigràcies a la influència del seu cunyat i el seu estil, en opiniódels revisters d’aleshores, era rude i groller, tot i que amb unaltíssim valor. Fou molt castigat pels bous i després d’algunsanys de retir tornà a les places sense les degudes condicionsfísiques. L’11 d’agost a Manzanares (Ciudad Real), l’agafà elbou Granadino, d’Ayala, que li inferí una cornada tan greu quemorí dos dies després.

Els darrers anys de la dècada dels vint també vénenmarcats per toreros com Nicanor Villalta, de Cretas (Terol),que en la seua època tallà més orelles a Madrid que qualsevolaltre espasa; Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma, “es deRonda y se llama Cayetano”, torero ferm i de temperament;Joaquín Rodríguez, Cagancho, la genialitat i la inspiració fetesart, de l’escàndol a la glòria, del turment a l’èxtasi. Gitanocom l’anterior i dotat d’un sentit artístic excepcional per atorejar amb la capa, fou Francisco Vega de los Reyes, Gitanillode Triana. Per desgràcia estigué quatre anys escassos com amatador, perquè, havent pres l’alternativa en 1927, fouenganxat mortalment a Madrid el 31 de maig de 1931.Després de dos mesos i mig de lluita amb la mort, deixà d’e-xistir el 14 d’agost de 1931.

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Ignacio Sánchez Mejías

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Pero ya se está gestando la Edad de Plata, pues en los tresúltimos años de la década de los 20 suben de escalafón toreroscomo Félix Rodríguez, el propio Cagancho, Vicente Barrera,Fermín Espinosa, Armillita Chico y Manolito Bienvenida. A ellos sesuman, a principios de los 30, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida,Victoriano de la Serna, Luis Gómez, el Estudiante, FernandoDomínguez y Rafael Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana.

De todos ellos, Bienvenida, Ortega, Barrera, son los tres quesuponen la mayor referencia del momento. No hay que olvidar aMarcial, que con mando en plaza significaba el general que trata-ba de evitar la sublevación de los jóvenes maestros. Marcial man-tendría su categoría, pero el mayor protagonismo ya es de los nue-vos matadores.

Es una época brillante en todos los aspectos. El públicoregresa a las plazas con el entusiasmo e ilusión de antaño. No seha olvidado, ni se olvidará jamás, de tragedias como las vividasen Talavera o Madrid, pero la aparición de los nuevos y prome-tedores matadores impone la renovación y recuperación quetanto se esperaba. Si el escalafón de espadas de alternativa aflo-ra con extraordinaria fuerza, no se puede decir menos del toro.Es el momento en que la ganadería brava alcanza también unalto grado de expresión. El toro es, si se quiere, más fiero quebravo, abundan los mansos, pero la intensidad y la emoción sonun plato que se sirve cada tarde en cada plaza, en cada corrida.Y el público es también, históricamente, el más entendido y, almismo tiempo, el más exigente. Una época, en fin, en la que haytoros, toreros y aficionados.

Y hablando de toreros, una vez más hay que acudir alsello intransferible que marca el estilo de las primeras figuras.La personalidad de cada uno de ellos los distingue, no hay dosiguales. Veamos:

Félix Rodríguez era el valor, la gracia, la alegría, la torería,todo ello unido estrechamente en un torero que reunía unas con-diciones excepcionales. Nacido en Santander, fue siempre consi-derado como valenciano al venir a vivir a Valencia con su familiaa muy corta edad. Pero esas condiciones de excepción de Félixchocaron frontalmente con una enfermedad que se le declarócuando estaba en lo más alto de su carrera. Su vida personal, aza-rosa y desordenada, fue la clave de que su carrera fuera más cortade lo deseado. Paralítico y convertido en un guiñapo humano,murió en 1943 tras largos años de sufrimiento.

Però ja està gestant-se l’Edat d’Argent, puix els tres últimsanys de la dècada dels vint pugen d’escalafó toreros com FélixRodríguez, el mateix Cagancho, Vicent Barrera, Fermín Espinosa,Armillita Chico i Manolito Bienvenida. A aquests se sumen a prin-cipi dels trenta Domingo Ortega, Pepe Bienvenida, Victoriano dela Serna, Luis Gómez, el Estudiante, Fernando Domínguez i RafaelVega de los Reyes, Gitanillo de Triana.

De tots aquests, Bienvenida, Ortega i Barrera són els tres quesignifiquen la referència més gran del moment. No s’ha d’oblidarMarcial, que amb comandament en plaça simbolitza el general quetractava d’evitar la sublevació dels jóvens mestres. Marcial man-tindria la seua categoria, però el protagonisme més gran ja és delsmatadors nous.

És una època brillant en tots els aspectes. El públictorna a les places amb l’entusiasme i la il·lusió d’abans. No sen’ha oblidat, ni se n’oblidarà mai, de tragèdies com les viscu-des a Talavera o Madrid, però l’aparició dels nous i promete-dors matadors imposa la renovació i la recuperació que tants’esperava. Si l’escalafó d’espases d’alternativa aflora amb unaforça extraordinària, no se’n pot dir menys del bou. És elmoment que la ramaderia brava arribà també a un alt graud’expressió. El bou és, si voleu, més ferotge que brau, abun-den els mansos, però la intensitat i l’emoció són un plat quese serveix cada vesprada en cada plaça, en cada correguda. Iel públic és també, històricament, el més entés i, al mateixtemps, el més exigent. Una època, en fi, en la qual hi ha bous,toreros i aficionats.

I parlant de toreros, una vegada més cal acudir al segellintransferible que marca l’estil de les primeres figures. La per-sonalitat de cada un d’ells els distingeix, no n’hi ha dos iguals.Vegem:

Félix Rodríguez era el valor, la gràcia, l’alegria, la toreria, totaixò unit estretament en un torero que reunia unes condicionsexcepcionals. Nascut a Santander, fou sempre considerat com avalencià pel fet de venir a viure a València amb la seua família ambben poca edat. Però aquestes condicions d’excepció de Félix xoca-ren frontalment amb una malaltia que se li declarà quan estava almés alt de la seua carrera. La seua vida personal, atzarosa i desor-denada, fou la clau que la seua carrera fóra més curta del que hau-ria sigut desitjable. Paralític i convertit en un drap, morí en 1943després de llargs anys de sofriment.

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El valenciano Vicente Barrera fue uno de los toreros másdominadores de la época. Dotado de un gran sentido lidiador, seconvirtió de inmediato en un muletero al que pocos toros se leresistían. Una de sus cualidades más conocidas, que no debe deninguna manera suplir las más interesantes de este torero, fue suespecial habilidad en el manejo del descabello. Barrera fue, trasGranero, la gran figura de Valencia.

Los dos líderes de esta época del toreo fueron ManolitoBienvenida y Domingo Ortega. Nada que ver el uno con el otro,pero dos grandes toreros. El primogénito del llamado Papa Negrofue un verdadero niño prodigio. Su toreo se sostenía en la cuerdadel estilo sevillano, alegre, dotado de una figura estilizada quesubrayaba un quehacer que entraba sin disimulo por la retina delos aficionados. Fue, además, torero de extenso repertorio, no enbalde bebió de la fuente inagotable de torería y recursos que elPapa Negro inculcó a todos sus hijos. En plena juventud, vivien-do su profesión en primerísima figura del toreo, le sobrevino unaenfermedad que acabó con su vida en 1938.

Y Domingo López Ortega, Domingo Ortega. La difícil faci-lidad. Nunca ha habido en la historia del toreo un espada quehiciera de la lidia una sucesión de actos tan sencillos, aparente-mente, para dominar a un astado. Ortega ha sido el paradigmadel dominio. A diferencia de otros diestros que también hanpasado a la historia de la tauromaquia como grandes domina-dores, la capacidad lidiadora de Ortega siempre estuvo basadaen la caricia, nunca utilizó la fuerza para hacerse con un toro.Su muleta era como una seda capaz de envolver la fiereza des-controlada de cualquier toro. Sin aspavientos, sin expresionesexageradas; con serenidad, con mimo, con sobriedad, iba pocoa poco conquistando la voluntad del animal. Fue, sin duda, lamáxima autoridad de su época.

Estos toreros fueron los verdaderos pilares de la llamadaEdad de Plata del toreo, pero la riqueza de ese tiempo tambiénse extiende sobre otros que, sin la fuerza de aquéllos, se mantu-vieron en un primer plano y fueron asiduos a las ferias másimportantes del momento.

De esta forma nos encontramos, por ejemplo, con PepeBienvenida, Victoriano de la Serna, Luis Gómez, el Estudiante,Fernando Domínguez y Rafael Vega de los Reyes, Gitanillo deTriana. Y de nuevo, el sello particular de cada uno de ellos losdistingue de forma patente. Pepote Bienvenida fue la profesiona-

El valencià Vicent Barrera fou un dels toreros més domina-dors de l’època. Dotat d’un gran sentit lidiador, es convertí deseguida en un muleter a qui pocs bous se li resistien. Una de lesqualitats més conegudes, que de cap de les maneres ha de suplirles més interessants d’aquest torero, fou la seua especial habilitaten el maneig de la rematada. Barrera fou, després de Granero, lagran figura de València.

Els dos líders d’aquesta època del toreig foren ManolitoBienvenida i Domingo Ortega. Res a veure l’un amb l’altre, peròdos grans toreros. El primogènit de l’anomenat Papa Negro fou unvertader xiquet prodigi. El seu toreig se sostenia en la corda de l’es-til sevillà, alegre, dotat d’una figura estilitzada que subratllava unquefer que entrava sense dissimulació per la retina dels aficionats.Fou, a més, un torero d’extens repertori, no debades begué de lafont inesgotable de toreria i recursos que el Papa Negro inculcà atots els seus fills. En plena joventut, vivint la seua professió en pri-meríssima figura del toreig, li sobrevingué una malaltia que acabàamb la seua vida en 1938.

I Domingo López Ortega, Domingo Ortega. La difícil faci-litat. Mai no ha hi hagut en la història del toreig un espasa quefera de la lídia una successió d’actes tan senzills, aparentment,per a dominar un bou. Ortega ha sigut el paradigma del domi-ni. A diferència d’altres destres que també han passat a la histò-ria de la tauromàquia com a grans dominadors, la capacitatlidiadora d’Ortega sempre estigué basada en la carícia, mai noutilitzà la força per a fer-se amb un bou. La seua muleta era comuna seda capaç d’embolcallar la ferocitat descontrolada de qual-sevol bou. Sense escarafalls, sense expressions exagerades; ambserenitat, amb mim, amb sobrietat, anava a poc a poc conquis-tant la voluntat de l’animal. Fou, sense dubte, la màxima auto-ritat de l’època.

Aquests toreros foren els veritables pilars de l’anomena-da Edat d’Argent del toreig, però la riquesa d’aquest tempstambé s’estén sobre altres que, sense la força d’aquells, es man-tingueren en un primer pla i foren assidus a les fires mésimportants del moment.

Així ens trobem, per exemple, amb Pepe Bienvenida,Victoriano de la Serna, Luis Gómez, el Estudiante, FernandoDomínguez i Rafael Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana. I denou, el segell particular de cada un d’ells els distingeix de mane-ra patent. Pepote Bienvenida fou la professionalitat i el perfecte

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lidad y el perfecto conocimiento de la lidia. Victoriano fue untorero imprevisible y un innovador. En sus tardes inspiradasnadie era capaz de torear como él lo hacía. Su estética cautivaba,pero la irregularidad fue su peor enemigo. La tarde del 25 dejulio de 1933 brindó en la plaza de Valencia un toro al pintorCarlos Ruano Llopis, y éste inmortalizó en un lienzo el famosopase de las flores. Victoriano, genial.

Luis Gómez, el Estudiante fue un torero con clase e inte-ligente y el vallisoletano Fernando Domínguez, sin rompernunca la barrera de un puesto de segunda fila, contó con elbeneplácito de los aficionados y críticos de la época. Fue unverdadero estilista con el capote, un exquisito, pero el corazónle fallaba en momentos clave, sobre todo a la hora de empuñarel estoque. Por la espada quedaron en el camino faenas quedebieron tener mayor resonancia. No se puede olvidar en esteperiodo del toreo a uno de los mejores toreros mexicanos queha dado la historia de aquel país, Fermín Espinosa, ArmillitaChico. De él se ha dicho que ha sido el torero más sabio y largoque ha dado México. Poseía un gran repertorio en el manejodel capote, era un elegante banderillero y muy notable mulete-ro. Torero, pues, muy completo. Sus primeras temporadas enEspaña no fueron muy convincentes, pero a partir de 1933 yhasta la ruptura del convenio hispano-mexicano, en 1936, fueconsiderado como otra de las figuras que brillaron especial-mente en los ruedos españoles.

En estas dos épocas tan brillantes, el toreo valencianotuvo una figura en cada una de ellas. Primero fue Granero, aun-que su proyección quedó cortada de raíz, y luego, VicenteBarrera. Entre uno y otro y después de éste, hay nombres que sibien no aparecen de forma muy destacada, sí merecen el recuer-do y reconocimiento de lo que fueron en una época en la queno había tiempo para relajarse. Ya hemos hablado de los queprecedieron a Barrera, les toca el turno a los que vinieron des-pués o junto a él. Así, Enrique Torres, al que de novillero se leauguraba un espléndido porvenir, fue en principio rival deBarrera en los ruedos. Pero aquellas perspectivas no se consoli-daron e incluso llegó a renunciar a su primera alternativa, paravolverla a tomar como recurso desesperado para salvar su bienganada reputación. Por su lado, Tomás Jiménez, natural deFoios, fue un matador apenas testimonial, aunque eso sí, tomóla alternativa de manos del genial Rafael el Gallo.

coneixement de la lídia. Fou un torero imprevisible i un innova-dor. Les vesprades inspirades ningú no era capaç de torejar comell ho feia. La seua estètica captivava, però la irregularitat en fouel pitjor enemic. La vesprada del 25 de juliol de 1933 brindà enla plaça de València un bou al pintor Carles Ruano Llopis, iaquest immortalitzà en una tela el famós pase de las flores.Victoriano, genial.

Luis Gómez, el Estudiante fou un torero amb classe iintel·ligent i el vallisoletà Fernando Domínguez, sense trencarmai la barrera d’un lloc de segona fila, comptà amb elbeneplàcit dels aficionats i dels crítics de l’època. Fou un ver-dader estilista amb la capa, un exquisit, però el cor li fallavaen els moments clau, sobretot a l’hora d’empunyar l’estoc. Perl’espasa quedaren en el camí faenes que degueren tenir unaressonància més gran. No pot oblidar-se en aquest període deltoreig un dels millors toreros mexicans que ha donat la histò-ria d’aquell país, Fermín Espinosa, Armillita Chico. D’ell s’hadit que ha sigut el torero més savi i llarg que ha donat Mèxic.Tenia un gran repertori en el maneig de la capa, era un ele-gant banderiller i un molt notable muleter. Torero, per tant,molt complet. Les seues primeres temporades a Espanya noforen molt convincents, però a partir de 1933 i fins a la rup-tura del conveni hispano-mexicà, en 1936, fou consideratcom una altra de les figures que brillaren especialment en lesplaces espanyoles.

En aquestes dues èpoques tan brillants, el toreig valenciàtingué una figura en cada una d’elles. Primer fou Granero, tot ique la seua projecció quedà tallada d’arrel, i després, VicentBarrera. Entre l’un i l’altre, i després d’aquest, hi ha noms quetot i no aparéixer de manera molt destacada, sí que mereixen elrecord i el reconeixement del que foren en una època on no hihavia temps per a relaxar-se. Ja hem parlat dels que precedirenBarrera, els toca el torn als que vingueren després o junt ambell. Així, Enric Torres, a qui de noveller se li augurava unesplèndid futur, fou en un principi rival de Barrera a les places.Però aquelles perspectives no es consolidaren i fins i tot arribàa renunciar a la seua primera alternativa, per a tornar-la a pren-dre com a recurs desesperat per a salvar la seua ben guanyadareputació. Per la seva banda, Tomàs Jiménez, natural de Foios,fou un matador a penes testimonial, tot i que, això sí, prenguél’alternativa de mans del genial Rafael el Gallo.

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A punto de ponerse fin a esta Edad de Plata del toreo, ace-lerada su desaparición por la guerra civil española, apareció RafaelPonce, Rafaelillo. De pequeña estatura pero un gigante ante lostoros, su nombre inspiró de inicio nuevas ilusiones. Las cornadasy la contienda civil frustraron la carrera de un torero que tenía eltoreo metido en la cabeza.

El paso de los años, sin duda, ha mitificado estas dos épo-cas. Son leyenda, pero también realidad. Es posible que nuncacomo entonces el toreo se haya vivido con tanta intensidad. Eranotros tiempos, sin duda. En el contexto socio-cultural y políticode aquella época, el toreo ocupaba un puesto de privilegio,donde el toro mostraba toda su pujanza e integridad y el torerofue más ídolo y héroe que nunca. Época, también, de gloria y demuerte. Tiempo en el que este arte se transformó y se dividiódefinitivamente: en el antes y el después de Belmonte.

Con la distancia que marca el transcurso de los años, nadieha osado quitar tales títulos a estos dos ciclos. Por algo será.

A punt de posar fi a aquesta Edat d’Argent del toreig, acce-lerada la seua desaparició per la guerra civil espanyola, apareguéRafael Ponce, Rafaelillo. De menuda estatura però un gegantdavant els bous, el seu nom inspirà d’inici noves il·lusions. Lescornades i la contesa civil frustraren la carrera d’un torero quetenia el toreig ficat al cap.

El pas dels anys, sens dubte, ha mitificat aquestes duesèpoques. Són llegenda, però també realitat. És possible que maicom aleshores el toreig s’haja viscut amb tanta intensitat. Erenaltres temps, sens dubte. En el context sociocultural i polític d’a-quella època, el toreig ocupava un lloc de privilegi, on el boumostrava tota la puixança i integritat i el torero fou més ídol iheroi que mai. Època, també, de glòria i de mort. Un temps enel qual el toreig es transformà i es dividí definitivament: abans idesprés de Belmonte.

Amb la distància que marca el transcurs dels anys, ningú hagosat llevar aquests títols als dos cicles esmentats. Per alguna cosa serà.

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Toreros en la galeríaToreros en la galeria

Concha Baeza

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El de Rafael Gómez es uno de los dos casos en el que vemosel estudio de Boldún convertido en plaza de toros. Un decoradoimita los límites de la arena dentro de la cual el divino Calvo ensayadiversas poses con el capote o la muleta. Hay incluso una imagen enla que tres personajes (admiradores del diestro, posiblemente miem-bros de la peña El Gallinero) asoman del otro lado del decorado,como si se encontraran en el callejón. La sesión se completa conotras poses en las que Rafael aparece tranquilo y sonriente, como eltriunfador que era, y vestido de calle, pero como aún mandaban loscánones de la torería: la bota bien ajustada, el sombrero de ala anchay la pechera rizada evitando la corbata. Después de todo, RafaelGómez, el Gallo fue un clásico. “Clásico como el más clásico... yromántico como ninguno” sentenció Don Pío. Y al decir romántico,su biógrafo quería decir inspirado, pero también desordenado eimpredecible.

Nacido en 1882, Rafael Gómez Ortega era hijo del diestrodon Fernando Gómez, Gallo y tuvo por tío a otro Gallito que fuebanderillero de Lagartijo. Por parte de madre, los parentescos tauri-nos se multiplicaban y, por si eso no fuera suficiente, lo llevó a la pilabautismal el entonces empresario de la plaza de toros de Madrid.Aunque su hermano menor no hubiera sido el gran Joselito, pareceque el destino taurino del niño era poco menos que inevitable.

A los trece años comenzó su andadura profesional en unacuadrilla de niños sevillanos y, cuando inició su carrera en solita-rio como novillero, llevó de la mano los éxitos y los escándalos. Secuenta que en sus comienzos, en 1899, actuando en Sevilla y des-pués de haber brindado su novillo, se negó a matarlo. Acabó en lacárcel, pero esta circunstancia no impidió que dos empresas (la deCádiz y la de Sanlúcar) pujaran por su presencia en las respectivasplazas y que el jugoso contrato final se firmara entre rejas.

Tomó la alternativa en 1902 y hasta 1918 alternó ese toreopersonalísimo, afiligranado y hermoso con tardes protagonizadaspor las espantás más ridículas, a pesar de lo cual recibió la devo-ción más rendida y fue dueño de una enorme fama acrecentadapor su prodigalidad, su simpatía y por haber contraído matrimo-nio con la no menos famosa Pastora Imperio.

Retirado en 1918, volvió a los ruedos en temporadas tanirregulares como bien pagadas que se extendieron hasta 1934.

El de Rafael Gómez és un dels dos casos en què veiem l’es-tudi fotogràfic de Boldún convertit en plaça de bous. Un decoratimita els límits de l’arena dins la qual el divino Calvo assaja diver-ses poses amb la capa o la muleta. Hi ha fins i tot una imatge enquè tres personatges (admiradors del destre, possiblement mem-bres de la penya El Galliner) es mostren de l’altre costat del deco-rat, com si es trobaren en el carreró. La sessió es completa ambaltres poses en les quals Rafael apareix tranquil i somrient, comel triomfador que era, i vestit de carrer, però com encara mana-ven els cànons de la toreria: la bota ben ajustada, el barret d’alaampla i la pitrera cargolada evitant la corbata. Després de tot,Rafael Gómez, el Gallo va ser un clàssic. “Clásico como el más clá-sico... y romántico como ninguno”, sentencià Don Pío. I en dirromàntic, el seu biògraf volia dir inspirat, però també desorde-nat i impredicible.

Nascut el 1882, Rafael Gómez Ortega era fill del destreFernando Gómez, Gallo i tingué per oncle un altre Gallito que vaser banderiller de Lagartijo. Per part de mare, els parentius taurinses multiplicaven i, per si això no fóra suficient, el dugué a la picabaptismal l’aleshores empresari de la plaça de bous de Madrid.Encara que el seu germà menor no haguera sigut el gran Joselito,sembla que el destí taurí del xiquet era poc menys que inevitable.

Als tretze anys començà el seu camí professional en una qua-drilla de xiquets sevillans i, quan inicià la seua carrera en solitaricom a noveller, dugué de la mà els èxits i els escàndols. Es conta queen els seus començaments, el 1899, actuant a Sevilla i després d’ha-ver brindat el seu novell, es negà a matar-lo. Acabà en la presó, peròaquesta circ*mstància no impedí que dues empreses (la de Cadis ila de Sanlúcar) licitaren per la seua presència en les places respecti-ves i que el suculent contracte final es firmara entre reixes.

Va prendre l’alternativa el 1902 i fins al 1918 alternà aqueixtoreig personalíssim, filigranat i bell amb vesprades protagonitza-des per les espantás més ridícules, a pesar de la qual cosa va rebrela devoció més rendida i va gaudir d’una gran fama incrementadaencara més per la seua prodigalitat, la seua simpatia i pel fet d’ha-ver-se casat amb la no menys famosa Pastora Imperio.

Retirat el 1918, tornà a torejar en temporades tan irregularscom ben pagades que s’estengueren fins al 1934.

Rafael Gómez Ortega, el Gallo

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El caballero que posa con bastón, corbata de lazo y canotierpodría pasar por actor o estrella del bel canto. Pero no es un hom-bre de escenarios, sino una leyenda que llevó a los ruedos esa mismaelegancia que derrocha en las fotografías: Rodolfo Gaona y Jiménez,mexicano de León de los Aldamas, nacido en 1888 y consideradoen su época uno de los mitos del toreo. Precisamente estaba sabore-ando su fama de maestro (en torno a 1918 o 1920) cuando pasó porla antigua Casa García. Allí posó con la seguridad y el señorío dequien no tiene que vestirse de luces para demostrar que es torero.

Rodolfo Gaona dio sus primeros pases en la escuela taurinaque, en su localidad natal, había establecido Ojitos, un antiguo ban-derillero de Frascuelo. Viendo cómo el muchacho destacaba de entresus compañeros, el maestro se convirtió en su guía. Le proporcionóentrenamiento y, cuando lo consideró preparado, lo acompañó aMadrid. Su intención era que Gaona tomara la alternativa en la capi-tal pero, a pesar de sus empeños, Ojitos no conseguía convencer a laempresa madrileña. Para lograr apoyos, organizó para el joven vein-teañero un festival privado en una placita de Puerta de Hierro invi-tando para la ocasión a los personajes más influyentes de la ciudad.Gaona convenció al público, pero el antiguo banderillero no logróque la empresa cediera, de modo que el mexicano se doctoró a dospasos de la capital, en el muy histórico coso de Tetuán de lasVictorias el 31 de mayo de 1908. El éxito fue tan rotundo que, esamisma temporada, Gaona actuó en importantes plazas de España y,por supuesto, en la de Madrid, donde confirmó su alternativa.

La afición se rindió ante el ímpetu, la juventud y el arte quevenían de México justo en el momento en que Fuentes vivía suocaso y Bombita y Machaquito estaban consagrados, de modo quesus primeras temporadas significaron un triunfo tras otro, pasan-do los veranos en España y los inviernos en América. Su nombrellegó a considerarse indispensable en el abono de Madrid y tuvomuchas tardes de gloria, como las corridas de la feria de Pamplonade 1914, donde cortó las orejas a casi todos sus toros.

Alternó mucho con Joselito y Belmonte y hubo una tempo-rada en que Belmonte estuvo deslucido y el público gritaba “losdos solos”, en referencia al menor de los Gallo y a Gaona. Pero fueprecisamente la presencia de estos dos gigantes del toreo lo queeclipsó su carrera y paso a la historia.

El cavaller que posa amb bastó, corbata i canotier podriapassar per actor o estrella del bel canto. Però no és un home d’es-cenaris, sinó una llegenda que dugué a les places aqueixa mateixaelegància que mostra en les fotografies: Rodolfo Gaona y Jiménez,mexicà de León de los Aldamas, nascut el 1888 i considerat en laseua època un dels mites del toreig. Precisament estava assaborintla seua fama de mestre (al voltant de 1918 o 1920) quan passà perl’antiga Casa García. Hi posà amb la seguretat i el senyoriu de quino ha de vestir-se de llums per a demostrar que és torero.

Rodolfo Gaona féu les primeres passes en l’escola taurinaque, en la seua localitat natal, havia establit Ojitos, un antic bande-riller de Frascuelo. En veure com el xicot destacava entre els seuscompanys, el mestre es convertí en el seu guia. Li proporcionàentrenament i, quan el considerà preparat, l’acompanyà a Madrid.La seua intenció era que Gaona prenguera l’alternativa en la capital,però, a pesar de les seues diligències, no aconseguia convéncerl’empresa madrilenya. Per a aconseguir suports, organitzà per aljove un festival privat en una placeta de Puerta de Hierro i invità pera l’ocasió els personatges més influents de la ciutat. Gaona va con-véncer el públic, però l’antic banderiller no aconseguí que l’empre-sa cedira, de manera que el mexicà es doctorà a dues passes de lacapital, en la molt històrica plaça de Tetuán de las Victorias el 31 demaig de 1908. L’èxit va ser tan rotund que, en aqueixa mateixa tem-porada, Gaona actuà en importants places d’Espanya i, és clar, en lade Madrid, on confirmà la seua alternativa.

L’afició es rendí davant l’ímpetu, la joventut i l’art quevenien de Mèxic just en el moment en què Fuentes vivia el seuocàs i Bombita i Machaquito estaven consagrats, de forma que lesseues primeres temporades significaren un triomf rere un altre, ipassava els estius a Espanya i els hiverns a Amèrica. El seu nomarribà a considerar-se indispensable en l’abonament de Madrid itingué moltes vesprades de glòria, com les corregudes de la fira dePamplona de 1914, on tallà les orelles a quasi tots els seus bous.

Alternà molt amb Joselito i Belmonte i hi hagué una tempo-rada en què Belmonte estigué deslluït i el públic cridava «los dossolos», en referència al menor dels Gallo i a Gaona. Però va serprecisament la presència d’aquests dos gegants del toreig el queeclipsà la seua carrera i pas a la història.

Rodolfo Gaona y Jiménez

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Este madrileño, inmortalizado por la química en el estudiode Boldún, posa sonriente pero poco convencido ante la cámaradespués de muchos años de profesión. Una profesión que le pro-porcionó escasos momentos de gloria y un largo olvido.

Gregorio Taravillo y Amorós, Platerito nació en Madrid el 4de junio de 1882 y, desde que era muy niño, recorrió capeas ynovilladas en los alrededores de la capital. A los 16 años consiguióvestirse de luces, actuando como banderillero del novillero JuanPedro Esteras en Cebreros (Ávila) un festivo 15 de agosto de 1898.El resto del año debió de tener buena suerte porque, al iniciarse1899, se presentó en Madrid, donde estoqueó con éxito dos novi-llos y consiguió pasaporte para las plazas de capitales de provincia.

Pronto ganó cierta fama de valiente, pues entraba a matarcon enorme decisión a pesar de su escasa estatura, y gracias a ello,vivió unos años con relativa fortuna como novillero. Llevaba en sucategoría toda una década cuando decidió doctorarse: Algabeño ledio la alternativa en Cartagena el 1 de agosto de 1909.

Pero los tiempos y los gustos estaban cambiando y en sunueva categoría no consiguió contratos, de modo que renunció ala alternativa y volvió a matar como novillero. Sin embargo notuvo fortuna. Ya no contaba con el brío, la decisión y el pundonorde sus primeros años y, en su marcha atrás, las empresas impor-tantes tampoco lo contrataron como novillero, de modo que vol-vió a actuar a las mismas plazas en las que toreó cuando comen-zaba. Excepción a este triste olvido fue su presencia en Valencia enagosto de 1916, probablemente las mismas fechas en que Boldúnlo retrató para la historia.

Aquest madrileny, immortalitzat per la química en l’estudide Boldún, posa somrient però poc convençut davant la càmeradesprés de molts anys de professió. Una professió que li propor-cionà escassos moments de glòria i un llarg oblit.

Gregorio Taravillo y Amorós, Platerito va nàixer a Madrid el4 de juny de 1882 i, des que era molt menut, recorregué corre-bous i novellades pels voltants de la capital. Als 16 anys aconseguívestir-se de llums i actuà com a banderiller del noveller Juan PedroEsteras a Cebreros (Àvila) un festiu 15 d’agost de 1898. La resta del’any degué tindre bona sort perquè, en començar 1899, es pre-sentà a Madrid, on estoquejà amb èxit dos novells i aconseguí pas-saport per a les places de capitals de província. Aviat guanyà certafama de valent, ja que entrava a matar amb enorme decisió a pesarde la seua escassa estatura, i, gràcies a això, va viure uns anys ambrelativa fortuna com a noveller. Duia en la seua categoria tota unadècada quan decidí doctorar-se: Algabeño li donà l’alternativa aCartagena l’1 d’agost de 1909.

Però els temps i els gustos estaven canviant i en la seuanova categoria no aconseguí contractes, així que renuncià a l’al-ternativa i tornà a matar com a noveller. Tanmateix no tinguéfortuna. Ja no tenia la força, la decisió i el punt d’honor dels seusprimers anys i, en la seua marxa arrere, les empreses importantstampoc el contractaren com a noveller, de manera que tornà aactuar a les mateixes places en què torejà quan començava.Excepció a aquest trist oblit va ser la seua presència a Valèncial’agost de 1916, probablement les mateixes dates en què Boldúnel retratà per a la història.

Gregorio Taravillo y Amorós, Platerito

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De la larga estirpe taurina de los Gallo nació en Gelves(Sevilla), en 1895, Joselito, el rey del toreo. Un rey indiscutido yque actuó como los reyes de leyenda: asumió su superioridad desdeniño, reunió en su persona toda la tradición precedente y, actuan-do con sabiduría, aprendiendo de quien se suponía era su enemi-go, hizo más grande la fiesta y la introdujo en la modernidad.

Sin embargo, todos sus biógrafos coinciden en afirmar quetenía la sonrisa triste. Y hemos de creer su tendencia a la melan-colía a juzgar por el rostro que captó Boldún con su cámara. No,no es la de Joselito una sonrisa de quien se encuentra satisfechopor haber derrotado a todos sus enemigos; hay en su gesto algo detimidez y quizá también de hastío. Posa para el retratista indolen-te, dejándose hacer, como cansado de que sus admiradores (tanrendidos y tan ajenos a un tiempo) le rindan pleitesía mientras élvive solo en la cumbre.

Para cuando se hizo estas fotografías en Valencia, en la rectafinal de los años diez, Joselito lleva todo el toreo del mundo a cues-tas. Había debutado a los doce años de edad capitaneando la cuadri-lla de los niños sevillanos y a los trece, ejerciendo como empresarioy líder del mismo grupo, le había escrito a su madre diciéndole quele dejara continuar en los ruedos “porque se me pasa la edad”. Antesde doctorarse en 1912, ya han escuchado sus oídos los mejores hala-gos incluyendo que él es la reencarnación de Lagartijo. Pero, cuandoparece que este hombre lo sabe todo y lo ha ganado todo, surge unterremoto llamado Belmonte, que desprecia la ortodoxia tanto comosu propia integridad y que es seguido por una legión de aficionados.Entre los años 1914 y 1920, el pequeño de los Gallo y el Pasmo deTriana viven enzarzados en una competencia creada por los aficiona-dos, amplificada por las revistas taurinas y fomentada por las empre-sas. Una competencia en la que Gallito enseña maestría y aprende desu rival un nuevo estilo que engrandece definitivamente su arte. Unacompetencia que une en la cumbre a los supuestos rivales y queacaba haciendo al público cada día más exigente.

Es, precisamente, el cansancio que le provoca la actituddel público (sobre todo el de las grandes plazas) lo que le lleva aproponerse él mismo para la terna de Talavera el 16 de mayo de1920. Allí le segó la vida el quinto toro, un cinqueño mulato denombre Bailaor.

De la llarga estirp taurina dels Gallo va nàixer a Gelves(Sevilla), el 1895, Joselito, el rei del toreig. Un rei indiscutit i queactuà com els reis de llegenda: va assumir la seua superioritat desde xiquet, reuní en la seua persona tota la tradició precedent i,actuant amb saviesa, aprenent de qui se suposava era el seu enemic,va fer més gran la festa i la va introduir en la modernitat.

Tanmateix, tots els seus biògrafs coincideixen a afirmarque tenia el somriure trist. I hem de creure la seua tendència a lamalenconia a jutjar pel rostre que captà Boldún amb la seuacàmera. No, no és el de Joselito un somriure de qui es troba satis-fet per haver derrotat tots els seus enemics; hi ha en el seu gestalguna cosa de timidesa i potser també de fàstic. Posa per alretratista indolent, deixant-se fer, com cansat que els seus adora-dors (tan rendits i tan aliens alhora) li reten homenatge mentreell viu sol en el cim.

Per quan es féu aquestes fotografies a València, en la rectafinal dels anys deu, Joselito du tot el toreig del món al damunt.Havia debutat als dotze anys d’edat capitanejant la quadrilla delsxiquets sevillans i als tretze, exercint com a empresari i líder delmateix grup, li havia escrit a sa mare dient-li que el deixara con-tinuar en les places “porque se me pasa la edad”. Abans de docto-rar-se el 1912, ja han escoltat les seues oïdes els millors afalacsincloent que ell és la reencarnació de Lagartijo. Però, quan sem-bla que aquest home ho sap tot i ho ha guanyat tot, sorgeix unterratrèmol anomenat Belmonte, que menysprea l’ortodòxia tantcom la seua pròpia integritat i que és seguit per una legió d’afi-cionats. Entre els anys 1914 i 1920, el menut dels Gallo i elPasmo de Triana viuen una competència creada pels aficionats,amplificada per les revistes taurines i fomentada per les empre-ses. Una competència en la qual Gallito ensenya mestria i apréndel seu rival un nou estil que engrandeix definitivament el seuart. Una competència que uneix en el cim els suposats rivals ique acaba fent el públic cada vegada més exigent.

És, justament, el cansament que li provoca l’actitud delpúblic (sobretot el de les grans places) el que el du a propo-sar-se ell mateix per a la terna de Talavera el 16 de maig de1920. Allí li segà la vida el quint bou, un cinqueño mulat denom Bailaor.

José Gómez Ortega, Joselito

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Aquest home de faccions grans, delineades i encara exage-rades per la llum del retrat, aquest personatge que posa amb certasorpresa i que en una instantània assaja amb poc èxit un somriu-re és Juan Belmonte, anomenat el Terremoto i el Pasmo de Triana.És l’autor d’una revolució que suposà un abans i un després deltoreig i aquestes fotografies es van prendre, molt probablement,quan protagonitzava junt amb Joselito el que els historiadors ano-menen l’Edat d’Or del toreig. Estava fent història i, tanmateix, lesimatges no recullen aqueix port que se suposava a l’antic torero,no posa amb la prestància del triomfador, sinó que demostra serio-sitat, certa incomoditat i fins un poc de cansament davant la càme-ra. ¿Potser el pes de la porpra? ¿Potser l’exigència d’una afició queja no és incondicional?

Nascut a Sevilla el 1892 i criat a Triana, Juan Belmonte espresenta el 1912, i és la plaça de València la que llança la notíciaal món taurí: el noveller ompli la plaça d’estupor. No ix a domi-nar el bou sinó a reinventar el toreig, imposant el seu estil i realit-zant les passades a una distància mai no vista fins aleshores. Ésdesmanegat, la seua figura es descompon fins a deformar les pas-sades, però l’efecte és d’un patetisme sorprenent. És dramàtic idesesperat. És electritzant.

L’estil particular i herètic del noveller conquista els intel·lec-tuals i la seua ascensió instantània de peó a estrella admira alpoble. Front a ell, és clar, s’alineen els amants de l’ortodòxia i, coma tals, els seguidors de Joselito. I així es formen (una vegada més)dues aficions irreconciliables, circ*mstància que aprofiten elsempresaris fent alternar els destres una vegada i una altra des del’alternativa de Belmonte el 1914.

Però al llarg d’aquests duels, en lloc de topades, naix una sin-cera amistat i es produeix un eficaç trasvassament de qualitats entreels dos destres. I quan Belmonte comença a dominar la tècnica, elseu art s’ageganta. Domina en l’arena, però no per a fer el toreigdefensiu que es requeria fins a aqueix moment, sinó per a exposarel seu cos a les banyes en un toreig lent i de plasticitat única.

La mort del seu rival el 1920 el deixa sol davant la seua prò-pia afició, que troba a faltar el tremendisme d’altres temps. Sent (iaixí ho confessa) cansament i desànim i el 1921 abandona el toreigper a regressar només breument el 1924, animat per Sánchez Mejías.

Este hombre de facciones grandes, delineadas y aún exage-radas por la luz del retrato, este personaje que posa con ciertoasombro y que en una instantánea ensaya con poco éxito una son-risa es Juan Belmonte, llamado el Terremoto, el Pasmo de Triana.Es el autor de una revolución que supuso un antes y un despuésdel toreo y estas fotografías se tomaron, muy probablemente,cuando protagonizaba junto a Joselito lo que los historiadores lla-man la Edad de Oro del toreo. Estaba haciendo historia y, sinembargo, las imágenes no recogen ese porte que se suponía al anti-guo torero, no posa con el empaque del triunfador, sino quedemuestra seriedad, cierta incomodidad y hasta algo de cansancioante la cámara. ¿Quizá el peso de la púrpura? ¿Quizá la exigenciade una afición que ya no es incondicional?

Nacido en Sevilla en 1892 y criado en Triana, JuanBelmonte se presenta en 1912, y es el coso de Valencia el que lanzala noticia al orbe taurino: el novillero llena la plaza de estupor. Nosale a dominar al toro sino a reinventar el toreo, imponiendo suestilo y realizando los pases a una distancia nunca vista hastaentonces. Es desgarbado, su figura se descompone hasta deformarlos pases, pero el efecto es de un patetismo asombroso. Es dramá-tico y desesperado. Es electrizante.

El particular y herético estilo del novillero conquista a losintelectuales y su ascensión instantánea de peón a estrella, admiraal pueblo. Frente a él, por supuesto, se alinean los amantes de laortodoxia y, como tales, los seguidores de Joselito. Y así se forman(una vez más) dos aficiones irreconciliables, circunstancia queaprovechan los empresarios haciendo alternar a los diestros una yotra vez desde la alternativa de Belmonte en 1914.

Pero a lo largo de estos duelos, en lugar de encontronazos, naceuna sincera amistad y se produce un eficaz trasvase de cualidadesentre los dos diestros. Y cuando Belmonte comienza a dominar la téc-nica, su arte se agiganta. Domina en la arena, pero no para hacer eltoreo defensivo que se requería hasta ese momento, sino para expo-ner su cuerpo a las astas en un toreo lento y de plasticidad única.

La muerte de su rival en 1920 lo deja solo ante su propia afi-ción, que echa en falta el tremendismo de otros tiempos. Siente (y asílo confiesa) cansancio y desánimo y en 1921 abandona el toreo sólopara regresar brevemente en 1924, animado por Sánchez Mejías.

Juan Belmonte

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Encara que semble el contrari, l’elegant vestimenta amb quèposa el cavaller de la fotografia és un vestit de torejar. PerquèRafael Dutrús va eixir d’aquesta manera a les arenes incomptablesvesprades i nits, i d’aquesta manera passà a la història com un delsgrans noms del toreig buf, com el creador de l’espectacle còmico-taurí-musical.

Rafael Dutrús, valencià de Xest nascut el 1892, va voler sertorero, però ni la sort ni la seua llarga figura l’ajudaren a complirel seu somni. Diuen que les riallades que eixien de les grades quanintentava qualsevol faena eren desencoratjadores, malgrat la qualcosa (o potser per això mateix) el jove decidí que la rialla seria elseu futur. No era el primer torero frustrat que seguia aquest camí,però si en açò no va ser original, sí que va imprimir un toc mestreen la seua forma de presentar-se.

El vell toreig buf expressat en pantomimes es trobavaexhaurit al començament del segle XX: títols repetit*, acudits cone-guts... La sorpresa va ser majúscula quan, el 1914, durant unajonegada organitzada en la plaça de bous de València pel periòdicLa Vieja, saltà a l’arena aquest curiós personatge amb frac i copal-ta fent-se dir Llapissera en al·lusió a la seua llarga figura.

A partir d’aqueixa vesprada, el que aconseguí el jove va sermolt: reinventà el gènere còmic. No oferí un sol títol nou, sinóque, recollint tota la tradició, va fer un únic espectacle, un conti-nu d’acudits en el qual no faltaren els personatges d’altres temps,però amb un nou sentit: tot girava al voltant de Llapissera i, a par-tir de l’any 1916, de Charlot (Manolo Tusquellas) i el seu Botones.Junt amb ells, l’elegant còmic recollí com a fruit del seu atrevimentuna llarguíssima llista de contractes i un públic cada vegada mésnombrós. Això l’animà a tornar al toreig seriós, i es presentà ambbons resultats com a noveller. Però va ser un pas fugaç i tornà alterreny que l’havia fet famós.

La seua fórmula, consistent a mig torejar amb la capa, boxe-jar, clavar banderilles, hipnotitzar i matar els jònecs a estoc “ambtota equitat” (com deien els seus cartells), cristal·litzà prompte i vafer créixer una legió de seguidors. Això no li restà protagonismedurant molts anys i es convertí en empresari i en l’elegant cavallerque, ja en els anys trenta, posà amb les seues millors gales (quetambé són el seu uniforme de treball) en la galeria de Boldún.

Aunque parezca lo contrario, el elegante atuendo con el queposa el caballero de la fotografía es un vestido de torear. PorqueRafael Dutrús salió de esta guisa a los ruedos incontables tardes ynoches, y de esta guisa pasó a la historia como uno de los grandesnombres del toreo bufo, como el creador del espectáculo cómico-taurino-musical.

Rafael Dutrús, valenciano de Cheste nacido en 1892, quisoser torero, pero ni la suerte ni su larga figura le ayudaron a cum-plir su sueño. Dicen que las risotadas que salían de los tendidoscuando intentaba cualquier faena eran desalentadoras, a pesar delo cual (o quizá por ello mismo) el joven decidió que la risa seríasu futuro. No era el primer torero frustrado que seguía este cami-no, pero si en esto no fue original, sí que imprimió un toque maes-tro en su forma de presentarse.

El viejo toreo bufo expresado en pantomimas se encontrabaagotado a principios del siglo XX: títulos repetidos, chistes conoci-dos... La sorpresa fue mayúscula cuando, en 1914, durante unabecerrada organizada en la plaza de toros de Valencia por el periódi-co La Vieja, saltó al ruedo este curioso personaje con frac y sombre-ro de copa haciéndose llamar Llapisera en alusión a su larga figura.

A partir de esa tarde, lo que consiguió el joven fue mucho:reinventó el género cómico. No ofreció un solo título nuevo sinoque, recogiendo toda la tradición, hizo un único espectáculo, uncontinuo de chistes en el que no faltaron los personajes de otrostiempos, pero con un nuevo sentido: todo giraba alrededor deLlapisera y, a partir de 1916, de Charlot (Manolo Tusquellas) y suBotones. Junto a ellos, el elegante cómico recogió una larguísimalista de contratos y un público cada vez más numeroso. Esto loanimó a volver al toreo serio, presentándose con buenos resultadoscomo novillero. Pero fue un paso fugaz, volviendo al terreno que lohabía hecho famoso.

Su fórmula, consistente en capear, boxear, banderillear, hip-notizar y matar a los becerros a estoque “con toda equidad” (comodecían sus carteles), cristalizó pronto, haciendo crecer una legiónde seguidores. Esto no le restó protagonismo durante muchosaños, convirtiéndose en empresario y en el elegante caballero que,ya en los años treinta, posó con sus mejores galas (que tambiénson su uniforme de trabajo) en la galería de Boldún.

Rafael Dutrús Llapisera

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En la colección de Boldún se conservan dos negativoscorrespondientes a este matador nacido en 1891 en Calatayud(Zaragoza). En una de las imágenes, el torero se presenta de mane-ra relativamente convencional, mientras que, en la otra, el retrata-do ensaya un gesto que a duras penas puede ser interpretadocomo una sonrisa. Dice la historia que carecía de simpatía perso-nal fuera de la plaza y que, dentro de ella, era seco y duro, inclu-so sin gracia, aunque siempre valeroso, honrado, serio, enterado yeficaz. Lamentablemente, estas cualidades no siempre le fueronrecompensadas por la afición.

El aragonés comenzó pronto su carrera taurina y lo hizocomo banderillero en una cuadrilla de niños toreros de Éibar.Poniendo banderillas le llegó su primera gran oportunidad: selució en Madrid en 1913, concretamente en una novillada paraAlgabeño II, Llavero y Pastoret. Aprovechando esta circunstancia,Nacional comenzó una interesante carrera en el escalafón inferior.Desde su cita madrileña y hasta 1917 logró tener un gran cartel yconsiguió ser novillero puntero en alguna temporada, ofreciendoal público su receta taurina: bueno con el capote, bueno con lamuleta y certero con el estoque. Eso, y mano izquierda. Todo esta-ba preparado para que tomara la alternativa, que le dio RodolfoGaona en Madrid en mayo de 1919.

El de Calatayud comenzó bien su carrera como doctor,pero las mismas características que le habían avalado como novi-llero, esa forma de arrimarse a los toros, fueran buenos o malos,no parecía suficiente para conseguir contratos durante la tempo-rada de 1919. La competencia entre Belmonte y Joselito estabadejando a muchos buenos toreros fuera de cartel. Anlló fue unade las víctimas.

Sin embargo, la muerte del pequeño de los Gallo y la retira-da de Belmonte no mejoraron su posición. Porque su arte, suforma de torear seguían presentes, pero los gustos del públicohabían cambiado. Se retiró en agosto de 1927.

En la col·lecció de Boldún es conserven dos negatiuscorresponents a aquest matador nascut el 1891 a Calatayud(Saragossa). En una de les imatges, el torero es presenta demanera relativament convencional, mentre que, en l’altra, elretratat assaja un gest que amb prou d’esforç pot ser interpre-tat com un somriure. Diu la història que li faltava simpatia per-sonal fora de la plaça i que, dins d’ella, era sec i dur, fins i totsense gràcia, encara que sempre valent, honrat, seriós, assenyati eficaç. Lamentablement, aquestes qualitats no sempre li forenrecompensades per l’afició.

L’aragonés començà prompte la seua carrera taurina i ho féucom a banderiller en una quadrilla de xiquets toreros d’Éibar.Posant banderilles li arribà la seua gran oportunitat: es lluí aMadrid el 1913, concretament en una novellada per a Algabeño II,Llavero i Pastoret. Aprofitant aquesta circ*mstància, Nacionalcomençà una interessant carrera en l’escalafó inferior. Des de laseua cita madrilenya i fins a 1917 aconseguí tindre un gran cartelli aconseguí ser noveller sobresortint en alguna temporada, oferintal públic la seua recepta taurina: bo amb la capa, bo amb la mule-ta i precís amb l’estoc. Això, i mà esquerra. Tot estava preparat per-què prenguera l’alternativa, que li donà Rodolfo Gaona a Madridel maig de 1919.

El de Calatayud començà bé la seua carrera com a doctor,però les mateixes característiques que l’havien avalat com anoveller, aqueixa forma d’acostar-se als bous, foren bons odolents, no semblava suficient per a aconseguir contractesdurant la temporada de 1919. La competència entre Belmonte iJoselito estava deixant molts bons toreros fora de cartell. Anllóen fou una de les víctimes.

Tanmateix, la mort del menut dels Gallo i la retirada deBelmonte no milloraren la seua posició. Perquè el seu art, la seuaforma de torejar continuaven presents, però els gustos del públichavien canviat. Es retirà l’agost de 1927.

Ricardo Anlló Nacional

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Seguro, orgulloso, con porte torero y con joyas de triunfa-dor (sortija, gemelos, pasador de corbata): así se presenta Varelitoen las fotografías que se hizo en el estudio de Boldún. En una deellas con cigarrillo humeante entre las manos y tocado con som-brero; en todas vestido de calle. Y eso que él, al decir de las cróni-cas, fue uno de los últimos toreros en vestirse de corto con fre-cuencia para prolongar su profesión más allá del coso.

Manuel Varés García, sevillano del barrio de Triana, nacidoen 1893 y contemporáneo y vecino de Joselito y Belmonte, sufriócomo tantos otros la dificultad de hacerse un hueco cuando losdos grandes monstruos inundaron el mundo del toro con su pre-sencia. Pero supo salir adelante.

Como otros chavales de su época, Varelito se había iniciadoen una cuadrilla de niños toreros y, cuando ya tenía 20 años, logrópresentarse como novillero. Con dificultades ese año de 1912 ycon mejor fortuna en las temporadas siguientes, el trianero se fuehaciendo notar gracias a una personalidad torera en la que desta-caba de forma singular su manera de estoquear, descubriendo enla suerte un nuevo sabor, un estilo diferente. De hecho, cuando enseptiembre de 1918 recibió la alternativa en Madrid, la forma enla que realizó la suerte al volapié fue argumento suficiente paraatraer hacia sí la atención de un público pendiente de Joselito, quetambién actuaba aquella tarde. A esa temporada siguieron algunasotras en las que demostró una gracia suficiente y un valor a todaprueba que le acarreó varias cogidas serias. También dejó claro,según comentario de Cossío, que más que un matador eficaz él era“un estilista de la suerte”, comentando el historiador que hasta suspinchazos eran aplaudidos. Aunque esto sucediera en ocasiones,sobre todo en los años en los que se produjo el fervor más abso-luto por el estilismo, Varelito no siempre contó con el favor de unpúblico que cada día exigía más a los matadores, recibiendo másde una bronca del respetable. La última de ellas la sufrió el 21 deabril de 1922 en su tierra, en Sevilla, cuando se enfrentaba al quin-to de la tarde. Quiso acallar las voces disonantes al entrar a matarpero, a la salida de la suerte, recibió una gravísima cornada. Muriótras casi un mes de sufrimiento.

Segur, orgullós, amb actitud torera i amb joies de triomfa-dor (anell, botons de puny, passador de corbata): així es presentaVarelito en les fotografies que es va fer en l’estudi de Boldún. Enuna d’elles amb cigarreta fumejant entre les mans i amb barret; entotes vestit de carrer. I això que ell, segons diuen les cròniques, vaser un dels últims toreros que es va vestir de curt amb freqüènciaper a prolongar la seua professió més enllà de la plaça.

Manuel Varés García, sevillà del barri de Triana, nascut el1893 i contemporani i veí de Joselito i Belmonte, patí com tantsaltres la dificultat de fer-se un lloc quan els dos grans monstresinundaren el món del bou amb la seua presència. Però va sabereixir endavant.

Com altres joves de la seua època, Varelito s’havia iniciat enuna quadrilla de xiquets toreros i, quan ja tenia 20 anys, aconse-guí presentar-se com a noveller. Amb dificultats aqueix any de1912 i amb millor fortuna en les temporades següents, el trianeres va anar fent notar gràcies a una personalitat torera en la qualdestacava de manera singular la seua forma d’estoquejar, desco-brint en la sort un nou sabor, un nou estil. De fet, quan el setem-bre de 1918 va rebre l’alternativa a Madrid, la forma en què rea-litzà la sort al volapeu va ser argument suficient per a atraure capa ell l’atenció d’un públic pendent de Joselito, que també actuavaaquella vesprada. A aqueixa temporada seguiren algunes altres enquè demostrà una gràcia suficient i un valor a tota prova que liocasionà diverses enganxades serioses. També deixà clar, segonscomentari de Cossío, que més que un matador eficaç era “un esti-lista de la sort”; comenta l’historiador que fins i tot les seues pun-xades eren aplaudides. Encara que açò succeïra en ocasions,sobretot en els anys en què es produí el fervor més absolut per l’es-tilisme, Varelito no sempre comptà amb el favor d’un públic quecada dia exigia més als matadors i va rebre més d’un esbronc delrespectable. L’últim el patí el 21 d’abril de 1922 en la seua terra, aSevilla, quan s’enfrontava al quint de la vesprada. Va voler silen-ciar les veus dissonants en entrar a matar però, a l’eixida de la sort,va rebre una gravíssima cornada. Va morir després de quasi unmes de patiment.

Manuel Varés, Varelito

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Protagonista d’una història vital fascinant, Ignacio SánchezMejías va ser un dels grans del seu temps i es fotografià en l’anti-ga Casa García quan començava a assaborir les mels del triomf.

Abans que figura del toreig havia sigut mosso de quadra ibanderiller, i en alguna de les seues desaparicions de les places optàper la literatura i arribà a estrenar diverses peces de teatre.Tanmateix, no passaria a la gran història de les lletres per les seuesobres, sinó per l’elegia que li dedicà García Lorca a la seua mort i pelfet d’haver impulsat i pràcticament finançat l’homenatge a Góngoraque organitzaren uns joves literats que en un futur haurien de serreconeguts per la data d’aqueix esdeveniment: la generació del 27.

El risc va ser la nota més característica del seu art. Per ajugar amb ell i provocar l’aplaudiment exagerava el perill. Diuenque, si calia, fins i tot l’inventava. Forçava les sorts, tancava elsbous per a les banderilles, torejava en l’estrep, exposava... Havianascut a Sevilla el 6 de juny de 1891 i mentre son pare, metge dela Beneficència, el creia estudiant el batxillerat, ell passava els diesen el camp amb altres xicots entre els quals es trobava Joselito.Segons els comptes familiars, ell devia trobar-se començant lacarrera de Medicina, però com no havia acabat els estudis mitjansvolgué evitar les represàlies paternes embarcant-se, sense passatgeni diners, amb rumb a Nova York. Recalà a Veracruz, on treballàcom a mosso de quadra, com a banderiller i com a noveller.

Amb alguna experiència ja, regressà a Espanya incorporat ala quadrilla de Corchaíto i, durant un parell d’anys, treballà com amosso de brega amb Cocherito de Bilbao i Machaquito. Tornà a laprofessió de noveller el 5 d’abril de 1914 a València, però en vistaque no acabava de quallar, retornà a la categoria de peó. Duranttres anys va ser banderiller de Gallo i Belmonte i el 1918, quan totscreien que havia oblidat els seus somnis, tornà a insistir en el seuafany de ser matador. Aquesta vegada sí que tingué fortuna.

Va prendre l’alternativa de mans de Joselito (convertit jaaleshores en cunyat seu) el 1919, i el 1920 li tocà viure moltstriomfs propis i la mort del seu amic Gallito.

Dues vegades provà el retir (el 1922 i el 1928) i en les duesocasions decidí tornar a lluitar amb el bou. Un de la ramaderiad’Ayala, negre bragat i anomenat Granadino, el va véncer l’11 d’a-gost de 1934 a Manzanares.

Protagonista de una historia vital fascinante, Sánchez Mejíasfue uno de los grandes de su tiempo, fotografiándose en la antiguaCasa García cuando comenzaba a saborear las mieles del triunfo.

Antes que figura del toreo había sido mozo de cuadra y ban-derillero, y en alguna de sus desapariciones de los ruedos optó porla literatura, llegando a estrenar varias piezas de teatro. Sin embar-go, no pasaría a la gran historia de las letras por sus obras, sino porla elegía que le dedicó García Lorca a su muerte y por haber impul-sado y prácticamente financiado el homenaje a Góngora que orga-nizaron unos jóvenes literatos que en un futuro habrían de ser reco-nocidos por la fecha de ese acontecimiento: la generación del 27.

El riesgo fue la nota más característica de su arte. Para jugarcon él y provocar el aplauso exageraba el peligro. Dicen que, si erapreciso, hasta lo inventaba. Forzaba las suertes, encerraba a los torospara las banderillas, toreaba en el estribo, exponía... Había nacidoen Sevilla el 6 de junio de 1891 y mientras su padre, médico de laBeneficencia, lo creía estudiando el bachillerato, él pasaba los díasen el campo con otros chicos entre los que se encontraba Joselito.Según las cuentas familiares él debía encontrarse comenzando lacarrera de Medicina, pero como no había acabado los estudiosmedios quiso evitar las represalias paternas embarcándose, sin pasa-je ni dinero, con rumbo a Nueva York. Recaló en Veracruz, dondetrabajó como mozo de cuadra, como banderillero y como novillero.

Contando ya con alguna experiencia regresó a España incor-porado a la cuadrilla de Corchaíto y, durante un par de años, tra-bajó como mozo de brega con Cocherito de Bilbao y Machaquito.Volvió a la profesión de novillero el 5 de abril de 1914 en Valencia,pero en vista de que no acababa de cuajar, retornó a la categoríade peón. Durante tres años fue banderillero de Gallo y Belmonte yen 1918, cuando todos creían que había olvidado sus sueños, vol-vió a insistir en su afán de ser matador. Esta vez sí tuvo fortuna.

Tomó la alternativa de manos de Joselito (convertido paraentonces en su cuñado) en 1919, y en 1920 le tocó vivir muchostriunfos propios y la muerte de su amigo Gallito.

Dos veces probó el retiro (en 1922 y en 1928) y en sendasocasiones decidió volver a pelear con el toro. Uno de la ganaderíade Ayala, negro bragado y llamado Granadino lo venció el 11 deagosto de 1934 en Manzanares.

Ignacio Sánchez Mejías

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Intuïció, facilitat i finesa van ser les senyes d’identitat d’a-quest gran de la història del toreig l’estil del qual, a més de depu-rat, era innat segons els crítics de l’època. És clar que, si no erainnat, tingué ocasió d’aprendre’l des del bressol, ja que ManuelJiménez Moreno —fill d’un torero d’idèntic nom i malnom quemorí quan el xiquet tenia cinc anys— es va moure en el món taurídes de la primera infantesa. Recollit pel seu oncle, el banderillerZocato, va rebre un missatge únic: no hi havia millor destí que elde ser figura del toreig. I mentre assolia tan brillant destí, passà endues ocasions per la galeria de Boldún en el centre de València: laprimera devia ser la seua època de noveller triomfador, a punt deprendre l’alternativa; la segona, pocs anys després i amb cartell defigura indiscutible.

Aquest sevillà, nascut al barri de Triana el 15 d’abril de1902, matà el seu primer jònec en la finca d’Antonio Pickmanquan complia els 10 anys, i sorprenia aleshores i amb les seuesactuacions següents l’ambient taurí sevillà. Després els arribà eltorn de meravellar-s’hi als aficionats salmantins, ja que allí es tras-lladà Zocato amb tota la família i, en les jonegades celebrades enla regió, el jove coincidí amb xicots com Granero que desprésserien noms il·lustres del toreig. Finalment es presentà davant elpúblic en general. Chicuelo es va vestir de llums per primera vega-da per a protagonitzar una jonegada en funció de pagament el 24de juny de 1917 a Tejares. Allí, amb quinze anys i després de feruna clara demostració d’art filigranat, tallà una orella a cadascundels seus dos jònecs. La crítica l’alabà i començaren a multiplicar-se els contractes.

Com a noveller, el públic va poder comprovar una progres-sió constant del seu art, la qual cosa millorà el seu cartell al llargde quasi tres temporades. I com a colofó d’aquestes, el 28 desetembre de 1919, va prendre l’alternativa a la Real Maestranza deSevilla, amb Juan Belmonte com a padrí i Manuel Belmonte com atestimoni. Una vegada doctorat, la seua carrera es desenvolupàdurant molt de temps encara que de forma un poc desigual.Tingué temporades, com les del 23 i el 39, que les va viure en untriomf constant i altres, com la del 27, en què no va voler torejarmés que unes quantes vesprades.

Intuición, facilidad y finura fueron las señas de identidad deeste grande de la historia del toreo cuyo estilo, además de depura-do, era innato según los críticos de la época. Claro que, si no erainnato, tuvo ocasión de aprenderlo desde la cuna puesto queManuel Jiménez Moreno —hijo de un torero de idéntico nombrey apodo que murió cuando el niño tenía cinco años— se desen-volvió en el mundo taurino desde la primera infancia. Recogidopor su tío, el banderillero Zocato, recibió un mensaje único: nohabía mejor destino que el de ser figura del toreo. Y mientrasalcanzaba tan brillante destino, pasó en dos ocasiones por la gale-ría de Boldún en el centro de Valencia: la primera debía de ser suépoca de novillero triunfador, a punto de tomar la alternativa; lasegunda, pocos años después y con cartel de indiscutible figura.

Este sevillano, nacido en el barrio de Triana el 15 de abril de1902, mató su primer becerro en la finca de Antonio Pickmancuando cumplía los 10 años, asombrando entonces y con sussiguientes actuaciones al ambiente taurino sevillano. Luego lellegó el turno de maravillarse a los aficionados salmantinos, puesallí se trasladó Zocato con toda la familia y, en las becerradas cele-bradas en la región, el joven coincidió con chavales como Graneroque luego serían nombres ilustres del toreo. Finalmente se pre-sentó ante el público en general. Chicuelo se vistió de luces porprimera vez para protagonizar una becerrada en función de pagoel 24 de junio de 1917 en Tejares. Allí, con quince años y despuésde hacer una clara demostración de arte afiligranado, cortó unaoreja a cada uno de sus dos novillos. La crítica lo alabó y comen-zaron a multiplicarse los contratos.

Como novillero, el público pudo comprobar una progre-sión constante de su arte, mejorando su cartel a lo largo de casitres temporadas. Y como colofón de las mismas, el 28 de sep-tiembre de 1919, tomó la alternativa en la Real Maestranza deSevilla, con Juan Belmonte como padrino y Manuel Belmontecomo testigo. Una vez doctorado, su carrera se desarrolló pormucho tiempo aunque de forma algo desigual. Tuvo tempora-das, como las del 23 y el 39, que las vivió en un triunfo cons-tante y otras, como la del 27, en que no quiso torear más queunas cuantas tardes.

Manuel Jiménez Moreno, Chicuelo

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Su carrera fue fulgurante, rapidísima. En la temporada ymedia que vivió como matador ofreció una absoluta regularidad yunos triunfos tan incontestables que los aficionados le entregaronsin dudar su devoción y el figurado trono de la torería que lamuerte de Joselito había dejado vacante.

Por todo ello, por su ascenso rápido y su brillantez, y por elrecuerdo del gigante de Gelves, su muerte en las astas de Pocapenafue todo un acontecimiento. Madrid en masa acompañó su cuer-po desde la plaza de toros hasta Atocha y Valencia lo recibió entremultitudes de duelo. Y para que los aficionados pudieran conser-var una “reliquia” de aquel a quien tanto admiraron, SalvadorPascual Boldún preparó, a modo de recuerdo, una composicióncon el retrato del diestro y, según reza en la propia imagen, el “ladoderecho del chaleco que llevaba el día de la cogida”. Era el puntoy final de un chaval al que el mismo Boldún había retratado unosaños antes, apareciendo en esas otras placas como un muchachosonriente y algo tímido, muy similar a tantos otros que se situaronante el fondo sinfín de la afamada galería.

En sus inicios, Granero no se diferenció de la caterva debecerristas que buscaban fortuna. Había nacido en Valencia el 4 deabril de 1902 y, después de estudiar música y violín, fue de visitaal campo de Salamanca donde nacieron sus deseos de ser torero.Sus primeras temporadas (1918 y 1919) fueron duras, muy duras,toreando cualquier cosa, viendo cómo comenzaban a despuntaralgunos de los que se iniciaron con él, como Chicuelo, y oyendoalguna recomendación para que volviera al violín.

Pero en 1920 dio el salto. Después de varias novilladas se pre-sentó en Santander el día del Corpus para dar una lección excepcio-nal de toreo. Y, después de este triunfo llegan los de Bilbao,Salamanca, Zaragoza, Madrid, Palma, Sevilla... y el 28 de septiembredel mismo año, la alternativa en Sevilla de manos del Gallo.

Y si 1920 fue un buen año, 1921 fue excepcional. Ni siquie-ra Joselito aficionó tanto en su primera temporada: el valencianotoreó casi cien corridas y pocas malas. En 1922 acudió a Valencia,a Barcelona, a Bilbao y, por mayo, a Madrid. El quinto toro de lacuarta corrida de abono era Pocapena, del duque de Veragua, suverdugo. Dicen las crónicas que era cárdeno bragado, afilado depitones y burriciego.

La seua carrera va ser fulgurant, rapidíssima. En la tempo-rada i mitja que va viure com a matador oferí una absoluta regu-laritat i uns triomfs tan incontestables que els aficionats li entrega-ren sense dubtar la seua devoció i el figurat tron de la toreria quela mort de Joselito havia deixat buit.

Per tot això, pel seu ascens ràpid i la seua brillantor, i pelrecord del gegant de Gelves, la seua mort en les banyes dePocapena va ser tot un esdeveniment. Madrid en massa acom-panyà el seu cos des de la plaça de bous fins a Atocha i València elva rebre entre multituds de dol. I perquè els aficionats poguerenconservar una “relíquia” d’aquell a qui tant admiraren, SalvadorPascual Boldún preparà, com a record, una composició amb elretrat del destre i, segons es diu en la imatge mateixa, el “lado dere-cho del chaleco que llevaba el día de la cogida”. Era el punt i final d’unxicot al qual el mateix Boldún havia retratat uns anys abans, pla-ques en les quals apareixia com un jove somrient i un poc tímid,molt semblant a tants altres que se situaren davant el fons sens fide la cèlebre galeria.

En el seu inici, Granero no es diferencià de la caterva dejoneguers que buscaven fortuna. Havia nascut a València el 4 d’a-bril de 1902 i, després d’estudiar música i violí, anà de visita alcamp de Salamanca on van nàixer els seus desitjos de ser torero.Les seues primeres temporades (1918 i 1919) van ser dures, moltdures, torejant qualsevol cosa, veient com començaven a despun-tar alguns dels que s’iniciaren amb ell, com ara Chicuelo, i sentintalguna recomanació perquè tornara al violí.

Però el 1920 donà el salt. Després d’algunes novellades espresentà a Santander el dia del Corpus per a donar una lliçóexcepcional de toreig. I, després d’aquest triomf, arriben els deBilbao, Salamanca, Saragossa, Madrid, Palma, Sevilla... i el 28 desetembre del mateix any, l’alternativa a Sevilla de mans del Gallo.

I si 1920 va ser un bon any, 1921 fou excepcional. Ni tansols Joselito aficionà tant en la seua primera temporada: el valen-cià torejà quasi cent corregudes i poques dolentes. En 1922 acudía València, a Barcelona, a Bilbao i, al maig, a Madrid. El quint boude la quarta correguda d’abonament era Pocapena, del duc deVeragua, el seu botxí. Diuen les cròniques que era càrdeno bragat,amb banyes esmolades i tarat de la vista.

Manuel Granero

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Una característica física tan poco común en los ruedoscomo el ser rubio, dio el sobrenombre a este valenciano que fuefotografiado por Boldún siempre con montera, de modo que enestas imágenes no podemos apreciar el color de su pelo, aun-que sí sus ojos claros.

Francisco Vela Marí, este hombre que se nos muestra tran-quilo ante la cámara, aunque poco decidido, tuvo una carrera bas-tante larga, poco brillante y desarrollada casi en su totalidad comonovillero. Nacido en Valencia la víspera de San José de 1884, sepresentó en su propia ciudad en mayo de 1905, con una acepta-ble actuación. Al año siguiente actuó en Madrid y, sin pena ni glo-ria, siguió en la profesión durante bastantes años. Después de 16temporadas como novillero y cuando estaba a punto de retirarse,tomó la alternativa. Su última actuación fue en una corrida enValencia el 1 de julio de 1922 realizada a beneficio de la hermanade Manuel Granero.

Una característica física tan poc comuna en les placescom ser ros donà el malnom a aquest valencià que fou fotogra-fiat per Boldún sempre amb montera, de forma que en aques-tes imatges no podem apreciar el color del seu cabell, encaraque sí els seus ulls clars.

Francesc Vela Marí, aquest home que se’ns mostra tranquildavant la càmera, encara que poc decidit, tingué una carrera bas-tant llarga, poc brillant i desenvolupada quasi en la seua totalitatcom a noveller. Nascut a València la vespra de Sant Josep de 1884,es presentà en la seua ciutat el maig de 1905, amb una actuacióacceptable. L’any següent actuà a Madrid i, sense pena ni glòria,seguí en la professió durant bastants anys. Després de 16 tempo-rades com a noveller i quan estava a punt de retirar-se, va prendrel’alternativa. La seua última actuació va ser en una correguda aValència l’1 de juliol de 1922 realitzada a benefici de la germanade Manuel Granero.

Francisco Vila Marí, Rubio de Valencia

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El perseguí sempre la fama de ser un home decidit i benplantat alhora i, pel que apreciem en les fotografies de Boldún, lesllengües femenines de la seua època no mentien. Tampoc semblaque foren falses les notícies que corrien sobre els seus amors ambles dones de més alt llinatge a Madrid i a Andalusia. Tot això, unita la seua peripècia personal, ens n’ofereix una biografia agitada inovel·lesca.

José García Carranza va nàixer a la Algaba (Sevilla) el febrerde 1902. Fill d’un gran torero també dit Algabeño, havia sigut des-tinat per la família a tindre cura de la hisenda. Tanmateix, criat enel camp i en l’ambient taurí, el xic optà per seguir el camí deltoreig, desig que xocà una vegada i una altra amb l’oposició deci-dida de son pare. El segon dels Algabeño arribà a anunciar-se coma noveller el juliol de 1921 a Barcelona, però aqueixa vesprada elssis bous hagueren de matar-los entre Marcial Lalanda i FaustoBarajas perquè el pare del tercer xicot aconseguí la seua retiradaenviant un telegrama al Govern Civil.

El tira i arronsa entre pare i fill arribà fins i tot a ventilar-seen la premsa especialitzada de l’època, la qual cosa no féu sinó aug-mentar el crèdit del jove abans de presentar-se. L’esdeveniment suc-ceí a València, el 12 de març de 1922 junt amb Gallito de Zafra iRosario Olmos. El sevillà va saber saldar-lo amb un triomf clar.

A més de l’afició, Algabeño heretà de son pare el gust pelvolapeu més acadèmic, sort que anà convertint-se en la seua millorqualitat. Fora d’això, el seu semblava un toreig d’abans deBelmonte, diuen que rude, però de molt valor, per la qual cosa noés d’estranyar que tinguera prou èxits com per a doctorar-se unany després de la seua presentació com a noveller. Va ser de nouValència la plaça elegida i el dia, el 29 de juny de 1923, data enquè l’Associació de la Premsa celebrava la seua festa anual. Hiactuà el Gallo com a padrí i Juan Silveti com a testimoni.

Confirmà la seua alternativa a Madrid l’any següent i seguíen l’ofici fins a 1929. Retirat al camp, va tornar el 1933 com a tore-ro a cavall, encara que per poc temps: només començar la tempo-rada següent, patí un atemptat a Màlaga després d’haver pres par-tit per les classes més benestants. En l’incident va rebre diversostrets. En esclatar la Guerra Civil, s’alineà del costat dels nacionals,la qual cosa li costà la vida el mateix 1936.

Lo persiguió siempre la fama de ser un hombre decidido ybien plantado a un tiempo y, por lo que apreciamos en las foto-grafías de Boldún, las lenguas femeninas de su época no mentían.Tampoco parece que fueran falsas las noticias que corrían sobresus amoríos con las mujeres de más alta cuna en Madrid y enAndalucía. Todo ello, unido a su peripecia personal, nos ofreceuna biografía agitada y novelesca.

José García Carranza nació en La Algaba (Sevilla) en febrerode 1902. Hijo de un gran torero también apodado Algabeño, habíasido destinado por la familia a cuidar de la hacienda. Sin embar-go, criado en el campo y en el ambiente taurino, el chico optó porseguir el camino de los ruedos, empeño que chocó una y otra vezcon la oposición decidida de su padre. El segundo de los Algabeñollegó a anunciarse como novillero en julio de 1921 en Barcelona,pero esa tarde los seis astados tuvieron que matarlos entre MarcialLalanda y Fausto Barajas porque el padre del tercer muchachoconsiguió su retirada enviando un telegrama al Gobierno Civil.

El tira y afloja entre padre e hijo llegó incluso a ventilarse enla prensa especializada de la época, lo que no hizo sino aumentarel crédito del joven antes de presentarse. El acontecimiento suce-dió en Valencia, el 12 de marzo de 1922 junto a Gallito de Zafra yRosario Olmos. El sevillano supo saldarlo con un triunfo claro.

Además de la afición, Algabeño heredó de su padre el gustopor el volapié más académico, suerte que se fue convirtiendo ensu mejor cualidad. Por lo demás, el suyo parecía un toreo de antesde Belmonte, dicen que rudo, pero de mucho valor, por lo que noes de extrañar que cosechara bastantes éxitos como para doctorar-se un año después de su presentación como novillero. Fue denuevo Valencia la plaza elegida y el día, el 29 de junio de 1923,fecha en que la Asociación de la Prensa celebraba su fiesta anual.Actuó el Gallo como padrino y Juan Silveti como testigo.

Confirmó su alternativa en Madrid al año siguiente y siguióen el oficio hasta 1929. Retirado al campo, volvió en 1933 comorejoneador, aunque por poco tiempo: recién comenzada la tempo-rada siguiente, sufrió un atentado en Málaga tras haber tomadoabiertamente partido por las clases más pudientes. En el inciden-te recibió varios disparos. Al estallar la Guerra Civil, se alineó dellado de los nacionales, lo que le costó la vida el mismo 1936.

José García Carranza, Algabeño

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L’empenta i la valentia li proporcionaren a Manuel Martínezun sonor malnom, alguns anys d’èxit i la permanència en lamemòria dels valencians durant dècades. No arribà a obtindre laconsideració de gran figura perquè va viure una època de com-petència feroç i perquè no acabà de definir la seua personalitat, iaqueixa dada suposava un greu problema en uns anys en què cadafigura tenia una forma única d’estar en la plaça. Malgrat això, elsseus triomfs van ser molts i molt rotunds. Els estava assaborintquan, en els primers anys vint, acudí a la galeria de SalvadorPascual Boldún i posà abillat de curt, amb dos diferents vestit* dellums. Nota curiosa és que el fotògraf mateix es retratà amb ell.Però no va ser l’única ocasió en què visità l’estudi de la plaçad’Emilio Castelar, ja que el Tigre també hi acudí per a realitzar-sel’habitual retrat de noces.

El valencià del barri de Russafa, nascut el 26 de juliol de1897, va bescanviar les brotxes de pintor per l’estoc. A València, ien companyia de Manuel Granero, actuà per primera vegada el1917 en una novellada nocturna. El reconeixement en aqueixa oca-sió i les següents va ser gran, perquè aqueix mateix any es presentàa Madrid. Tanmateix, no va ser una bona vesprada: no arribà aestoquejar un novell que l’enganxà i li donà una enorme pallissa.

Sense atemorir-se, com corresponia al seu esperit, el Tigrede Russafa reféu el seu cartell i obtingué grans triomfs, primer coma noveller i més tard (va prendre l’alternativa el 21 de setembre de1924) com a matador. Sonors van ser els seus èxits de València el1922 i el 1927 encara que va ser molt important la cornada que liinfligí en la cuixa dreta un bou en aquesta mateixa plaça el 31 dejuliol de 1925.

En començar la dècada dels trenta, el seu cartell va anarminvant fins que la Guerra Civil posà fi a la seua activitat aEspanya. A Amèrica continuà en actiu alguns anys més encaraque, el 1948, regressà a València per a torejar la vesprada del 25d’abril amb Rafael Llorente i Luis Mata.

El arrojo y la valentía le granjearon a Manuel Martínez unsonoro sobrenombre, algunos años de éxito y la permanencia enla memoria de los valencianos durante décadas. No llegó a obte-ner la consideración de gran figura porque vivió una época decompetencia feroz y porque no acabó de definir su personalidad,y este dato suponía un grave problema en unos años en los quecada figura tenía una forma única de desenvolverse en la plaza. Apesar de ello, sus triunfos fueron muchos y muy rotundos. Losestaba saboreando cuando, en los primeros años veinte, acudió ala galería de Salvador Pascual Boldún y posó vestido de corto, condos diferentes trajes de luces. Nota curiosa es que el propio fotó-grafo se retrató con él. Pero no fue la única ocasión en que visitóel estudio de la plaza de Emilio Castelar, ya que el Tigre tambiénacudió al mismo para realizarse el habitual retrato de bodas.

El valenciano del barrio de Ruzafa, nacido el 26 de julio de1897, cambió las brochas de pintor por el estoque. En Valencia, yen compañía de Manuel Granero actuó por primera vez en 1917en una novillada nocturna. El reconocimiento en esa ocasión y lassiguientes fue grande, porque ese mismo año se presentó enMadrid. Sin embargo, no fue una buena tarde: no llegó a estoque-ar a un novillo que lo cogió y le dio una soberana paliza.

Sin arredrarse, como correspondía a su espíritu, el Tigre deRuzafa rehizo su cartel y obtuvo grandes triunfos, primero comonovillero y más tarde (tomó la alternativa el 21 de septiembre de1924) como matador. Sonoros fueron sus éxitos de Valencia en1922 y 1927 aunque fue muy importante la cornada que le infli-gió en el muslo derecho un toro en esta misma plaza el 31 de juliode 1925.

Al comenzar la década de los treinta, su cartel fue men-guando hasta que la Guerra Civil puso fin a su actividad enEspaña. En América continuó en activo algunos años más aunque,en 1948, regresó a Valencia para torear la tarde del 25 de abriljunto a Rafael Llorente y Luis Mata.

Manuel Martínez, El Tigre de Ruzafa

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Los negativos de la colección de Boldún correspondientes aeste torero forman parte de los que más han sufrido el paso deltiempo, lo que se traduce en unas imágenes relativamente desluci-das. Sabemos, además, que algunas placas originales se han perdi-do puesto que hemos registrado algunos retratos de Litri, en formade positivos de época, correspondientes a esta misma serie.

En todos los casos, el hombre que aparece en las fotografíastiene siempre un aire ensimismado. Manuel Báez Litri fue un tore-ro que, al decir de los revisteros de su tiempo, salía a la plaza comoa la palestra del fotógrafo: con aspecto torpe, con actitud abstraí-da y como en trance. Claro que esa primera impresión desvalidase convertía en dramática cuando aparecía el toro, cualquier clasede toro. Entonces, Litri clavaba los pies en la arena sin que pare-ciera importarle lo más mínimo el arranque del animal. Esos paro-nes fueron la característica más evidente de su toreo, un sello quele condujo a la muerte cuando no había cumplido 21 años.

Manuel Báez, Litri nació en Huelva en 1905 y desde muyjoven insistió en seguir la carrera de su padre, el matador MiguelBáez. Fue él precisamente quien le dio la primera oportunidad con-tratando un séptimo toro en una novillada. El chico, que entoncestenía 14 años, salió con bastantes magulladuras y más deseos aúnde ser torero, así que al año siguiente se vistió de luces en Valverdedel Camino. Ese verano de 1920 y los dos siguientes los pasó porlas plazas de la provincia de Huelva sin conseguir destacar. Pero en1923 le llegó su primera gran oportunidad: fue en Valencia. Paraello, Manuel Báez había utilizado, al parecer, la influencia de algu-nos amigos de su padre... haciéndose pasar por don Miguel. Seacomo fuere, no desaprovechó la ocasión: la plaza se quedó atónitaante su manera de arrimarse a los toros. Esa misma temporadatoreó otras seis novilladas en Valencia y 19 más en el resto deEspaña y el año siguiente (1924) se presentó en las grandes capita-les, tomando la alternativa en Sevilla el 28 de septiembre.

El año 1925 fue especialmente brillante, con tardes en lasque su toreo, junto al del Niño de la Palma, hicieron creer a los afi-cionados que había comenzado otra época de oro. Pero fue unbreve resplandor, pues no había hecho más que comenzar la tem-porada de 1926 (era el mes de febrero) cuando la plaza de Málagavio cómo era corneado por un toro. Murió seis días después.

Els negatius de la col·lecció de Boldún corresponents aaquest torero formen part dels que més han patit el pas del temps,la qual cosa es tradueix en unes imatges relativament deslluïdes.Sabem, a més, que algunes plaques originals s’han perdut, ja quehem registrat alguns retrats de Litri, en forma de positius d’època,corresponents a aquesta mateixa sèrie.

En tots els casos, l’home que apareix en les fotografies tésempre un aire entotsolat. Manuel Báez, Litri va ser un torero que,segons els revisters del seu temps, eixia a la plaça com a la pales-tra del fotògraf: amb especte maldestre, amb actitud abstreta i comen trànsit. És clar que aqueixa primera impressió desvalguda esconvertia en dramàtica quan apareixia el bou, qualsevol mena debou. Aleshores Litri clavava els peus en l’arena sense que sembla-ra importar-li el més mínim l’arrancada de l’animal. Aqueixosparons van ser la característica més evident del seu toreig, unsegell que el conduí a la mort quan no havia complit 21 anys.

Manuel Báez, Litri va nàixer a Huelva el 1905 i des de moltjove insistí a seguir la carrera de son pare, el matador Miguel Báez.Va ser precisament ell qui li donà la primera oportunitat contrac-tant un sèptim bou d’una novellada. El xicot, que aleshores tenia14 anys, isqué amb bastants senyals i més desitjos encara de sertorero, així que l’any següent es vestí de llums a Valverde delCamino. Aqueix estiu de 1920 i els dos següents els passà per lesplaces de la província de Huelva sense aconseguir destacar. Però el1923 li arribà la seua primera gran oportunitat: va ser a València.Per a això, Manuel Báez havia utilitzat, segons sembla, la influèn-cia d’alguns amics de son pare... fent-se passar per don Miguel.Siga com siga, no desaprofità l’ocasió: la plaça es quedà bocabada-da davant la seua manera d’acostar-se als bous. Aqueixa mateixatemporada torejà unes altres sis novellades a València i dèneu mésa la resta d’Espanya i l’any següent (1924) es presentà en les granscapitals; va prendre l’alternativa a Sevilla el 28 de setembre.

L’any 1925 va ser especialment brillant, amb vesprades en lesquals el seu toreig, junt amb el del Niño de la Palma, va fer creureals aficionats que havia començat una altra època d’or. Però va seruna breu resplendor, ja que no havia fet més que començar la tem-porada de 1926 (era el mes de febrer) quan la plaça de Màlaga veiécom era enganxat per un bou. Va morir sis dies després.

Manuel Báez, Litri

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Els retrats d’Ángel Navas que es troben en la col·lecció del’antiga Casa García es van fer, quasi amb seguretat, en el comença-ment dels anys vint, possiblement el mateix 1920. Aqueixa va serla primera temporada important per al torero de Badajoz, ja queaconseguí presentar-se amb bons resultats tant en les grans placesd’Andalusia com a València, i a Madrid, finalment. I molt possi-blement va ser en la seua visita a la capital del Túria quan es va ferfer aquestes fotografies: en l’una es presenta amb vestit de carrer(corbata de llaç inclosa) i un mig somriure; en l’altra vestit de tore-ro, amb capa de passeig i el mateix escenari de plaça de bous queBoldún utilitzà per al Gallo. No degué ser llarga la sessió i, contrà-riament al que succeirà en els retrats posteriors, no es féu cap fotoamb el fons blanc. Per això, quan el destre desitja utilitzar preci-sament aquesta imatge seua vestit de torero per a la seua promo-ció (com apareix el gener de 1921 en la revista La Corrida o endiferents cartells anunciadors), els impressors han d’eliminar elfons a tisora.

Noveller era quan acudí a l’estudi del fotògraf i els momentsmés dolços de la seua carrera professional els va viure com a nove-ller aquest extremeny de Zafra (Badajoz) nascut el 1893. Perquèdes d’aqueix 1920 citat i fins a 1925 aconseguí un cartell immi-llorable actuant en les places de València, Bilbao, Barcelona,Badajoz, Madrid, Marsella...

Va prendre l’alternativa de mans d’Antonio Márquez aMèrida, un festiu 15 d’agost de 1925. I, encara que es conta queamb els bous no tenia la desimboltura que demostrava amb elsnovells, encara torejà bastants corregudes durant cinc temporades,tot i que actuà més a Amèrica que a Espanya. Es retirà el 1930.

Los retratos de Ángel Navas que se encuentran en la colec-ción de la Antigua Casa García se hicieron, casi con seguridad, enel comienzo de los años veinte, posiblemente el mismo 1920. Ésafue la primera temporada importante para el torero de Badajoz,pues logró presentarse con buenos resultados tanto en las grandesplazas de Andalucía como en Valencia, y en Madrid, finalmente. Ymuy posiblemente fue en su visita a la capital del Turia cuando semandó hacer estas fotografías: en una se presenta con traje de calle(corbata de lazo incluida) y una media sonrisa; en la otra vestidode torero, con capote de paseo y el mismo escenario de plaza detoros que Boldún utilizó para el Gallo. No debió de ser larga lasesión y, al contrario de lo que sucederá en los retratos posterio-res, no se hizo ninguna foto con el fondo blanco. Por eso, cuandoel diestro desea utilizar precisamente esta imagen suya vestido detorero para su promoción (como aparece en enero de 1921 en larevista La Corrida o en diferentes carteles anunciadores), losimpresores tienen que ocuparse de eliminar el fondo a tijera.

Novillero era cuando acudió al estudio del fotógrafo y losmomentos más dulces de su carrera profesional los vivió comonovillero este extremeño de Zafra (Badajoz) nacido en 1893.Porque desde ese 1920 citado y hasta 1925 logró un cartel inme-jorable actuando en las plazas de Valencia, Bilbao, Barcelona,Badajoz, Madrid, Marsella...

Tomó la alternativa de manos de Antonio Márquez enMérida, un festivo 15 de agosto de 1925. Y, aunque se cuenta quecon los toros no tenía la soltura que demostraba con los novillos,aún toreó bastantes corridas durante cinco temporadas, prodigán-dose más en América que en España. Se retiró en 1930.

Ángel Navas, Gallito de Zafra

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L’Ordóñez retratat per Boldún en una desena de plaques ésun home jove que apareix seriós en la major part de les imatges,però que en altres es presenta amb una ombra de somrís i fins i totamb una rialla franca. És un torero jove i satisfet. I té raons per aestar-ho perquè, amb escàs aprenentatge i grans dosis d’intuïció haaconseguit arribar molt lluny.

La trajectòria del Niño de la Palma va ser enlluernadora. Erafill d’un sabater de Ronda que tenia el seu negoci en la plaça de LaPalma i que hagué de traslladar-se amb la seua família a la Líneaquan el taller començà a fallar. Allí, el jove va ser mosso de café,forner i marmitó abans que aprenent de torero. Amb 14 anys esva vestir de llums en el poble en què vivia per a formar part d’unaquadrilla de toreig còmic i tres anys després, el 1921, es presentàa Ceuta com a sobresalient. Tal era l’espectacle que els titulars esta-ven donant, que la presidència li ordenà matar un dels animals. Vaser un bon començament.

La temporada següent ja va poder presentar-se com a nove-ller i l’any 1923 fou el de la seua gran revelació. Començà la tem-porada pel sud i l’expectació va ser tal que, passat l’estiu, conti-nuaren organitzant-se corregudes (en novembre, en desembre)perquè es poguera presentar en totes les places importants:Còrdova, València, Barcelona, Logronyo, Huelva... Pràcticament lidonà la volta al calendari i continuà collint èxits el 1925.

Va prendre l’alternativa de mans de Juan Belmonte a Sevillai, ja doctorat, acabà la dècada donant lliçons de toreig i demostrantun variat repertori amb la capa i la muleta. Encara que la seua figu-ra començà a perdre pes específic en les places a partir de l’any 30,encara torejà vesprades memorables abans del tall abrupte de laGuerra Civil.

El Ordóñez retratado por Boldún en una decena de placases un hombre joven que aparece serio en la mayor parte de lasimágenes, pero que en otras se presenta con una sombra de sonri-sa e incluso con una risa franca. Es un torero joven y satisfecho. Ytiene razones para estarlo porque, con escaso aprendizaje y gran-des dosis de intuición ha conseguido llegar muy lejos.

La trayectoria del Niño de la Palma fue deslumbrante. Erahijo de un zapatero de Ronda que tenía su negocio en la plaza deLa Palma y que tuvo que trasladarse con su familia a La Líneacuando el taller comenzó a fallar. Allí, el joven fue mozo de café,panadero y pinche de cocina antes que aprendiz de torero. Con 14años se vistió de luces en el pueblo en el que vivía para formarparte de una cuadrilla de toreo cómico y tres años después, en1921, se presentó en Ceuta como sobresaliente. Tal era el espectá-culo que los titulares estaban dando, que la presidencia le ordenómatar a una de las reses. Fue un buen comienzo.

La temporada siguiente ya pudo presentarse como novilleroy el año de 1923 fue el de su gran revelación. Comenzó la tempo-rada por el sur y la expectación fue tal que, pasado el verano, sesiguieron organizando corridas (en noviembre, en diciembre) paraque se pudiera presentar en todas las plazas importantes:Córdoba, Valencia, Barcelona, Logroño, Huelva... Prácticamente ledio la vuelta al calendario y continuó cosechando éxitos en 1925.

Tomó la alternativa de manos de Juan Belmonte en Sevilla y,ya doctorado, acabó la década dando lecciones de toreo y demos-trando un variado repertorio con la capa y la muleta. Aunque sufigura comenzó a perder peso específico en los ruedos a partir delaño 30, aún toreó tardes memorables antes del corte abrupto de laGuerra Civil.

Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma

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Sólo dos datos nos constan de este joven torero además desu nombre. El primero es que aparece en el cartel correspondien-te a una novillada llamada “económica” anunciada en la plaza deValencia para el 9 de septiembre de 1922. El programa constabade seis novillos: dos para el diestro que nos ocupa, dos más paraRaimundo Tato y los restantes para las auténticas estrellas de latarde: Llapisera, Charlot y su Botones. El otro dato es que, tambiénen la plaza de Valencia, sufrió una grave cogida en 1925.

Només dues dades ens consten d’aquest jove torero a mésdel seu nom. El primer és que apareix en el cartell corresponent auna novellada anomenada “econòmica” anunciada en la plaça deValència per al 9 de setembre de 1922. El programa constava desis novells: dos per al destre que ens ocupa, dos més per aRaimundo Tato i la resta per a les autèntiques estrelles de la ves-prada: Llapissera, Charlot i el seu Botones. L’altra dada és que,també en la plaça de València, patí una greu enganxada el 1925.

Ramón de la Cruz

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Apareció en los ruedos demostrando excelentes condicionestras el fallecimiento de Granero, justo cuando el trono del toreovalenciano acababa de quedarse vacante, de modo que FranciscoTamarit Chaves se convirtió inmediatamente en la gran esperanzade sus paisanos. Había nacido en El Grao de Valencia el 18 deoctubre de 1897 y en 1922 hizo una brillante temporada en su tie-rra. La suerte le sonreía y siguió haciéndolo en las temporadassiguientes, en las que toreó por toda España. En Madrid, sobretodo en 1926, llegó incluso a conquistar un cartel que muy pocosnovilleros de entonces tenían. Precisamente en esta exitosa etapade novillero se enmarcan cronológicamente las imágenes captadaspor Boldún.

Y el ya citado año 1926, viviendo su época más dulce,tomó la alternativa en Valencia, de manos de Villalta y en com-pañía del Niño de la Palma. Era la tarde del 26 de septiembre yresultó afortunada.

Tristemente, la fortuna que le había acompañado tantas tar-des mientras era novillero pareció abandonarle desde el mismomomento en que se convirtió en matador. La misma temporada desu alternativa aún toreo cinco corridas en la Península y a conti-nuación se embarcó hacia América. Pero una enfermedad contraí-da en el viaje y una cogida mientras entrenaba redujeron su cam-paña trasatlántica a una única corrida en Lima. La siguiente tem-porada no fue mejor: comenzó tarde y contabilizó dos cogidas(una en la feria de julio de Valencia, donde estuvo a punto de per-der un brazo, y otra en Albacete). Además, cuando quiso confir-mar su alternativa en Madrid, de manos del Gallo y con FuentesBejarano como testigo, no estuvo acertado.

La afición de Valencia siguió hablando de su torero al quedecía apreciar. Pero prácticamente no volvió a torear en laPenínsula. En cambio, en la América taurina mantuvo durantealgunos años el buen nombre y la consideración del público.

Va aparéixer en les places demostrant condicionsexcel·lents després de la mort de Granero, just quan el tron deltoreig valencià acabava de quedar-se buit, de forma queFrancesc Tamarit Chaves es convertí immediatament en la granesperança dels seus paisans. Havia nascut al Grau de València el18 d’octubre de 1897 i el 1922 va fer una brillant temporada enla seua terra. La sort li somreia i continuà fent-ho en les tempo-rades següents, en què torejà per tot Espanya. A Madrid, sobre-tot el 1926, arribà fins i tot a conquistar un cartell que moltspocs novellers d’aleshores tenien. Justament en aquesta exitosaetapa de noveller s’emmarquen cronològicament les imatgescaptades per Boldún.

I el ja citat any 1926, vivint la seua època més dolça, pren-gué l’alternativa a València, de mans de Villalta i en companyiadel Niño de la Palma. Era la vesprada del 26 de setembre iresultà afortunada.

Tristament, la fortuna que l’havia acompanyat tantes ves-prades mentre era noveller semblà abandonar-lo des del mateixmoment en què es convertí en matador. La mateixa temporada dela seua alternativa encara torejà cinc corregudes en la Península itot seguit s’embarcà cap a Amèrica. Però una malaltia contreta enel viatge i una enganxada mentre entrenava van reduir la seuacampanya transatlàntica a una única correguda a Lima. La següenttemporada no va anar millor: començà tard i comptabilitzà duesenganxades (l’una en la Fira de Juliol de València, on estigué apunt de perdre un braç, i l’altra a Albacete). A més, quan va volerconfirmar la seua alternativa a Madrid, de mans del Gallo i ambFuentes Bejarano com a testimoni, no estigué encertat.

L’afició de València continuà parlant del seu torero al qualdeia apreciar. Però pràcticament no tornà a torejar en la Península.En canvi, a l’Amèrica taurina mantingué durant alguns anys el bonnom i la consideració del públic.

Francisco Tamarit, Chaves

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Plans curts i de cos sencer, assegut, dret, caminant, ambmontera, descobert, saludant un cavaller i fins i tot acompanyatd’una xiqueta... Llarga va ser la sessió de fotografies que manà fer-se Enric Torres en la galeria de Boldún cap a l’any 1926. I no ésd’estranyar si pensem que aquest jove, amb escassos 18 anys,podia considerar-se tot un triomfador que torna a casa perquè elsseus paisans li reconeguen els mèrits.

Enric Torres havia nascut el 1908 i havia descobert la seuaafició sent un xiquet. El 1921 ja recorria els pobles dels voltantsde la capital participant en tots els festejos taurins que podia. Lafortuna se li posà al davant quan tenia 14 anys, el 8 de juliol de1922, i li donà l’oportunitat de matar un jònec en una corregu-da benèfica en la plaça de València.

A partir d’aquest petit triomf, Enric va voler fer una pre-paració a fons per a ser figura del toreig i, en cerca d’oportuni-tats, es traslladà a Sevilla arrossegant amb ell una nombrosafamília que, fins al moment, depenia del magre sou del pare queera guàrdia de seguretat. Després de tot, el destí del grup com-plet podia ser transformat si les aspiracions del jove es conver-tien en realitat.

En un parell d’anys, les terres andaluses proporcionarenentrenament suficient i un cartell interessant a qui, per aquell temps,era conegut com el Niño del Seguridad. La seua primera gran tem-porada va ser la de 1926, amb un retorn a una València que ja veiaen la seua carrera de noveller una reedició de la que havia viscut,pocs anys abans, el mateix Granero. Valor, domini, elegància i unaextraordinària factura amb la capa eren les seues millors qualitats,crescudes quan el públic i les empreses el feien competir amb VicentBarrera, aleshores noveller, paisà i coetani seu.

Va prendre l’alternativa a València de la mà de JuanBelmonte l’1 d’octubre d’aqueix mateix any i, fins al 1930, man-tingué un important cartell. A partir d’aqueixes dates, tanmateix,la sort començà a abandonar-lo. La quantitat de corregudes des-cendí a poc a poc i, quan el 1935 tenia una bona oportunitat pera recuperar el seu crèdit acudint a València, el seu feu, li ho impe-dí una cornada. En cerca de contractes renuncià a la seua catego-ria, després de la qual cosa arribà la Guerra Civil i, per a EnricTorres, l’exili i, finalment, l’oblit.

Planos cortos y de cuerpo entero, sentado, de pie, caminan-do, con montera, descubierto, saludando a un caballero e inclusoacompañado de una niña... Larga fue la sesión de fotografías quese mandó hacer Enrique Torres en la galería de Boldún hacia el año1926. Y no es de extrañar si pensamos que este joven, con escasos18 años, podía considerarse todo un triunfador que vuelve a casapara que sus paisanos le reconozcan los méritos.

Enrique Torres había nacido en 1908 y había descubierto suafición siendo un niño. En 1921 ya recorría los pueblos de los alre-dedores de la capital participando en todos los festejos en los quetenía oportunidad. La fortuna se puso ante él cuando tenía catorceaños, el 8 de julio de 1922, dándole la oportunidad de matar unbecerro en una corrida benéfica en la plaza de Valencia.

A partir de ese pequeño triunfo, Enrique quiso hacer unapreparación a fondo para ser figura del toreo y, en busca de opor-tunidades, se trasladó a Sevilla arrastrando con él a una numerosafamilia que, hasta el momento, dependía del magro sueldo delpadre que era guardia de seguridad. Después de todo, el destinodel grupo completo podía ser transformado si las aspiraciones deljoven se convertían en realidad.

En un par de años, las tierras andaluzas proporcionaron entre-namiento suficiente y un cartel interesante al que, por entonces, eraconocido como el Niño del Seguridad. Su primera gran temporadafue la de 1926, regresando a una Valencia que ya veía en su carrerade novillero una reedición de la que había vivido, pocos años antes,el mismísimo Granero. Valor, dominio, elegancia y un extraordinariobuen hacer con el capote eran sus mejores cualidades, crecidas cuan-do el público y las empresas lo hacían competir con Vicente Barrera,por entonces novillero paisano y coetáneo suyo.

Tomó la alternativa en Valencia de la mano de JuanBelmonte el 1 de octubre de ese mismo año y, hasta 1930, mantu-vo un importante cartel. A partir de esas fechas, sin embargo, lasuerte comenzó a abandonarlo. El número de corridas descendiópoco a poco y, cuando en 1935 tenía una buena oportunidad pararecuperar el crédito acudiendo a Valencia, a su feudo, se lo impi-dió una cornada. En busca de contratos renunció a su categoría,tras lo cual llegó la Guerra Civil y, para Enrique Torres, el exilio y,por último, el olvido.

Enrique Torres

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Hui, quan tenim un Vicent Barrera en les places, elscapritxos de la història ens tornen, en 29 plaques fotogràfiques,la imatge d’un altre torero amb el mateix nom. La imatge d’unxicot que potser no havia passat de joneguer, d’un jove inex-pert, fins i tot intimidat per la càmera i que, tanmateix, mostraen algunes imatges la mateixa seriositat i la mateixa mirada quela càmera captà molts anys després, quan gaudia plenamentdels seus èxits.

Va ser una llarga sessió fotogràfica la que protagonitzàVicent Barrera en l’estudi de Boldún. En la galeria de la plaçad’Emilio Castelar posà amb les seues millors gales: amb dos dife-rents vestit* de torejar, amb un vestit curt i amb dos de carrer. Totauna ostentació inconcebible en un noveller que a penes iniciavaaleshores la seua carrera, si no fóra perquè justament aquest teniaal seu darrere una família de bona posició tractant de facilitar-li elscomençaments en el seu ofici.

Nascut a València el 1908, Vicent Barrera estava destinatpels seus a seguir estudis de lletres. Tanmateix, la seua tossude-ria, la seua resistència als càstigs i una escapada de casa acaba-ren per demostrar a la mare i als oncles (son pare havia mortquan Vicent tenia 8 anys) que els seus desitjos de ser torero noeren efímers. Així que els parents s’animaren a ajudar-lo en elsseus afanys, potser amb la secreta esperança que el desenganyarribara ell a soles.

Però això no succeí. El 1924, als 16 anys, Barrera es vestíper primera vegada de torero i tres temporades i moltes novelladesdesprés, el 17 de setembre de 1927, Juan Belmonte li concedia l’al-ternativa a València. A partir d’aqueix dia va viure llargues i exito-ses temporades, especialment les compreses entre els anys 1928 i1932, i es convertí per als seus contemporanis en una gran figurai, per a la història, en un dels actors principals del que s’ha ano-menat l’Edat d’Argent de la tauromàquia.

Retirat el 1935, encara tornà a les places com a gran mestredues vegades més, el 1940 i el 1944; el 1945 es retirà definitiva-ment, quan tenia 38 anys.

Hoy, cuando tenemos un Vicente Barrera en los ruedos, loscaprichos de la historia nos devuelven, en 29 placas fotográficas,la imagen de otro torero con el mismo nombre. La imagen de unmuchacho que quizá no había pasado de becerrista, de un joveninexperto, incluso intimidado por la cámara y que, sin embargo,muestra en algunas imágenes la misma seriedad y la misma mira-da que la cámara captó muchos años después, cuando disfrutabaplenamente de sus éxitos.

Fue una larga sesión fotográfica la que protagonizó VicenteBarrera en el estudio de Boldún. En la galería de la plaza deEmilio Castelar posó con sus mejores galas: con dos diferentesvestidos de torear, con un traje corto y con dos de calle. Todo underroche inconcebible en un novillero que apenas iniciabaentonces su carrera, si no fuera porque precisamente éste teníatras de sí a una familia de buena posición tratando de facilitarlelos comienzos en su oficio.

Nacido en Valencia en 1908, Vicente Barrera estaba destina-do por los suyos a seguir estudios de letras. Sin embargo, su tozu-dez, su resistencia a los castigos y una escapada del hogar termi-naron por demostrar a la madre y los tíos (su padre había falleci-do cuando Vicente tenía ocho años) que sus deseos de ser torerono eran efímeros. Así que los parientes se animaron a ayudarle ensus afanes, quizá con la secreta esperanza de que el desengaño lle-gara por sí solo.

Pero eso no sucedió. En 1924, a los 16 años, Barrera se vistiópor primera vez de torero y tres temporadas y muchas novilladasdespués, el 17 de septiembre de 1927, Juan Belmonte le concedía laalternativa en Valencia. A partir de ese día, vivió largas y exitosastemporadas, especialmente las comprendidas entre los años 1928 y1932, convirtiéndose para sus contemporáneos en una gran figuray, para la historia, en uno de los actores principales de lo que se hadenominado la Edad de Plata de la tauromaquia.

Retirado en 1935, aún volvió a los ruedos como gran maes-tro dos veces más, en 1940 y 1944, olvidándose de los cosos defi-nitivamente en 1945, cuando tenía 38 años.

Vicente Barrera

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Era només una promesa, però ja abans d’abril de 1925,quan no havia arribat a presentar-se en places importants, l’ala-cantí Àngel Celdran, Carratalà posava somrient, segur i deciditen la galeria de Boldún. Estava en la vintena i ja havia triat noseguir les passes que la seua acomodada família li marcava en elram del comerç, sinó les petges deixades per mítics matadorsque duien, a través del bou, a la glòria. El camí es presentava mésbrillant, però també més ardu com el destí mateix s’encarregariade demostrar.

Nascut el 9 de maig de 1903 a Alacant, torejà a Alcoi —elcartell l’anuncia amb aquesta mateixa fotografia de Boldún— el27 d’abril de 1925. Va ser presentat a la plaça de Múrcia elsetembre de l’any següent i continuà sumant el seu prestigi, basaten gran mesura en la seua valentia, per a ser contractat en placescada vegada més importants. Arribà finalment la sempre som-niada contracta de la plaça de Madrid el març de 1927 i, tanma-teix, aqueixa vesprada defraudà: en la capital li tocà lidiar elsseus novells i lluitar contra les nombroses expectatives creades al’entorn de la seua persona.

No parà l’alacantí, sinó que decidí fer d’aquesta topadaun punt d’inflexió en la seua carrera. Se n’anà aqueix hiverna torejar a Veneçuela i tornà amb ànims renovats a la tempo-rada nacional. Justament aqueix any 1927 estigué a punt deconvertir-se en el noveller més destacat, i només li ho impe-dí una greu enganxada en la novellada de Sant Mateu, aLogronyo, quan duia realitzats ja 28 festejos. El contratemps,lluny de minvar el seu valor com tants suposaven, el renovài obtingué a partir d’aquest moment els millors triomfs de laseua vida. Aqueixa vida que acabà el 1929, quan tenia 26anys, l’endemà de ser enganxat per Mirlito, un novell sal-mantí de Lorenzo Rodríguez.

Era sólo una promesa, pero ya antes de abril de 1925, cuan-do no había llegado a presentarse en plazas importantes, el alican-tino Ángel Celdrán, Carratalá posaba sonriente, seguro y decididoen la galería de Boldún. Estaba en la veintena y ya había elegidono seguir los pasos que su acomodada familia le marcaba en elramo del comercio, sino las huellas dejadas por míticos matadoresque llevaban, a través del toro, a la gloria. El camino se presenta-ba más brillante, pero también más arduo como el propio destinose encargaría de demostrar.

Nacido el 9 de mayo de 1903 en Alicante, toreó en Alcoy—el cartel lo anuncia con esta misma fotografía de Boldún— el27 de abril de este 1925. Fue presentado en la plaza de Murciaen septiembre del año siguiente y siguió sumando su prestigio,basado en gran medida en su valentía, para ser contratado enplazas cada vez más importantes. Llegó finalmente la siempresoñada contrata de la plaza de Madrid en marzo de 1927 y, sinembargo, esa tarde defraudó: en la capital le tocó lidiar susnovillos y pelear contra las numerosas expectativas creadas entorno a su persona.

No paró el alicantino, sino que decidió hacer de este tropie-zo un punto de inflexión en su carrera. Se marchó ese invierno atorear a Venezuela y volvió con ánimos renovados a la temporadanacional. Precisamente ese año de 1927 estuvo a punto de conver-tirse en el novillero puntero, y sólo se lo impidió una grave cogidaen la novillada de San Mateo, en Logroño, cuando llevaba 28 feste-jos en su haber. El percance, lejos de mermar su valor como tantossuponían, lo renovó, obteniendo a partir de este momento losmejores triunfos de su vida. Esa vida que terminó en 1929, cuan-do tenía 26 años, al día siguiente de ser corneado por Mirlito, unnovillo salmantino de Lorenzo Rodríguez. Fue en Inca, en unacorrida en la que alternaba con Belmonte y Lorenzo Rodríguez.

Ángel Celdrán, Carratalá

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Només conservem en la col·lecció de Boldún una imatged’aquest torero toledà i suposem que degué captar-se el 1929,l’any en què aquest home va prendre l’alternativa a València i pràc-ticament l’últim de la seua carrera. Una carrera que, segons lahistòria, va ser desigual, breu i atípica. La seua és, sens dubte, unaestranya biografia, ja que ni es correspon amb el torero vocacional,ni amb el que hereta l’ofici ni amb el que busca una eixida a lamisèria. ¿Va ser només un caprici ocasional?

Julián Sacristán era natural de Santa Olalla (Toledo) i filld’una família benestant. Decidí convertir-se en torero el 1923. Eraun dia de festa en el seu poble i, en l’habitual jonegada, va rebreels seus primers aplaudiments davant un bou. Aviat en rebé elssegüents, ja que abans d’un any ja actuava en places de bona cate-goria; el 1924 obtingué un sonor èxit a Carabanchel Alto.

Durant cinc anys actuà com a noveller, alternant evidentsfracassos amb vesprades definitivament brillants que el duguerena presentar-se a València. I va ser també a València on va rebre elstrastos de matar de mans de Marcial Lalanda la vesprada del 26 dejuliol de 1929.

La seua alternativa no va ser, tanmateix, l’inici d’un segonperíode de la seua vida professional, sinó, segons sembla, el finalde les seues aspiracions. Com a matador només torejà quatrecorregudes més.

Tan sólo conservamos en la colección de Boldún una ima-gen de este torero toledano y suponemos que debió de captarse en1929, el año en que este hombre tomó la alternativa en Valencia yprácticamente el último de su carrera. Una carrera que, según lahistoria, fue desigual, breve y atípica. La suya es, sin duda, unaextraña biografía, pues ni se corresponde con el torero vocacional,ni con el que hereda el oficio ni con el que busca una salida a lamiseria. ¿Fue sólo un capricho ocasional?

Julián Sacristán era natural de Santa Olalla (Toledo) e hijode una familia acomodada. Decidió convertirse en torero en 1923.Era un día de fiesta en su pueblo y, en la habitual capea, recibiósus primeros aplausos ante un astado. Pronto recibió los siguien-tes pues, antes de un año ya actuaba en plazas de buena categoría,cosechando en 1924 un sonoro éxito en Carabanchel Alto.

Durante cinco años actuó como novillero, alternando evi-dentes fracasos con tardes definitivamente brillantes que lo lleva-ron a presentarse en Valencia. Y fue también en Valencia donderecibió los trastos de matar de las manos de Marcial Lalanda latarde del 26 de julio de 1929.

Su alternativa no fue, sin embargo, el inicio de unsegundo periodo de su vida profesional sino, por lo que pare-ce, el final de sus aspiraciones. Como matador sólo toreó cua-tro corridas más.

Julián Sacristán Fuentes

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El 26 de novembre de 1930, Julio Bohigues dedicavaamb respecte i admiració una fotografia seua “al notable críticodon Ángel Berlanga”. Mostrava en la dedicatòria evidents desit-jos d’agradar a qui ell suposava capaç de canviar amb la seuaploma, com una vareta màgica, el pervindre d’un artista. Peròel futur de glòria que probablement somniava aquest jove no lifou concedit: el seu nom no ha deixat rastre en els annals de lahistòria de la tauromàquia. Fins i tot si identifiquem (comsembla més que probable) aquest Julio Bohigues amb el JulioBoiquez Carrillo que apareix en el tercer volum de l’exhaustiuCossío, la seua ressonància és més aviat escassa, ja que elsanuaris de l’època diuen d’ell que torejà menys de deu corre-gudes en places poc importants durant l’any 1930.

Resulta raonable suposar a Julio Bohigues origen valenciàtant pel cognom, com pel seu ocasional acostament al crítictaurí d’El Mercantil i el fet mateix de fer-se fotografiar en la gale-ria de Boldún.

El 26 de noviembre de 1930, Julio Bohigues dedicaba conrespeto y admiración una fotografía suya “al notable crítico donÁngel Berlanga”. Mostraba en la dedicatoria evidentes deseos deagradar a quien él suponía capaz de cambiar con su pluma,como una varita mágica, el provenir de un artista. Pero el futurode gloria que probablemente soñaba este joven no le fue conce-dido: su nombre no ha dejado rastro en los anales de la historiade la tauromaquia. Incluso si identificamos (como parece másque probable) a este Julio Bohigues con el Julio Boiquez, Carrilloque aparece en el tercer tomo del exhaustivo Cossío, su reso-nancia es más bien escasa, pues los anuarios de la época dicen deél que toreó menos de diez corridas en plazas poco importantesdurante el año 1930.

Resulta razonable suponer que Julio Bohigues tenía origenvalenciano tanto por el apellido como por su ocasional acerca-miento al crítico taurino de El Mercantil y el propio hecho dehacerse fotografiar en la galería de Boldún.

Julio Bohigues

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Al voltant dels anys 1928 i 1929, la càmera de Boldún con-gelà la imatge d’Eduardo Hueso Gilarte. En la mitja dotzena defotos conservades podem veure que aquest home pròxim a la tren-tena no té la mateixa por a la càmera que els novellers princi-piants, però tampoc posseeix l’aplom de les figures. I això que aValència havia tingut vesprades molt notables quan encara eranoveller, en la temporada de 1929.

La d’aquest sevillà va ser una carrera breu i desigual a causa,segons els cronistes de la seua època, de la seua falta de decisió.Havia nascut el 17 de desembre de 1900 i, després de començar atreballar com a fuster mecànic, elegí el camí de les places. Per aaixò comptà amb l’ensenyament teòric d’Enrique Vargas, Minuto iamb les classes pràctiques habituals en l’època: les jonegades i elscamps andalusos. La seua presentació com a matador tingué lloc aUtrera el juliol de 1920, però no va poder arribar a matar per l’en-ganxada del seu primer novell.

Seguí durant alguns anys una carrera plena de daltabaixos i,finalment, en els anys 1927, 1928 i 1929 se’l va poder veure en lesmillors places. Aquests van ser, indubtablement, els seus millorsanys a pesar de la qual cosa no prengué l’alternativa aleshores, sinóque preferí seguir en l’escalafó inferior fins al 1931. Aqueix any esdoctorà a Lima, de la mà de Bernardo Muñoz, Carnicerito i aAmèrica desenvolupà la resta de la seua carrera.

En torno a los años 1928 y 1929, la cámara de Boldún con-geló la imagen de Eduardo Hueso Gilarte. En la media docena defotos conservadas podemos ver que este hombre cercano a la trein-tena no tiene el mismo miedo a la cámara que los novilleros prin-cipiantes, pero tampoco cuenta con el aplomo de las figuras. Y esoque en Valencia había tenido tardes muy notables siendo aún novi-llero, en la temporada de 1929.

La de este sevillano fue una carrera breve y desigual debido,según los cronistas de la época, a su falta de decisión. Había naci-do el 17 de diciembre de 1900 y, después de comenzar a trabajarcomo carpintero mecánico, eligió el camino de los ruedos. Paraello contó con la enseñanza teórica de Enrique Vargas, Minuto ycon las clases prácticas habituales en la época: las capeas y loscampos andaluces. Su presentación como matador tuvo lugar enUtrera en julio de 1920, pero no pudo llegar a matar por la cogi-da de su primer novillo.

Siguió durante algunos años una carrera llena de altibajos y,finalmente, en los años 1927, 1928 y 1929 se le pudo ver en lasmejores plazas. Éstos fueron, indudablemente, sus mejores años, apesar de lo cual no tomó la alternativa entonces, sino que prefirióseguir en el escalafón inferior hasta 1931. Ese año se doctoró enLima, de la mano de Bernardo Muñoz, Carnicerito y en Américadesarrolló el resto de su carrera.

Eduardo Hueso Gilarte, Gordillo

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Segons conten, el de Fernando Domínguez va ser un toreigcomplet, en el qual s’ajuntaven art i valor. I tanmateix, no sempretingué les simpaties dels aficionats i del món taurí en general, ialguns apunten que la causa n’era la seua seriositat. Cossío mateixafirma que aquesta circ*mstància, si bé no era un obstacle insu-perable, sí resultava una certa contrarietat; encara que per a noqualificar-lo d’antipàtic diu que “es la suya acentuación de la serie-dad castellana”.

Tinguera Domínguez o no la simpatia natural d’altrestoreros coetanis, la veritat és que, de les dues fotos seues con-servades de l’arxiu de Boldún, en una d’elles somriu. ¿És unsomriure natural o es tracta d’un gest provocat pel fotògraf —gran aficionat als bous— per a negar el que la gent deia? Mai noho sabrem. Sí sabem que les dues fotos es van prendre en elsprimers anys trenta, probablement el 1932, just quan vivia laseua gran temporada com a noveller.

Domínguez havia nascut a Valladolid el 1907 i en l’ado-lescència canvià el negoci familiar de la carnisseria per la carrerataurina, especialment des de la vesprada en què actuà com asobresalient. Va ser el 13 de maig de 1926 i el jove, que no haviamatat més que un parell de jònecs en dues ocasions, es va veuredavant d’un senyor bou de cinc anys el qual estoquejà amb desim-boltura i decisió. Des d’aqueix moment, el seu cartell continuàcreixent i el 1933, la vespra de la festa de Sant Josep, VicentBarrera li donà l’alternativa a València. La vesprada no resultà moltbrillant, però sí ho van ser altres d’aqueixa fira de falles.

La seua carrera, com tantes, es truncà durant la GuerraCivil, però finalitzada aquesta continuà algunes temporades més.

Según cuentan, el de Fernando Domínguez fue un toreocompleto, en el que se aunaban arte y valor. Y sin embargo, nosiempre contó con las simpatías de los aficionados y del mundotaurino en general, y algunos apuntan que la causa de ello era suseriedad. El propio Cossío afirma que esta circunstancia, si bien noera un obstáculo insuperable, sí resultaba una cierta contrariedad;aunque para no tildarlo de antipático dice que “es la suya acen-tuación de la seriedad castellana”.

Contara Dominguez o no con la simpatía natural deotros toreros coetáneos, lo cierto es que, de las dos fotos suyasconservadas del archivo de Boldún, en una de ellas sonríe. ¿Esuna sonrisa natural o se trata de un gesto provocado por elfotógrafo —gran aficionado a los toros— para negar lo que losmentideros decían? Nunca lo sabremos. Sí sabemos que las dosfotos se tomaron en los primeros años treinta, probablemente en1932, justo cuando vivía su gran temporada como novillero.

Domínguez había nacido en Valladolid en 1907 y en la ado-lescencia cambió el negocio familiar de la carnicería por la carrerataurina, especialmente desde la tarde en que actuó como sobresa-liente. Fue el 13 de mayo de 1926 y el joven, que no había mata-do más que un par de astados en sendas becerradas, se vio frentea un señor toro de cinco años al que estoqueó con soltura y deci-sión. Desde ese momento, su cartel siguió creciendo y en 1933, lavíspera de la fiesta de San José, Vicente Barrera le dio la alternati-va en Valencia. La tarde no resultó muy brillante, pero sí lo fueronotras de esa feria de fallas.

Su carrera, como tantas, se truncó durante la Guerra Civilpero terminada la contienda continuó algunas temporadas más.

Fernando Domínguez Rodríguez

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Este joven de aspecto desenfadado se publicitaba en laprensa valenciana de 1929 como el novillero “que desafía el peli-gro sonriendo como los recios gladiadores de la Antigua Roma”.Ese mismo año de 1929 fue el de su presentación en Valencia ydurante las temporadas sucesivas tendría oportunidad de lucirtanto su sonrisa como su destreza con el capote, detalle que, alparecer, fue su sello distintivo. Tomó la alternativa el 30 de juliode 1934 en el coso de la calle de Xàtiva de la mano del Gallo y enpresencia de Barrera.

Aunque su carrera no fue muy destacada, su presencia fuerequerida en acontecimientos dispares: en agosto del 36 alternócon Domingo Ortega, Rafael Ponce, Rafaelillo y Jaime Pericás en lacorrida organizada por las milicias populares a beneficio delComité Central de Socorros; en mayo del 39 tomaba parte en unfestival a beneficio de los hospitales del ejército.

Su presencia en los ruedos se prolongó algunos años más(hasta 1943) aunque, a partir de 1940, en calidad de novillero.

Aquest jove d’aspecte desimbolt es publicitava en la premsavalenciana de 1929 com el noveller “que desafía el peligro sonriendocomo los recios gladiadores de la Antigua Roma”. Aqueix mateix anyde 1929 va ser el de la seua presentació a València i durant les tem-porades successives tindria oportunitat de lluir tant el seu somriu-re com la seua destresa amb la capa, detall que, segons sembla, vaser el seu segell distintiu. Va prendre l’alternativa el 30 de juliol de1934 en la plaça del carrer de Xàtiva de la mà del Gallo i enpresència de Barrera.

Encara que la seua carrera no va ser molt destacada, la seuapresència va ser requerida en esdeveniments dispars: l’agost de1936 alternà amb Domingo Ortega, Rafael Ponce, Rafaelillo iJaume Pericàs en la correguda organitzada per les milícies popu-lars a benefici del Comité Central de Socors; el maig de 1939 pre-nia part en un festival a benefici dels hospitals de l’exèrcit.

La seua presència en les places es prolongà alguns anys més(fins a 1943) encara que, a partir de 1940, en qualitat de noveller.

Amador Ruiz Toledo

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Probablement no va poder ni imaginar-ho. Quan el joveaspirant a torero acudí a la important galeria on es fotografiavenles grans figures, no podia ni imaginar que un dia, des de l’altrecostat de l’objectiu, ell també dispararia contra el millor de lafesta. Perquè això fou el que succeí: durant més de dues dèca-des, Pep Cerdà es dedicà a la fotografia taurina, captant tot allòque passava a la plaça de València i publicant les seues ins-tantànies a El Ruedo, Dígame, Tendido 13, Venezuela Taurina i ElMundo de los Toros.

Va ser un canvi relatiu d’activitat, ja que tota la seua vidagirà a l’entorn de les places. Nascut a València el 27 de febrer de1910, Pep Cerdà ja es trobava als 19 anys torejant novellades en laseua regió i apareixent fins sis vegades en els cartells de 1929. Elsseus contractes milloren i aconsegueix places més bones en la tem-porada següent, la de 1930, i finalment arriba a presentar-se aMadrid el 6 de setembre d’aquell any amb novells de Coquilla ialternant amb Atarfeño i Félix Rodríguez II. Aqueixa vesprada vapatir una greu enganxada en la cuixa.

Va fer una discreta carrera de noveller durant els primersanys de la dècada dels trenta. Les estadístiques indiquen que torejà18 vesprades l’any 1933 i 20 en la temporada següent. I desprésde la Guerra Civil s’integrà successivament com a banderiller enles quadrilles d’Enrique Vera, Nacional, el Suso i el Turia (va seramb qui més temps passà), per a, en l’últim tram de la seua vida,mirar els bous com a fotògraf.

Probablemente no pudo ni imaginarlo. Cuando el jovenaspirante a torero acudió a la importante galería donde se foto-grafiaban las grandes figuras, no podía ni imaginar que un día,desde el otro lado del objetivo, él también dispararía contra lomejor de la fiesta. Porque eso fue lo que sucedió: durante más dedos décadas, Pepe Cerdá se dedicó a la fotografía taurina, cap-tando cuanto pasaba por el coso de Valencia y publicando susinstantáneas en El Ruedo, Dígame, Tendido 13, Venezuela Taurina yEl Mundo de los Toros.

Fue un cambio relativo de actividad puesto que toda su vidagiró en torno a los ruedos. Nacido en Valencia el 27 de febrero de1910, Pepe Cerdá ya se encontraba a los 19 años toreando novi-lladas en su región y apareciendo hasta seis veces en los cartelesde 1929. Sus contratos mejoran y consigue mejores plazas en latemporada siguiente, la de 1930, llegando a presentarse finalmen-te en Madrid el 6 de septiembre de 1930 con novillos de Coquillay alternando con Atarfeño y Félix Rodríguez II. Esa tarde recibióuna grave cornada en el muslo.

Hizo una discreta carrera de novillero durante los primerosaños de la década de los treinta. Las estadísticas indican que toreó18 tardes en el año 1933 y 20 en la temporada siguiente. Y tras laGuerra Civil se integró sucesivamente como banderillero en lascuadrillas de Enrique Vera, Nacional, el Suso y el Turia (fue conquien más tiempo pasó) para, en el último tramo de su vida, mirarlos toros como fotógrafo.

José Cerdá San Martín

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Cinc fotos amb el vestit brodat en or, cinc amb el vestitbrodat en atzabeja i, en les deu, un mateix xiquet que unes vega-des tracta infructuosament de demostrar seriositat i al qual, enaltres ocasions, li esclata un somriure en la cara. És JaumePericàs, torero fi, elegant i de bon estil que, el 1931, quan tenia15 anys, s’havia fet un lloc entre els novellers, havia conquistatles places grans i s’havia presentat a Madrid. També s’havia fet enaqueixa data aquestes fotografies, amb una de les quals s’anun-cia en la fira de Morella.

Però aqueix any de 1931, amb 13 novellades en el seucurrículum, va ser només l’inici d’una excel·lent carrera en lesplaces. Les temporades següents van ser una progressió constanti prometedora per a aquest mallorquí que havia nascut el 1916.El 1935 aconseguí ser el noveller amb més corregudes fetes. El17 de març de 1936 va rebre l’alternativa a València de mans deDomingo Ortega.

Cinco fotos con el traje bordado en oro, cinco con el trajebordado en azabache y, en las diez, un mismo niño que unas vecestrata infructuosamente de demostrar seriedad y al que, en otrasocasiones le explota una sonrisa en la cara. Es Jaime Pericás, tore-ro fino, elegante y de buen estilo que, para 1931, cuando teníaquince años, se había hecho un hueco entre los novilleros, habíaconquistado las plazas grandes y se había presentado en Madrid.También se había hecho en esa fecha estas fotografías, con una delas cuales se anuncia en la feria de Morella.

Pero ese año de 1931, con 13 novilladas en su curriculum,fue solo el inicio de una excelente carrera en los ruedos. Lassiguientes temporadas fueron una progresión constante y prome-tedora para este mallorquín que había nacido en 1916. En 1935consiguió ser el novillero con más corridas en su haber. El 17 demarzo de 1936 recibió la alternativa en Valencia de manos deDomingo Ortega.

Jaime Pericás

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English version

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A pleasant surprise

More than thirty years after the Boldún photography studio and the

building that housed it had disappeared, chance afforded us a pleasant sur-

prise during the course of an investigation focused not on the photogra-

pher Boldún himself, but on his predecessor. Research was centred on

Antonio García, the great 19th-century Valencian photographer, and it was

his granddaughter, Enriqueta Moscardó, who provided the connection

with the descendants of her brilliant grandfather’s professional heir.

Without her help it would have been difficult to link this family with the

Boldúns, firstly because this sonorous surname, taken from the maternal

side of Salvador Pascual Boldún’s family, had been lost, secondly because

the studio had disappeared many years before and thirdly because there

were now no photographers left in the family.

So we came across Isabel Orellana, daughter-in-law of the first

Boldún and wife of the second, and her son, Enrique Pascual. And alt-

hough at first our work seemed to be leading towards a dead end, another

surprise was in store. All the material from the former Casa García (inclu-

ding the archives) had been sold many years before, but the family had

kept a small group of negatives for themselves. Among them were several

boxes marked “bullfighters” and another more specifically labelled “Gallo”.

This opened up a new channel of research, unconnected with the lead that

had taken us there. We later continued our former investigation at the first

opportunity because, although García’s fine work had been unjustly overs-

hadowed by the imposing spotlight of his son-in-law, the famous Valencian

painter Joaquín Sorolla, the history of photography had not been fair to

Boldún either. And a corpus like this merited a public showing and a more

detailed study of both the author and his work.

Salvador Pascual Boldún. The early years

“There is a psychological moment in the life of men that induces

reflection and concern for the future, and for us that moment has arrived.

(...) We must take the field, conquer the future; an effusive and fraternal

farewell embrace is in order...” With this ancient rhetoric, León González

bade farewell to student life and to his fellow students in the words that

served as Portico to a finely bound album featuring photographs and cari-

catures of law students who graduated in 1912. As at the end of every aca-

demic year, the time had come for the carefree young men to be transfor-

med into lawyers or businessmen and respectable heads of families.

Among the members of this generation was Salvador Pascual Boldún, from

Valencia, with his characteristic thin appearance, angular profile and smo-

ker’s gesture, the man whose signature appears at the bottom of the photo.

Salvador Pascual Boldún had been born 26 years earlier in Valencia,

the son of a wealthy man, Federico Pascual, and of Elisa Boldún, a beauti-

ful woman from Seville who before becoming a wife and mother had been

one of the finest actresses on the Spanish stage during the second half of

the 19th century. Elisa, who made her debut in Cadiz and Madrid in 1857

at just under ten years of age, was the pupil of Julián Romea (then direc-

tor of the conservatory) and his fellow actress. She was also a colleague of

actors Rafael Calvo and Victorino Tamayo, the favourite actress of the

playwright Echegaray and the woman for whom he wrote some of his most

famous works, and the teacher of the great María Guerrero who showed

her devotion to her for many years. But Elisa Boldún abandoned the stage

at the height of her success and, having travelled the length and breadth of

Spain and being considered the favourite of the public, she finally married

in Valencia, where she lived until her death in 1915. She had two children:

Elena and the subject of these lines, Salvador Pascual Boldún.

Judging by the photographs dedicated to the former actress by lea-

ding stage names, by the affectionate notes from Echegaray and by other

keepsakes preserved by the family, the retired actress did not live on memo-

ries alone. She appears to have remained in contact with the elite of the

Spanish stage for years, so that her children must have grown up in an

atmosphere of cultural refinement. This circle of friends likewise indicates

that the young Salvador must have had the chance from an early age to be

in close contact with some splendid examples of photography. While a well-

off family such as his father’s could easily possess excellent portraits by both

photographers and painters, the presence in the home of a great lady of the

theatre would increase the presence of images set by chemical means.

Within his field of vision were the numerous portraits of Elisa the actress in

her best roles, and within the scope of his curiosity, the same images both

on photographic paper and reproduced as illustrations in the show business

press, or combined to form a new larger print comprising several individual

photographs. Likewise he was familiar with pictures that were simply well-

made and portraits such as those that Kaulak took of María Guerrero and

Fernando Díaz de Mendoza, which are a true lesson in photography. So

Salvador Pascual Boldún grew up with firsthand experience of this union

between the world of the stage and of the photographic gallery – the sub-

Salvador Pascual BoldúnConcha Baeza. José Vicente Rodríguez

also is that the presence of the Moscardó-Garcías was far from incidental

and must have continued for a long time, judging by facts such as the

couple having been responsible for looking after the Boldún-Martorell’s

only child when he had scarlet fever. Antonio García had been well-

known in Valencia and had spent over fifty years behind cameras.

Educated at the Fine Arts School, in his youth García carried out several

commissions for the theatre (a drop-curtain for the Principal theatre in

Valencia, a set for Magic Potions by Hartzenbuch,... ) but soon opted for

photography, an avant-garde discipline and, at the same time, one that

was disregarded by artists, who considered it to be mere technology. He

left us proof of his work as a genuine master of light and composition, and

an expert in studio portraits. As a vindicator of a Valencian history free

from costumbrismo (the literary genre of local customs and manners), he

evidenced the beauty and grandiosity of the city’s historic monuments; as

a man of action, he went out into the street to record notable social

events; and, as if that were not enough, he sold cameras and photographic

accessories, published postcards, illustrated books, and provided the

newspapers with material from the street, undertaking everything with

the magnificent business acumen that made his studio a thriving concern.

Thus, Salvador Pascual Boldún faced the none too easy task of continuing

the commercial success and the professional work of someone who had

probably been the best Valencian photographer of the 19th century. But

circ*mstances had changed outstandingly over the years and nothing he

did could equal the work of his illustrious predecessor. Antonio García

started his professional career 23 years after the presentation of the dague-

rreotype in Spain. In other words, at a time when photographs were no

longer the result of a strange science practised by foreigners (basically the

French), but were becoming a locally made consumer product. In addi-

tion, as the years passed and new techniques reduced the final cost,

having one’s photograph taken became accessible to increasingly lower

social strata. Therefore, by the time Boldún took charge of Casa García the

number of photographic studios in Valencia had grown considerably,

making way for a new generation of photographers, and practically anyo-

ne could afford to have their photograph taken. However, the democrati-

zation of photography was not the only circ*mstance involved. Society in

general was taking its first steps towards what we today call the “age of

the image”. Whereas in the 19th century photography had ensured a gro-

wing presence of pictures in everyday life, the turn of the century produ-

ced a new revolution boosted by means of mechanical reproduction.

Firstly (during the first decade of the 20th century) came postcards, pic-

ture cards for collecting and, almost simultaneously, illustrated magazi-

134

ject of Andrés Peláez’ reflections in his introduction to El semblante de la

escena (The Countenance of the Stage): “...the recesses of the first photo-

graphic studios, clients in poses ‘of affected composition and tone’ that

seem to have been extracted from a comedy of manners. When it comes to

studying gestures, feelings and expressions, where could you find a face

with a better ‘mask’ than that which the comedy actors offered the photog-

raphers? A good illustration of this are the curious – and sometimes naive

– catalogues the actors had made to show impresarios, managers and direc-

tors their capacity for expression when seeking contracts.”(1)

Whether Bodún’s love of photography stemmed from his home

environment or was simply a suitable hobby for wealthy men that became

fashionable in the early 20th century, by the time he left university young

Salvador was a good amateur photographer and, like so many Valencians,

knew the prosperous García studio, still run by Antonio García who was

then 77 years old. At home, Boldún had seen photographs the illustrious

gentleman had taken of his parents, and it is also possible that he had

bought photographic material from García at his gallery at number 10

plaza de Emilio Castelar. And moreover, in the spring of 1912 he went to

the studio, as did all his fellow graduates, to have his photograph taken for

a University of Valencia former students’ album.

An important professional inheritance

Very soon after leaving his student days behind in 1912, Salvador

Pascual Boldún became part of the fight for the future, just as his fellow

student predicted on their graduation. In 1911, one of the most presti-

gious architects in the Valencia of that time, Antonio Martorell, had desig-

ned a house for him at number 3 Pérez Pujol street and two years later, in

1913, he was married to the architect’s daughter. One year later the couple

had their first and only child, Fernando Pascual Martorell, and at about the

same time (almost certainly between 1915 and 1916), Salvador took over

the splendid business García had founded in 1862 with Cebrián.

Luis Moscardó, also a lawyer, a friend of Salvador Pascual and the

son-in-law of García following his marriage in 1897 to Enriqueta, the

fourth of the Valencian photographer’s five children, played a prominent

role in this transfer. According to the family, Moscardó was responsible for

putting the young amateur in contact with the elderly photographer who,

in his seventies and suffering from diabetes, probably felt unable to con-

tinue running the business with the same energy and professional zeal he

had displayed for over five decades. His professionalism, on occasions, as

occurred in 1912, had even led him to cancel trips “for we do not wish to

leave the business solely in the hands of the shop assistants”(2). Of note

135

nes. Then at last, with the explosion of photographic magazines in the

20s, pictures were to become the genuine stars, substituting the written

word in most popular publications. In May 1920, the first of these maga-

zines was published in Valencia with the revealing title Instantáneas

(Snapshots). This was followed by three successive publications: the

entertainment and sports weekly Valencia artística in 1923, Vida cinemato-

gráfica (Film Life) in 1925 and Revista Ilustrada Semanal (Weekly

Illustrated Review) in 1926(3). Obviously, a situation such as the one we

are describing requires a certain degree of specialization because the pho-

tographer cannot attend simultaneously to the needs of the customers

who enter through the shop door and those of the press.

This then is the panorama that Boldún encountered at the outset of

his career. On the threshold of an new era, aware or unaware as he may

have been of the changes that were occurring at the heart of his profession,

Boldún adopted the following formula: to abandon part of the work García

had carried out in the street and, concentrating on studio portraits, try to

maximize profits from this side of the business.

The first step Boldún had to take was to give the gallery a name,

opting to maintain his predecessor’s surname and advertising as Casa

García (though occasionally his work on the former owner’s photo-

graphic paper appears without the word “Casa”). The idea not to change

the name may have come from the elderly gentleman himself, but it

seems more likely that Boldún wanted to make the most of the commer-

cial pull of the trade mark, at least while he was still consolidating his

name as a photographer. In time, “S. Pascual Boldún” appeared in small

letters on the shop sign under the inscription “Casa García”. The name

of the successor underwent further transformations to become an

“S.P.Boldún” whose typographic importance grew over the years. Finally,

the letterhead on his stationery read “Fotografía Boldún. Formerly Casa

García” and on the photographs a dry stamp along the same lines that

became the studio trade mark. Nevertheless, despite leaving out his

name and first surname, Boldún added the name García to the immense

majority of his work, though it is also true that we confirmed the exis-

tence of a dry stamp on which the surname García failed to appear. In

any case, Boldún used the studio’s antiquity as an important commercial

argument for years. We have the example of an advertisem*nt for first

communion portraits dating back to at least 1939. The advertisem*nt,

apart from recommending this sort of mementoes because they were

“cheaper than religious pictures, constituting the best memento of the

event”, announced that “we can compete in quality and prices, as our

many years in the business provides us with unrivalled experience”.

As for photographic genre, Boldún concentrated exclusively on

studio portraits. Customers at the gallery in the plaza de Emilio Castelar,

later called plaza del Caudillo (currently plaza del Ayuntamiento), inclu-

ded personalities such as the actors Pepe Alba and Félix Dafauce,

General Aranda, a long list of personalities from the world of bullfigh-

ting which concerns us here, and distinguished representatives of the

city’s political and artistic circles. However, most of his work consisted

in portraying not personalities but persons. Farmworkers and soldiers,

couples in wedding dress and children taking their first communion, the

number of anonymous citizens who visited his studio must have been

very high because the gallery remained open until the 60s. Boldún ran

the business until 1952 when he was succeeded by his son, Fernando

Pascual, who maintained his grandmother’s surname as the trade mark.

His precarious health and the demolition of the building that housed the

studio prompted the family to wind up the business and sell practically

the entire contents.

Aficionados

From the royal family to the most popular strata of society, and

from simple land or shop owners to the aristocracy, in the society that

emerged from the disaster of 1898 (the Spanish-American War and the

end of the Spanish Empire) absolutely everyone was a bullfighting aficio-

nado. This enthusiasm, prolonged for decades and nurtured by the pre-

sence in the arena of what have since been called the golden and silver

ages of bullfighting, would also captivate Boldún who, being a wealthy

man, was a regular spectator at important bullfights and had a regular seat

in the barrier area.

But in addition to this, his relationship with the world of bullfigh-

ting continued at close quarters because on the ground floor of number 3

Pérez Pujol street, where he lived at the time, were the headquarters of the

famous club or peña El Gallinero, dedicated to the brothers Rafael and

José Gómez, the matadors El Gallo and Gallito or Joselito. The club remai-

ned at these premises until well into the 70s when its official name was

Sociedad Recreativa La Peña.

Is this enthusiasm enough to justify the presence of matadors at his

gallery and the accumulation of photographs of bullfighters in his archi-

ves? More than likely, especially if, apart from the enthusiasm, we take into

account the democratization of photography (the phenomenon mentioned

earlier) and a more or less solid tradition that had existed in the studio

since its introduction in the form of plates by Antonio García. Several

prints by this photographer of a bullfight dating from around 1883 have

136

been preserved, as well as pictures of the patriotic bullfight in 1898 and

studio portraits of matadors as renowned as Frascuelo. In these circ*ms-

tances it is not surprising that the Boldún gallery became a compulsory

rendezvous for a generation of bullfighters.

The collection

Materials, identification, preservation and chronology

The collection of studio portraits of bullfighters kept by Boldún’s

heirs comprises over 250 negatives found in 8 cardboard boxes that had

originally contained photographic material. One of them is marked

“Gallo”, two others “Bullfighters” and the rest bear numbers that in for-

mer times must have enabled their location in the photographer’s archi-

ves. The first box obviously contains a set of photographs of Rafael

Gómez, a studio collection featuring interesting bullfighting scenery

(barrier and all). A negative of his brother José was also found in the

same box. In the remaining containers different bullfighting personali-

ties were found, the only apparent order being a tendency (not always

respected) to keep the glass plates separate from the plastic variety.

Another curious feature of some pictures is that the negative is sig-

ned by the subject of the photograph, like a permanent autograph. This

occurs with photographs of Joselito, Gaona and Belmonte specifically, the

signature being written over the emulsion in each case.

Apart from these signed photographs and those of Gallo, the rest of

the plates bear no signs of identification, so the task of locating the sub-

jects was by no means simple. Clearly, there are faces so famous that they

belong to the collective memory, faces that can be identified with relative

ease, whereas others speak through the features of their sons or grandsons

who are also bullfighters. The difficulty increases with the less remarkable

matadors or those whose career in the arena was short-lived. And the

names of others are still pending, waiting for some other researcher (or a

relation, or maybe sheer chance) to bring them to light.

The present-day condition of the collection is directly related to

the material used and its handling over the years. If we discount the ine-

vitable scratches in the emulsion, the glass plates (considered a priori

more fragile and therefore in all probability more carefully transported

and stored) prove generally to have withstood the passage of time well.

In contrast, the plastic negatives have suffered more, apparently due to

sharp changes in temperature or excessive heat. In these cases, the base

plate has become distorted, revealing contraction in the centre and crin-

kling at the edges. As for the emulsion, this sometimes reveals physical

damage (scratches, etc.) but in other cases there is partial loss of materi-

al, and in the worst cases, the emulsion has been transformed into a kind

of glue that has joined some plates to others, making their recovery

impossible without the professional help of experts in restoring this type

of chemical material. Fortunately, the number of photographs showing

such severe deterioration is small.

As far as the chronology of the pictures is concerned, once the

bullfighters had been identified, this was ascertained mainly through the

life events of the subjects (the dates of their triumphs, their appearances

in Valencia, etc.). Information has also been gleaned from period prints

dedicated by the matadors themselves, bullfight posters featuring the

same photographs, or their publication in the press. In the majority of

cases, this leads us to the twenties, although some fall outside these chro-

nological limits. The earliest date back as far as 1915 or 1916 and at the

other extreme are those from 1934 or even 1936. In any event, they

situate us in the middle of what are today referred to us as the golden

and silver ages of bullfighting.

Negative onto print

Another detail observed is the presence of a couple of signs in the

majority of the negatives: two lines, one vertical and one horizontal, always

located in the top left-hand part of the negative. A look at the prints of the

time is sufficient proof that these signs are really the coordinates used by

Boldún and his team for the final centring of the photograph. The

13x18cm plates used as negatives were larger than the postcard sized

prints (9x13cm), of which most copies would be made and which would

obviously be contact printed. The photographer had to bear this in mind

when taking the shot and left an ample background in the knowledge that

this would be eliminated later. Proof that the artist intended this second

centring to be carried out in the laboratory is seen in the fact that the signs

mentioned were also used as a guide in much larger prints and also in

some photographs that reveal the tricks of the trade, so to speak: the end-

less background, the end of the emulsion, etc.

Under these circ*mstances, when it came to showing Boldún’s work

we had two options: to reproduce the negative as it was or to follow the

steps laid down by the photographer. Given that we were aware of the lat-

ter in the majority of cases, it seemed unreasonable to insist on producing

a picture that was clearly not what the creator had in mind. In addition,

these photographs might give the impression that they were not the work

of a true professional, when the truth is that we were dealing with a pho-

tographer whose work may occasionally have been more thorough than

others, but who always displayed a correctness totally beyond reproach.

137

Uses and meaning of the photographs

An important social change

As we mentioned earlier, at the start of the 20th century there was

an important revival in bullfighting. Now more than ever, the matadors

became the real protagonists and were acclaimed as popular heroes.

Photography and image reproduction techniques had also become

widespread. Magazines, postcards, picture cards for collecting, matchbo-

xes, etc. were produced for the fans. The features of the great matadors

become familiar, recognizable faces engraved on the collective memory

(for centuries a place to which only kings and governors had had access

through coins). Some portraits had begun to appear on bullfight posters

in the second half of the 19th century, but it was in the early years of the

20th century that there was “considerable growth in personalized adver-

tising using posters with photogravures of matadors”(4). The phenome-

non happened with such extraordinary speed and efficiency that, in

1900 and 1908, the periodical Sol y Sombra (Sun and Shade) issued a

collection of postcards with pictures of major bullfighters, but not much

later, in 1916, Toros y Toreros (Bulls and Bullfighters) informed on the

contracts for the San Isidro fiesta in Madrid using only photographs(5).

The public no longer required the names of the great matadors. It was a

sign of new times. Looking at it from one angle, we can say the pictures

enable the public to get to know their hero better and satisfy their curio-

sity. Seen from the other angle, hundreds of copies of the same photo-

graph become part and parcel of renown, like well-cut suits, amulets and

the cohort of followers: risk in exchange for applause; sweat and gorings

in exchange for money and fame.

However, what had originally been part of success finally became

essential for anyone aspiring to be a big name. Bullfight fever produced

growing numbers of photo-distribution channels and in no time blank

magazine pages, posters and picture cards for collecting were ready and

waiting for the faces of new bullfighters. Pictures of the big stars continue

to be served up to the public, but now they are joined by those of second-

rate matadors and young hopefuls. Young men wanting to become mata-

dors not only need a bullfighter’s costume, sword and hat before they leap

into the arena, but a photograph with their extraordinary uniform, a pic-

ture to show their trade, a portrait to present to the papers.

In the light of this social change we can understand why old García

had had the chance to photograph various leading matadors and why,

some years later, his successor had made studio portraits of the beginners,

the unlucky ones and those who disappeared into obscurity, as well as the

big names. They all needed him.

The anonymous and the triumphant

Although all bullfighters, beginners or famous names alike, needed

the photographer, not all were portrayed in the same way. Costumes, poses

and attitudes vary greatly. While the young ones have to assert themselves

as bullfighters and appear in costume, somewhat insecure and occasionally

with a half smile on their faces (only the very young dared to smile natu-

rally), the big names wore well-cut lounge suits and jewellery, with not a

hair out of place and, of course, the composure of someone who is highly

successful and has no need to prove it, or at most, needs to show the signs

and extent of his success.

So (returning to the idea mentioned above) for the first group, visiting

the photographer’s studio is essential to those who seek success, one more

step on the long, nerve-racking initiation road pitted with trials and tribula-

tions. The triumphant, on the other hand, almost always posed sitting down

with the air of an important gentleman accustomed to being shown respect.

Possession

“The lover’s photo hidden in the wallet of a married woman, the pos-

ter of a rock star hanging above the teenager’s bed, the politician’s election

photo pinned to the voter’s lapel, snaps of the taxi-driver’s children on the car

sun visor – all these are ways of using photographs as lucky charms to express

an implicitly magical and sentimental attitude: attempts to attain or possess

another reality.”(6) If what Susan Sontag describes happens in a picture-satu-

rated world like today’s, in which photographs are so readily available that they

are treated with relative indifference, imagine how enormously valuable pho-

tographs like the ones we have in our hands must have been 80 years ago.

Remember that, despite its democratization, photography was not the univer-

sal resource it is today. On the other hand, Spain was experiencing authentic

bullfight fever, an overwhelming passion that on occasions bordered on sacri-

lege judging by the anecdotes people tell, particularly about Joselito and

Belmonte. To the fans in those days, having a photograph of one of these

legends —especially if it was autographed— or of Gallo, or of Gaona, could be

an emotion-packed experience akin to possessing a relic rather than a talisman.

There are a couple of pictures in this collection with more relic

potential than the rest. They were made following the death of Granero, the

Valencian who was said to have inherited the matador throne from Joselito.

With the death of the first one and then the other, with taurine Spain in

mourning, and Valencia overcome by grief (the photographs of Vidal

Corella bear witness to the amazing crowd that received his mortal remains

and paid their last respects at Valencia North station), Boldún made a pho-

tographic composition to mark the event. This included the bloodstained

138

half of the jacket the matador was wearing when he fell in Madrid, the

explanatory legend and, in one case, Granero’s photograph. It is not a mira-

culous religious picture, but to the fans, possessing a copy of this photo-

graph was almost like possessing the piece of embroidered fabric itself.

The statement

Famous bullfighters gave away duplicated photographs (and even

their duplicated autographs) in a magnanimous gesture, as a gift, a reward

for the public that loves the hero. Why then hand out photographs before

making it to the top? As a statement. Because if anything demonstrates the

will to become a matador and top the bill it is precisely this having one’s

photograph taken in the bullfighter’s costume and handing out lots of

copies. This facet, the distribution among friends, acquaintances and sup-

porters, was to be a new use for the pictures we are talking about, one

through which photographs would become visiting cards featuring not a

mere name, but a very special profession, enormous ambition and a clear

longing for success, fame and renown.

Among Boldún’s young customers was Julio Bohígues, a little

known bullfighter who, in 1930, dedicated his photograph to “the notable

critic Ángel Berlanga”. This man failed to find his fortune in the arena but,

by giving his photograph away, he was invoking it. Belmonte, Gallo,

Barrera, the big names of that same year 1930 must have given away and

dedicated many photographs every season. In a reductio ad absurdum, the

subject of the photograph (and not just Bohígues, but any of the other

young hopefuls) converted this giving into an almost magical act, as if

duplicating his image was enough to win him fame in the bullrings.

In the case of the triumphant, the photograph is a talisman for the

spectator, in the case of the beginners, the copies of their studio portrait

are magical in and by themselves.

Information

The last (although also the first) use the bullfighter would make of

his photograph was to inform. The copies that left the Boldún laboratory

were rather like the “official photo” that the bullfighter or his agent pre-

sented to the promoters and to the media for publication on bullfight pos-

ters and in magazines.

The importance of these studio portraits is demonstrated by the fact

that in only one year and one publication, a magazine from Barcelona titled

La Corrida, we found pictures of Joselito taken by Boldún (in the special edi-

tion corresponding to 25th May) and of Nacional (6th July) and soon after, in

January 1921, a photograph of Ángel Navas, Gallito de Zafra. The same faces

abound on posters: on one from the Toledo plaza corresponding to June 1927

we can see Gallo; on the May 1928 Córdoba poster we have Chicuelo and

Vicente Barrera; Pericás appears on the Morella poster in 1931...

This first use determined a fundamental aesthetic feature of the pho-

tographs. The majority of the subjects appear against an endless white back-

ground and these are precisely the pictures most reproduced on posters.

Conclusion

The artistic and documentary value of the Salvador Pascual Boldún

collection of bullfighter portraits is clear, but there is an added value: the

possibility of seeing this excellent overview of the world of bullfighting,

because the camera has been transformed into a scalpel, sectioning a cou-

ple of decades of this fragment of society. Thanks to the collection we can

see the finest bullfighters of the period and those who, having enjoyed suc-

cess, found themselves overshadowed by them. Here we have those whose

efforts earned them some good bullfights, those who fell by the wayside and

those who were forced to “cut off their pigtail”, which in bullfighting lan-

guage means to retire, without ever having achieved an afternoon of glory.

In histories, whether about bullfighting or any art, there is only

room for first-class performers; second and third rate artists only ever

appear in really exhaustive studies. At all events, they are all written a pos-

teriori. This collection, however, affords us a more sociological overview

because it mixes together all the bullfighters who lived at one time: the

younger and the slightly older ones, the one sitting at the base of the pyra-

mid with those at the peak, the promising ones and the famous names.

They are all in the same silver salt magma.

(1) Andrés Peláez, “La colección fotográfica del Museo Nacional del

Teatro” (Spanish Theatre Museum Photographic Collection) in the

El semblante de la escena exhibition catalogue, Madrid, Centro de

Documentación teatral, 1993.

(2) Letter from Antonio García to his daughter dated 8/5/1912.

(3) A. Laguna Platero, Historia del periodismo Valenciano (History of

Valencian Journalism), Valencia, Generalitat Valenciana, 1990.

(4) Begoña Torres González, El cartel taurino (Bullfight Posters),

Madrid, Ministerio de Cultura.

(5) Durán y Sánchez, Historia de la fotografía taurina (History of

Bullfight Photography), Madrid, Espasa Calpe, 1998.

(6) Susan Sontag, Sobre la fotografía (About Photography), Barcelona,

Edhasa, 1981.

139

The end of the Golden Age and the beginning of the Silver Age

When on Sunday 16 May 1920 the bullfighters’ entrance gate to the

plaza of Talavera de la Reina opened, no one could have imagined that the

afternoon was going to close the so-called Golden Age of Spanish bull-

fighting. It was there, in that town of Toledo province, that a bullfight with

local bulls from the ranch of Viuda de Ortega, would be taking place, sta-

rring José Gómez, Gallito and Ignacio Sánchez Mejías. It was an afternoon

that brought the curtain down on an age of tauromachy, an age considered

as the most brilliant there had ever been. Brilliant and passionate, yes.

With the passing of Gallito, the king of bullfighters, the art lost his intelli-

gence, his command of the stages of the bullfight, his wisdom. Yet Juan

Belmonte, his inseparable companion in the arena, still remained.

It is said that bullfighting is divided into two cycles —before and

after Belmonte, called the Pasmo de Triana. With the arrival of the Pasmo

de Triana the distance between the bull and the matador became smaller.

No one before had been able to fuse power and beauty into one single

element. Belmonte’s bullfighting expression, founded on sheer bravado

in its purest state, contributed to the knack of the bullfighter initiating a

change both in the essence and in the form. Juan Belmonte, at a time

when José Gómez was commander in chief of bullfighting, pure inspira-

tion, magic, practically impossible tauromachy. “Make haste to see him

fight, because he who sees him not soon will not see him,” affirmed El

Guerra. “One simply cannot fight like that,” stated the great Rafael on

another occasion. As a result, this became the only way of conceiving

bullfighting from then on.

Belmonte, moreover, was a true discovery for the intellectuals of the

era. Valle Inclán, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Gregorio Marañón,

Romero de Torres, Sebastián Miranda, Zuloaga, Gómez de la Serna, the

brothers Antonio and Manuel Machado were all captivated by the magic

and personality of Belmonte, as a matador and a man. One day, Valle

Inclán looked at him penetratingly while combing his fingers through his

uncommonly long beard and solemnly declared “Juanito, the only thing

you have left to do is die in the plaza!” Juan modestly responded, “One

does what one can, Don Ramón”.

The rivalry between Gallito and Belmonte, sparked up practically

from the very same day on which the latter took his alternativa, on 16

October 1913, finished abruptly on 16 May 1920 in a way that nobody

had ever thought of. There were little more than six seasons during which

both matadors managed to create a schism in the bullfighting world. When

Juan heard the news about how José had been killed by a bull, he declared,

“if he has been killed by a bull, the rest of us are alive by miracle”.

Once Gallito, the king of bullfighters, had disappeared, Belmonte

was left as the single star. The Golden Age had come to an end. The deca-

de of the 20s was like an orphan, despite the presence of the man from

Triana. Many aficionados left aghast after the tragic bullfight of Talavera

took a long time to return to a bullfight. Even Belmonte himself, bereft of

his professional brother, lacking his direct rival, without his most intimate

friend, came and went from many a bullring as if searching for a lost nort-

hern star. There were many tales of how after the death of José, Juan was

never the same again, neither as a matador nor as a man.

Following the passing of the king of bullfighters, the fiesta needed to

recover its heartbeat as soon as possible. There was a need for another bull-

fighter who, if not capable of making people forget Gallito, at least could

provide some degree of hope and confidence to the public. And it was pre-

cisely in the same year as the tragic disappearance of Gallito that a young

Valencian novillero began to infuse aficionados with his style. Four months

after the dramatic event at Talavera, Manolo Granero took his alternativa.

His entry to the plaza created a major impact. Granero, a bullfighter who

was somewhat simlar to José, although perhaps more refined in his appro-

ach and more elegant, was seen as the successor to the vacant throne of tau-

romachy. His ascent was meteoric, his triumphs incontestable. So much so,

that in the 1921 season, Granero was paired with Belmonte in no less than

43 of his 96 bullfights scheduled for that season, which was the only com-

plete season in his brief passage through the bullfighting hall of fame. The

July Fair in Valencia that year was considered by historians to be the most

complete bullfighting season that had ever been seen. Of the seven bull-

fights billed for the July Fair in Valencia that season, six included Belmonte

and Granero fighting together. It looked as if Juan had found a new partner

in the plaza, providing the stimulus he needed to continue as the leading

name in bullfighting. At the end of that season, Belmonte left bullfighting.

And from then on, his announced retirements and comebacks were a cons-

tant factor in the art until he finally retired in 1935.

Bullfighting in the 20s and 30sVicente Sobrino

140

But once again, as if fate wished to unite in death what had never

been together in life, and only two years almost to the day in Talavera,

bullfighting went into mourning anew. In the same month of May, but this

time in Madrid. It was on the 7th, during the fourth day of the Madrid

Fair bullfights that Granero, together with Juan Luis de la Rosa and Marcial

Lalanda, who had just had his alternativa confirmed, had to face three

bulls from the Duque de Veragua ranch and another three from José

Bueno. The fifth bull, from Veragua, give rise to the tragedy. Manolo

Granero had hardly had time to initiate his work with the muleta when

Pocapena caught him in the hip, tossed him up and threw him towards the

barrier. There, on the step at the base of the barrier, he was mortally gored.

No sooner had bullfighting begun to overcome the crisis of Talavera two

years before than it was suddenly shrouded by sadness once again.

In this first half of the decade of the 20s, contemporary with

Granero were other bullfighters who were labelled by aficionados as suc-

cessors to the great José. Juan Luis de la Rosa and Manuel Jiménez

Chicuelo were undoubtedly the ones who initially fought for the bull-

fighter’s crown. Yet Chicuelo lacked the uniformity required by the great

matadors, whereas Juan Luis de la Rosa was undermined by his all-too-

obvious weaknesses. Chicuelo showed grace and style, a bullfighter in

the purest of Seville styles. But his performances were like a bad mortar

mix, more of a disappointment than a spectacle. All told, his bullfighting

was fuel for the fiery comments of all good aficionados, who waited

every afternoon anew for some breathtaking move. Chicuelo reached his

highpoint on 24 May 1928 in Madrid when he immortalized the bull

called Corchaito from the Pérez Tabernero ranch in a series of passes

qualified as historical.

And Juan Luis, a “wonder child” in his years as a novillero, found

it hard to keep up the pace as a matador and never truly became anything

above a second-rate bullfighter.

This was a period during which tough resistance was put up by

Rafael, El Gallo, brother to José. He intermingled strokes of ingenious-

ness with his no less famous espantás, or refusals to kill. Rafael was one

of the bullfighters to enjoy the longest professional career, taking his

alternativa in 1902 and performing his last bullfight in 1936. During his

34 years of active life, as variable as they were intense due to his inimi-

table personality, he maintained a peerless professional status thanks to

his inspiration and creative fantasy in front of the bull. Rafael alternated

with all the personalities of the first forty years of bullfighting in the 20th

century and his career provided a clear reference point during the

Golden and Silver Ages of bullfighting.

The history of the post-Joselito era, following the premature death

of Granero, left important names in its wake, some of which were due to

the same reasons as before. This was the case of Manuel Varé, Varelito, an

exceptional matador who was dexterous in the kill, until he met his fate in

this part of the bullfight when he was mortally gored. This was on 21 April

1922 in Sevilla, although he agonisingly held on to life until he died on 13

May, six days after the death of his intimate friend Manolo Granero.

Elegant, classical and endowed with a remarkable personality —it

should be remembered that in that period the “personality” was the com-

mon trait that distinguished the majority of bullfighters— he was called

the Blond Belmonte in view of his Belmonte influences and the colour of his

hair. Márquez, who was a very complete bullfighter in all stages of the

fight, was lacking in character to wrest from the public the applause that

his qualities may have deserved.

The great figure of the decade, the immediate predecessor to what

has been called the Silver Age of bullfighting, was Marcial Lalanda. Taking

his alternativa in Sevilla from the hands of Juan Belmonte and confirmed

in Madrid on the tragic afternoon of Granero’s death, Marcial is the pro-

totype of the cerebral, intelligent, dominating bullfighter, whose mere pre-

sence in the arena offered a character of absolute self-assuredness.

“Marcial, you are the greatest”, says a popular pasodoble of the day. And

Marcial was so great, in fact, that his name is a compulsory reference to this

age of bullfighting that spans the 1920s and 30s. Creator of the so-called

butterfly capeswing to distract the bull (quite de la mariposa), who no one

has been able to interpret like him, Marcial maintained his prowess and his

place following the arrival of Domingo Ortega, Manolo Bienvenida,

Vicente Barrera and Félix Rodríguez, the four bullfighters who did the

most work during the Silver Age.

But before we enter into the prodigious decade of the 30s, it is both

convenient and advisable to mention a few other names that for one rea-

son or another also made their impact felt during this time.

In Valencia, for example, a group of matadors made an attempt to

emulate the successes of Granero. Francisco Vila, Rubio de Valencia,

Rosario Olmos, Manolo Martínez and Francisco Tamarit, Chaves, rose to

the top of the list after the tragic end of this bullfighter. None of them

achieved the fame they were after, although they all played dignified roles

in their profession. Manolo Martínez, whom people called the Tiger of

Ruzafa (after the Valencia quarter from which he hailed), came the nearest

to breaking through the regional barriers, but a series of serious gorings

prevented him from achieving greater successes. He was the bravest of the

brave, and very dexterous with the sword.

141

There was still another new victim who fell in the arena in the 20s

– Manuel Báez, Litri. Manuel was a very valiant fighter who showed a high

degree of integrity, but he always left himself at the mercy of the bull he

was facing. In 1925 he achieved the Golden Ear award from the Madrid

Press Association and he was even thought to be a good competitor to

Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma. On 11 February 1926 he performed

in Málaga in a bullfight attended by King Don Alfonso XIII and Queen

Doña Victoria. During the second bull of the afternoon, known as

Extremeño, Litri was seriously wounded, so much so that he had to have

his leg amputated, but not even this could save his life, and he died on the

following day. Manolo Litri was yet another matador who provided grist

for the black mill of bullfighting among matadors who had taken their

alternativa on 28 September in Sevilla: Joselito, Granero, Litri...

Another bullfighter who must be mentioned in the 20s is Ignacio

Sánchez Mejías, despite the fact that the final part of his career coincided

with the mid-point of the Silver Age. He took his alternativa from Gallito,

who at that time was his brother-in-law, in the year 1919, and his profes-

sional life was thereafter marked by the protection provided by his maes-

tro, born in Gelves. Sánchez Mejías, both bullfighter and writer, was a true

intellectual and even staged theatrical works. He reached a privileged posi-

tion thanks to the influence of his brother-in-law, and his style in the arena,

in the opinion of bullfighting journalists at the time, was rough and ready,

but demonstrative of great valour. He was often buffeted by the bulls and

after a few years of retirement he returned to the plaza in poor physical

condition. On 11 August in Manzanares (Ciudad Real), he was gored by

the bull called Granadino, of the Ayala ranch, being wounded so seriously

that he died two days later.

The final years of the 20s were also punctuated by bullfighters

such as Nicanor Villalta, from Cretas in Teruel province, who in his day

received more bull’s ears than any other swordsman in Madrid;

Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma (he’s from Ronda and is called

Cayetano, as the song went), a firm, temperamental bullfighter; Joaquín

Rodríguez, Cagancho, whose ingeniousness and inspiration combined

into an art, going from scandal to glory, from torment to ecstasy. As a

gypsy, like the latter, and endowed with an exceptional sense of artistry

when using the capote, or show cape, Francisco Vega de los Reyes was

called the little gypsy from Triana, Gitanillo de Triana. Unfortunately he

only lasted four years as a matador, taking his alternativa in 1927, and

thereafter being mortally gored in Madrid on 31 May 1931. After bat-

tling with death for two and a half months he finally succumbed and

died on 14 August 1931.

But the Silver Age of Bullfighting was in gestation, as in the last three

years of the 20s there was an increase in bullfighters like Félix Rodríguez,

Cagancho himself, Vicente Barrera, Fermín Espinosa, Armillita Chico and

Manolito Bienvenida. These were joined in the early 30s by Domingo

Ortega, Pepe Bienvenida, Victoriano de la Serna, Luis Gómez, El Estudiante,

Fernando Domínguez and Rafael Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana.

Of all these, Bienvenida, Ortega and Barrera are the three who were

the greatest men of the moment. Marcial should not be omitted either,

because he acted like a general in the arena to prevent the younger mata-

dors from rebelling. Marcial maintained his category, but the big shows

were really performed by the new matadors.

This was a brilliant period in all aspects. The public returned to the

plazas with renewed enthusiasm and hope. Tragedies such as those that

took place in Talavera or Madrid had not been forgotten, nor would they

ever be, but the appearance of new and promising matadors brought about

the renovation and recovery that so many people were waiting for.

Although the roster of alternative bullfighters flowered with

extraordinary force, no less can be said of the bulls themselves. This was

a time when fighting bulls achieved a high degree of expression. Bulls

were, to put it bluntly, more ferocious than brave; there were many tame

bulls, but intensity and emotion were the main dishes served up every

afternoon in every bullring, in practically every fight. The public were

also historically the most learned and at the same time the most deman-

ding. It was a period during which there was everything: good bulls,

bullfighters and enthusiasts.

And as for bullfighters, once again notice must be taken of the

untransferable stamp that marked the style of the leading figures. The per-

sonality of each of them distinguishes them, and there were no two alike.

Take this for example:

Félix Rodríguez was bravery, grace, joy, pure bullfighting, all closely

combined in a bullfighter who was endowed with exceptional qualities.

Born in Santander, he was always considered to be Valencian in view of the

fact that he had come to the city with his family when he was only a boy.

But Félix’s exceptional talents clashed dramatically with a disease that he

was diagnosed with at the height of his career. His personal life, haphazard

and disorderly, was the key factor in cutting his professional life much

shorter than anyone would have wanted. Paralytic and transformed into a

mere shred of a man, Rodríguez died in 1943 after many years of suffering.

The Valencian Vicente Barrera was one of the most dominant bull-

fighters of the period. Endowed with a keen sense of how to produce a bull-

fighting performance, he immediately became a deft handler of the red flan-

142

nel cape, the muleta, whom no bull could stand up to. One of his more

well-known qualities, which however should not cloud over other interest-

ing features of this bullfighter, was his special skill in handling the coup de

grace (descabello). After Granero, Barrera was Valencia’s grand master.

The two leading names in this period of bullfighting were

Manolito Bienvenida and Domingo Ortega. They were fully unlike each

other, but they were both great matadors. The first-born son of the so-

called Papa Negro was a true child prodigy. His approach was founded

on the flair of the Seville style – joyful, endowed with a stylized figure

that underscored a performance that entered all so easily into the eyes of

the enthusiast. Moreover, he was a bullfighter with an extensive reper-

toire, and it was by no means in vain that he drank from the inexhausti-

ble source of bullfighting and resources that the Papa Negro inculcated

in all his sons. In the bloom of youth, as he was experiencing the joys of

being the leading name in bullfighting, he became ill with a disease that

brought his life to an end in 1938.

And Domingo López Ortega, Domingo Ortega. Difficulties made

easy. There had never in the whole history of bullfighting been a swords-

man who could make of a fight a succession of seemingly simple acts

that would apparently dominate a horned beast. Ortega was the para-

digm of command and control. Unlike other bullfighters whose names

adorn the annals of bullfighting as great dominators, the bullfighting

skills of Ortega were always based on the caress and the tease, never on

simple strength to win over the bull. His red cape was like a silk cloth

capable of enveloping the uncontrolled force of any brave bull. There

was no fussiness, no exaggerated expressions, only serenity and calm

that would eventually conquer the will of a wild animal. Without doubt,

he was the maximum authority in his day.

These bullfighters formed the true foundations of the so-called

Silver Age of bullfighting, but the glories of the period were also extended

to others who, although of lesser renown, were nevertheless top rate figu-

res and assiduously attended the most important fights of the day.

This is the case of, for example, Pepe Bienvenida, Victoriano de la

Serna, Luis Gómez, El Estudiante, Fernando Domínguez and Rafael Vega de

los Reyes, Gitanillo de Triana. And once again, the personal stamp of each

of them distinguishes them clearly. Pepote Bienvenida was a true profesio-

nal who had a perfect knowledge of the bullfight. Victoriano was an unpre-

dictable bullfighter, and a great innovator. On his inspired afternoons no

one was capable of fighting like he did. His aesthetic touch captivated the

audience, but his irregularity was his worse enemy. On the afternoon of 25

July 1933 he dedicated a bull in the Valencia bullring to the painter Carlos

Ruano Llopis, who thereafter immortalized the matador on canvas in a

famous painting depicting the pass of the flowers, el pase de las flores.

Victoriano was a genius.

Luis Gómez, El Estudiante was a bullfighter with class and intelli-

gence, and the native of Valladolid, Fernando Domínguez, without ever

braking through the barrier of being a second name in bullfighting, had all

the approval of the enthusiasts and critics of the period. He was a true styl-

ist with the cambric cloak (capote), an exquisite performer, but he would

lose heart at key moments, particularly when it came time to grip the

killing sword, the estoque.

Many other matador’s works, or faenas, that should have had grea-

ter importance, have been left by the wayside. During this period of bull-

fighting, the name of one of the finest Mexican bullfighters should be

remembered, a man whose name marks the heights of Mexican bullfigh-

ting – Fermín Espinosa, Armillita Chico. It has been said that he was the

wisest and tallest bullfighter that Mexico has ever produced. He had a great

repertoire in the handling of the capote, he was an elegant banderillero and

a noteworthy handler of the muleta, a very complete bullfighter indeed.

His first few seasons in Spain were not very convincing, but as of 1933 and

up until the rupture of the Spanish-Mexican agreement in 1936 with the

onset of the Spanish Civil War, he was considered to be one of the figures

who shone the brightest in Spanish bullrings.

In these two periods of such splendour, Valencian bullfighting

contributed one great name to each. First it was Granero, although his

career was cut off at the root, and then it was, Vicente Barrera. Between

one and the other, and after the last one, there are names that may not

appear in bold type, but which do deserve recognition and remembrance

of what they were in a period in which there was no time for relaxation.

We have already talked about those who preceded Barrera, so now it is

time to mention those who came after him. Thus, Enrique Torres, who as

a fighter of young bulls, or novillero, was augured a splendid future,

should have been Barrera's rival in the bullring. But those prospects were

never really consolidated, and he even first refused to take his first alter-

nativa, only to come back again and take it in desperation so that he could

save his well-earned reputation. For his part, Tomás Jiménez, a native of

Foios in Valencia province, was a matador who was not much more than

testimonial, despite having taken his alternativa from the hands of the

ingenious Rafael, El Gallo.

When the Silver Age of bullfighting was about to come to a close,

fitfully cut off by the breakout of the Spanish Civil War in 1936, there

appeared Rafael Ponce, Rafaelillo. Small in stature but gigantic in the art of

143

bullfighting, his name began to inspire new hopes and wishes. However,

gorings and the advent of war cut short the career of a bullfighter who had

nothing but bullfighting in his heart and soul.

The passage of the years, without doubt, has idealized these two

periods of bullfighting. They are legendary, but they are also true. It is

possible that bullfighting has never been experienced with such inten-

sity as it was then. They were days that were different. In the social, cul-

tural and political context of the time, bullfighting occupied a privile-

ged place, where bulls showed all their strength and integrity and the

bullfighter was more of an idol and hero than ever before or since. It

was certainly an age of glory and death. A time in which bullfighting

was transformed and became definitively divided into the before and

the after of Belmonte.

Despite the years that have passed, no one has ever dared to take

any titles away from these two cycles in the history of bullfighting. It

simply stands to reason.

At the age of thirteen he began his professional career in a cuadri-

lla, or troupe, of boys from Seville and when he branched out on his own

as a novillero, or novice who only kills young bulls (novillos), success and

scandal went hand in hand. The story goes that at the start of his career,

in 1899, after dedicating a young bull during a performance in Seville, he

refused to kill it despite the pleas of his colleagues, protests from the

public and the orders from the authorities. He ended up in prison, but

this failed to prevent two promoters (in Cadiz and in Sanlúcar) from bid-

ding to secure his presence in their respective bullrings and a lucrative

contract being signed behind bars.

He took the alternativa (when a recognized matador gives a novice

the chance to kill his first bull and become a fully qualified matador) in

1902 and until 1918 alternated his fine, intricate and extremely personal

bullfighting with afternoons marked by the most ridiculous superstitious

refusals to kill (espantás). In spite of this, he received steadfast devotion

and enjoyed enormous fame, further enhanced by his prodigality, his

charm and the fact that he had married the no less famous Pastora

Imperio, the Spanish dancer and choreographer.

Following his retirement in 1918, his reappearances in the arena

were as irregular as they were well-paid and lasted until 1934.

Rodolfo Gaona y Jiménez

The gentleman posing with walking stick, bow tie and boater

could pass for an actor or a bel canto opera star. However, the man is

not a stage performer, but a prodigy who in the arena displayed the

same elegance he exudes in his photographs: Rodolfo Gaona y Jiménez,

a Mexican from León de los Aldamas, born in 1888 and considered in

Rafael Gómez Ortega, Gallo

The case of Rafael Gómez is one of two in which we see

Boldún’s photographic studio converted into a bullring. Scenery imi-

tating the edge of the arena in which the Divino Calvo, the “Divine

Baldman”, as he was known, is practising diverse poses with the cape

or the muleta, the red cape attached to a stick. There is even one pic-

ture where three people (admirers of the matador, possibly members

of the bullfighter’s club, peña El Gallinero) appear behind the scenery,

as if they were in the alley. The session probably took place halfway

through the second decade of the 20th century and is completed by

other poses of Rafael appearing calm and smiling, like the successful

matador he was. He is dressed in his everyday clothes, but in keeping

with the bullfighting norms still in force: tight-fitting boots, wide-

brimmed hats and frilly shirt fronts that dispensed with ties. After all,

Rafael Gómez, El Gallo was a classic. “As classical as the best of them...

and more romantic than most,” Don Pío, his biographer declared sen-

tentiously. And by romantic, he meant inspired, but also disorganized

and unpredictable.

Born in 1882, Rafael Gómez Ortega was the son of the matador,

Fernando Gómez, Gallo and the nephew of another Gallito who was a

banderillero (he bullfighter responsible for thrusting the decorated bar-

bed darts, or banderillas, into the bull’s neck or shoulders) with the

matador Lagartijo. On his mother’s side, there were even more bullfigh-

ters in the family and, as if that were not enough, he was taken to the

baptismal font by the then promotor of the bullring in Madrid. Even if

his younger brother had not been the great Joselito, the boy’s destiny as

a bullfighter seems to have been little short of inevitable.

Bullfighters in the GalleryConcha Baeza

144

his time to be one of the myths of bullfighting. It was precisely when he

was relishing his fame as a matador (around 1918 or 1920) that he visi-

ted the former Casa García. There he posed with the confidence and

class of one who has no need to dress in the traditional costume to show

that he is a matador.

Rodolfo Gaona performed his first passes in his hometown at the

bullfighting school set up by Ojitos, a former banderillero with

Frascuelo. Seeing how the boy stood out from his fellow students, the

maestro became his mentor. He gave him the required training and,

when he considered he was ready, accompanied him to Madrid. It was

his intention that Gaona should take his alternativa in the Spanish capi-

tal but despite his efforts Ojitos was unable to convince the promoters in

Madrid. To obtain support, he organized a private fiesta for the young

twenty-year-old at a small arena in Puerta de Hierro, inviting the most

influential people from the town for the occasion. Gaona convinced the

public, but the former banderillero failed to move the promoters. As a

result, the Mexican received his “doctorate” a stone’s throw from the

capital in the historic bullring of Tetuán de las Victorias on 31 May 1908.

Gaona was such a resounding success that, during that same season, he

performed in major Spanish bullrings, including of course that of Madrid

where he confirmed his alternativa. The fans bowed to the vigour, youth

and art that had arrived from Mexico just when Fuentes was on the decli-

ne and Bombita and Machaquito were already established. His first sea-

sons brought one triumph after another, spending the summer in Spain

and the winter in Latin America. His name came to be considered indis-

pensable for the Madrid Fair and he had many afternoons of glory such

as the 1914 fair in Pamplona when he was awarded an ear from practi-

cally all his bulls.

He was often billed with Joselito and Belmonte and there was one

season when Belmonte was overshadowed and the public shouted for “just

the two”, in reference to the younger Gallo and to Gaona. Nevertheless, it

was precisely the presence of these two bullfighting giants that eclipsed his

career and his place in history.

Gregorio Taravillo y Amorós, Platerito

This bullfighter from Madrid, immortalized by chemistry in the

Boldún studio, poses for the camera with a smile but showing himself not

to be too convinced after many years in the profession, a profession that

provided him with few moments of glory and long-term obscurity.

Gregorio Taravillo y Amorós, Platerito, was born in Madrid on 4 June 1882

and took part in capeas (amateur bullfights using young bulls) and novi-

lladas in the outskirts of the capital from an early age. At 16 he wore a bull-

fighter’s costume for the first time, acting as a banderillero to the novillero

Juan Pedro Esteras in Cebreros (Ávila) on the public holiday of 15 August

1898. He must have been lucky for the rest of the year because, at the start

of 1899, he appeared in Madrid, successfully killing two young bulls and

earning his passport to bullrings in provincial capitals.

Despite his short stature, he moved in for the kill with enormous

decision, earning himself a considerable reputation for bravery and seve-

ral years of relatively good fortune as a novillero. After an entire decade in

this category, he opted for the “doctorate”, receiving his alternativa from

Algabeño in Cartagena on 1 August 1909.

Times and tastes were changing, however, and his inability to get

contracts in his new category made him renounce his alternativa and

resume bullfighting as a novillero. But he was no luckier. He no longer

had the spirit, the decision and the sense of pride of his early years and,

on his reversion, the important bullrings also failed to contract him as

a novillero, leaving him to perform in the same arenas he had frequen-

ted at the outset. The exception to this sad oblivion was his presence in

Valencia in August 1916, which was probably when Boldún took his

photograph for posterity.

José Gómez Ortega, Joselito

Joselito, the king of bullfighting, was born into the long line of

Gallo bullfighters at Gelves (Seville) in 1895. He was an undisputed king

who acted just like the legendary kind of king. Accepting his superiority

from boyhood, he embodied all the tradition of his predecessors and,

acting with wisdom, learnt from his supposed enemy and added to the

grandeur of the fiesta while leading it into modernity.

However, all his biographies coincide in affirming that he had a

sad smile. And judging by the face Boldún captured with his camera, we

have to believe in his tendency to melancholy. No, Joselito’s smile is not

that of someone who is satisfied at having defeated all his enemies. There

is a certain timidity in his gesture and perhaps tedium. He poses indo-

lently for the photographer, with indifference, as if tired of his admirers

(so devoted and so distant at the same time) showing him respect while

he lives alone at the top.

By the time these photographs were taken in Valencia, towards the

end of the twenties, Joselito was carrying the entire world of bullfighting

on his shoulders. He had made his debut at the age of twelve as the head

of the troupe of boys from Seville and at thirteen, acting as promoter and

leader of the same group, he had written to his mother telling her to let

145

him continue in the arenas “because I’m getting past the age”. Before beco-

ming a fully-fledged bullfighter in 1912, the finest of complements had

reached his ears, including that he was the reincarnation of Lagartijo. But

just when this man seemed to know it all and have won it all, an “earth-

quake” called Belmonte appeared, who cared as little for orthodoxy as he

did for his own safety and who was followed by hordes of aficionados.

Between 1914 and 1920, the younger of the Gallos and the Pasmo de

Triana, as Belmonte was also known, become involved in a rivalry created

by the public, intensified by the bullfighting magazines and encouraged by

the promoters. They created a competition in which Gallo showed skill

and learned from his rival a new style that further enhanced his art. It was

a competition that united the supposed rivals at the top and ended up

making the public more demanding by the day.

It was precisely this weariness caused by the attitude of the specta-

tors (especially those in major bullrings) that led him to volunteer as one

of the three on the bill at Talavera on 16 May 1920. There his life was cut

short by the fifth bull, a five-year-old mulato or matt black bull by the

name of Bailaor (Flamenco Dancer).

Juan Belmonte

This man with large features outlined and even exaggerated by the

light of the portrait, this person posing with certain astonishment, and

who in one snapshot makes a rather unsuccessful attempt at a smile, is

Juan Belmonte, known as the Terremoto, or Earthquake, and as the Pasmo

de Triana, or “Wonder of Triana”. He was the cause of a revolution that

marked a before and after in bullfighting and these photographs were very

likely taken when he was a star, along with Joselito, of what the historians

call the Golden Age of bullfighting. He was making history, and yet in the

pictures there is no sign of the bearing that was associated with the bull-

fighter. He poses not with the pomposity of the triumphant but looks

serious, rather uncomfortable and even somewhat tired in front of the

camera. The weight of the limelight, perhaps? Or maybe the demands of

the no longer unconditional aficionados?

Born in Seville in 1892 and brought up in Triana, Juan Belmonte

made his debut in 1912, and it was the Valencia bullring that launched

the news to the world of bullfighting. The novillero left the spectators

speechless. Instead of going out to dominate the bull, he reinvented bull-

fighting, imposing his style and executing passes at a distance never seen

before. He was gangling, his figure disintegrated to the extent of deform-

ing the passes, but the effect was amazingly moving. It was dramatic and

desperate. It was electrifying. The novillero’s particular heretic style won

over the intellectuals and his instant rise from matador’s assistant to star

amazed the public. Lovers of orthodoxy, and as such followers of

Joselito, lined up against him, of course. Once again, two irreconcilable

sets of aficionados were formed, a circ*mstance that the promoters made

use of, billing them together time and time again following the alternati-

va of Belmonte in 1914.

But instead of clashes, what emerged from these duels was a since-

re friendship and an effective transfer of qualities between the matadors.

And when Belmonte began to master the technique, his art increased con-

siderably. He controlled the arena, not in order to practise the defensive

bullfighting required up to that time, but to expose his body to the horns

in a slow and uniquely elastic style of bullfighting.

The death of his rival in 1920 left him alone before his own fans,

who missed the course realism of the past. He confessed to feeling tired

and downhearted and in 1921 abandoned the bullring, only returning

briefly in 1924, encouraged by Ignacio Sánchez Mejías.

Rafael Dutrús, Llapisera

Incredible as it may seem, the elegant outfit in which the gentleman

in the photograph is posing is a bullfighting costume. Rafael Dutrús appe-

ared in the ring dressed like this on countless afternoons and nights, and

in this guise went down in history as one of the big names in comic bull-

fighting, as the creator of the musical comedy bullfighting show.

Rafael Dutrús, a Valencian born in the town of Cheste in 1892,

wanted to be a bullfighter, but neither luck nor his tall figure helped him

fulfil his dream. The guffaws that came from the stands when he attemp-

ted any series of passes are reported to have been disheartening, but in

spite of (or perhaps because of) this the young man decided that laughter

would be his future. He was not the first frustrated bullfighter to follow

this path, but although perhaps not original in method, his appearance

certainly provided a master touch.

By the start of the 20th century, the old comic bullfighting in pan-

tomime form (short sketches rather lacking in story line) had been

exhausted, reducing it to a repetition of the same old titles and familiar

jokes. So it was a terrific surprise when, in 1914, during a becerrada, or

fight with young bulls, organized in Valencia bullring by La Vieja news-

paper, this strange character leapt into the arena wearing tails and a top

hat, and calling himself Llapisera (pencil in Valencian) in a clear referen-

ce to his lanky figure.

From that afternoon on, his achievements were considerable,

reinventing the comic genre. There were no new titles in his repertoire.

146

Loyal to tradition, it consisted of just one show, an endless stream of

gags, and even featured characters of old, but with a new twist: everyt-

hing revolved around Llapisera. As of 1915, the figure of Charlot

(Charlie Chaplin) was added to his shows (the Chaplin films had

recently been premiered in Valencia), along with a long-suffering

“Buttons” and a musical group. With their help, the elegant comedian

reaped the fruits of his daring: a long list of contracts and an increasing-

ly numerous public. This encouraged him to return to serious bullfigh-

ting, obtaining good results as a novillero. But after a brief foray he retur-

ned to the field that had made him famous.

His formula, consisting in making passes with the cape, boxing,

thrusting the banderillas, hypnotizing and finally killing the young bulls

with the sword “in all fairness” (as it said on his posters), soon gelled,

winning him a host of followers. Even so, he remained in the limelight

for many years, becoming a promoter and the elegant gentleman who, in

the thirties, posed in his best clothes (which were also his working atti-

re) at the Boldún gallery.

Ricardo Anlló, Nacional

The Boldún collection includes two negatives corresponding to this

matador born in Calatayud (Zaragoza) in 1891. In one of the pictures, the

bullfighter’s appearance is relatively conventional, whereas in the other he

wears an expression that could hardly be interpreted as a smile. History

tells us that outside the ring he was not a friendly person, and inside it he

was dry and harsh, even lacking in flair, though always courageous, hono-

rable, responsible, knowledgeable and efficient. Unfortunately, these qua-

lities were not always rewarded by the fans.

The Aragonese bullfighter began his career at an early age as a

banderillero with a troupe of child bullfighters in Eibar (Basque

Country). Working with the banderillas brought him his first big oppor-

tunity following an excellent performance in Madrid, in 1913, during a

novillada for Algabeño II, Llavero and Pastoret. Making the most of the

circ*mstances, Nacional forged himself an interesting career on the

lower rungs of the promotion ladder. From his appearance in Madrid

until 1917 he had a successful billing and for some seasons was leading

novillero, offering the public his bullfighting recipe of good work with

the cape and the muleta, and a sure aim with the sword. All this plus cle-

ver handling. Everything was ready for him to receive the alternativa

from Rodolfo Gaona in Madrid in May 1919.

Nacional began his career well as a fully-fledged matador, but the

same characteristics that had endorsed him as a novillero, the way he

moved in close to the bulls, good and bad alike, did not seem to be enough

to earn him contracts during the 1919 season. The rivalry between

Belmonte and Joselito was leaving lots of good matadors out of the billing.

Anlló was among the victims. However, the death of the younger Gallo and

Belmonte’s retirement did nothing to improve his position. His art and his

style of bullfighting were still valid, but the public’s taste had changed. He

retired in August 1927.

Manuel Varé, Varelito

In the photographs taken in the Boldún studio Varelito appears

confident, proud, with the bearing of a matador and the jewels of success

(ring, cuff links, tiepin). In one with a cigarette smoking between his fin-

gers and wearing an Andalusian-style hat with a turned-up brim, but in all

of them dressed in everyday clothes. And, according to the chronicles, this

bullfighter was one of the last to be seen frequently wearing the short-jac-

keted suit to prolong his profession outside the bullring.

Manuel Varé García, from the Triana quarter of Seville, born in

1893 and a contemporary and neighbour of Joselito and Belmonte, suf-

fered like many others the difficulty of finding himself a niche when the

two giants inundated the world of bullfighting with their presence. But

he was able to survive. Like other boys of his time, Varelito had started

out in a troupe of child bullfighters and, when he was twenty, succeeded

in appearing as a novillero. Despite difficulties in that year of 1912, his

luck improved in the seasons that followed and the Triana-born bull-

fighter gradually made himself known thanks to a bullfighting persona-

lity highlighted by his singular use of the sword, discovering a new style

and bringing new flavour to this third act of the bullfight. In fact, in

September 1918 when he received the alternativa in Madrid, the way he

moved in to kill al volapié (with a “fleet-footed” running sword thrust)

was enough to capture the attention of a public that had come to watch

Joselito, who was also appearing that afternoon. This season was follo-

wed by others during which he demonstrated a certain flair and unfai-

ling courage that resulted in him being seriously gored several times. He

also made it clear that, rather than an efficient matador, he was “stylish

with the sword”, according to the historian, Cossío, who also commen-

ted that even his misses were applauded. Although this may have occu-

rred on occasions, particularly in the years when the passion for style

was at its height, Varelito was not always in favour with a public that

made growing demands on the matadors, and received more than one

booing from the spectators. The last of these took place on his home

ground in Seville on 21 April 1922 as he faced the fifth bull of the after-

147

noon. He attempted to quieten the discordant voices by moving in to kill

but, as he released the sword, he was very seriously gored. He died after

nearly a month of suffering.

Ignacio Sánchez Mejías

The subject of a fascinating life history and a complex personality,

Ignacio Sánchez Mejías, one of the big names of his time, had his photo-

graph taken at the former Casa García studio when he was beginning to

savour the sweetness of success.

Before becoming a famous matador, he had been a rather shiftless

student, a stable boy and a banderillero, who during some of his absences

from the arena had opted for literature and had even staged several of his

plays. However, he was not to go down in literary history for his writing,

but for the elegy García Lorca dedicated to him on his death and for having

promoted and practically financed the homage to Góngora organized by

some young men of literature who would later be recognized by the date

of that event: the generation of ’27.

Risk was the most prominent feature of his art. Playing on this to

win applause, he exaggerated the danger. They say that, if necessary, he

even invented it. He forced the acts, hemmed in the bulls for the bande-

rillas, fought at the edge of the arena, ran risks... He began to take risks

when still a boy. Born in Seville on 6 June 1891, while his father, a doc-

tor at the Beneficencia charity house, thought he was studying for his

high-school finals, he was spending his days in the country at tentaderos

(where young bulls are assessed for fighting potential) with other boys,

one of whom was Joselito. According to the family reckoning, he should

have been starting to study medicine, but since he had not even finished

his secondary school education, he attempted to escape his father’s repri-

sals by embarking on a ship to New York with neither ticket nor money.

However, he arrived at Veracruz, where he first worked as a stable boy

before later appearing in the arena, sometimes as a banderillero and

others as a novillero.

Having gained some experience, he returned to Spain as a

member of the troupe of Corchaíto and for a couple of years worked

as a matador’s assistant with Cocherito de Bilbao and Machaquito. He

returned to the profession of novillero in Valencia on 5 April 1919,

but as the season never really took off, he went back to being an

assistant. For three years he was a banderillero with Gallo and

Belmonte and in 1918, when everyone thought he had abandoned his

dreams, he renewed his efforts to become a matador. This time with

more luck.

He received the alternativa from Joselito (who by this time had

become his brother-in-law) in 1919, and 1920 was to bring him many per-

sonal successes and the death of his friend Gallito. He himself had to kill

the bull that had caused the tragedy in Talavera.

Twice he tried to retire (in 1922 and in 1928) and on both occa-

sions decided to go back to fighting bulls. A black bull with white under-

parts from the Ayala ranch called Granadino defeated him in Manzanares

on 11 August 1934.

Manuel Jiménez Moreno, Chicuelo

Intuition, ease and finesse were the identifying features of this his-

toric name in bullfighting whose style, apart from being refined, was

innate, according to the critics of the time. Of course, if it were not inna-

te, he had had the chance to learn it from early childhood because

Manuel Jiménez Moreno —the son of a bullfighter of identical name and

nickname who had died when the child was five years old— had grown

up in the world of bullfighting. Fostered by his uncle, the banderillero

Zocato, he received only one message: there existed no better destiny

than to become a famous bullfighter. And while reaching for this brilliant

destiny, he visited the Boldún studio in the centre of Valencia on two

occasions. The first must have been during his success as a novillero,

shortly before taking the alternativa; the second, a few years later as an

undisputed idol.

This bullfighter, born in the Triana quarter of Seville on 15 April

1902, killed his first becerro, or young bull, on the ranch of Antonio

Pickman when just ten years old, astonishing then and with his subse-

quent performances the bullfighting world of Seville. Later it was the

turn of the Salamanca fans to wonder, when Zocato moved there with

his family. In the becerradas held in the region the boy coincided with

others, such as Granero, who would later be famous names in bullfigh-

ting. Finally he appeared before the general public. Chicuelo donned

his first bullfighting costume to lead the bill in a professional becerrada

in Tejares on 24 June 1917. There, at the age of fifteen, after giving a

clear demonstration of his fine art, he received an ear from each of his

two novillos. The critics praised him and the contracts began to pour in.

The public saw his art as a novillero make constant progress and his

billing improve throughout nearly three seasons. The culmination came

on 28 September 1919 when he took the alternativa at the Real

Maestranza in Seville with Juan Belmonte as his sponsor and Manuel

Belmonte as the witness. Once a fully-fledged matador, his career con-

tinued to develop over the years, albeit less spectacularly. He had sea-

148

sons, like those of 1923 and 1939, marked by constant success and

others, like that of 1927, when he chose to limit his appearances to a

few afternoons.

Manuel Granero

His career was dazzling, like a flash of lightning. In the season and

a half that his life as a matador lasted, he offered absolute regularity and

triumphs so unquestionable that the aficionados gave him their devotion

and the “throne” left vacant by the death of Joselito without hesitation.

His rapid ascent and brilliance, and the memory of the giant from Gelves

made his death caused by the horns of Pocapena all the more eventful.

Madrid in its entirety accompanied his body from the bullring to the sta-

tion of Atocha and on arrival in Valencia it was received by crowds of

mourners. To enable the aficionados to keep a relic of the matador they

so admired, Salvador Pascual Boldún prepared a memento, a photocom-

position featuring the portrait of the matador and, as the inscription

reads, the “right side of the jacket he was wearing on the day he was

gored”. It was the last farewell to a young man Boldún had also photo-

graphed a few years before. On those plates he appeared smiling rather

shyly, very much like so many others who posed in front of the endless

backdrop of the famous gallery.

At the outset, Granero was not much different from the host of

becerristas who sought their fortune in the world of bullfighting. He

was born in Valencia on April 4, 1902 and, after studying music and

violin, went on a trip to the country in Salamanca where his desire to

be a bullfighter was kindled. His first seasons (1918 and 1919) were

hard, very hard, accepting any chance to take part in a bullfight, seeing

how some of those who had started out with him, like Chicuelo, were

beginning to make headway and hearing recommendations that he

should go back to the violin.

But in 1920 he took a giant step forward. Following several novi-

lladas in Salamanca, Barcelona and Zaragoza, he appeared in Santander on

the feast day of Corpus Christi and gave an exceptional lesson in bullfigh-

ting. After this success came those of Bilbao, Salamanca, Zaragoza, Madrid,

Palma, Seville and, on 28 September of the same year, the alternativa in

Seville with Rafael, El Gallo as his sponsor. And if 1920 was a good year,

1921 was exceptional. Not even Joselito (whose name was mentioned

every time Granero appeared) performed so much and won so many fans

in his first season: the Valencian fought in practically one hundred bull-

fights and few of them were poor. In his last season, that of 1922, he visi-

ted Valencia, Barcelona, Bilbao and, in May, Madrid. The fifth bull on the

fourth day of the fair was Pocapena, his executioner, from the ranch of

Veragua. The chronicles describe it as a grey bull, almost blind, with white

underparts and long pointed horns.

Francisco Vila Marí, Rubio de Valencia

Blond hair, an uncommon physical feature in the arena, earned this

Valencian bullfighter the nickname of the Blond Valencian. In all the pho-

tographs taken by Boldún he is wearing a bullfighter’s hat that hides the

colour of his hair, but we can appreciate his light-coloured eyes.

Francisco Vila Marí, the man posing calmly for the camera, alt-

hough rather undecided, enjoyed quite a long, not too brilliant career

largely spent as a novillero. Born in Valencia on the eve of St. Joseph’s

day in 1884, he made his debut in his hometown in May 1905 with a

satisfactory performance. The following year he appeared in Madrid

and continued in the profession for a good number of years without

making a great impression. After 16 seasons as a novillero and on the

point of retirement, he took the alternativa. His last performance was

in a bullfight staged in Valencia on 1 July 1922 in aid of Manuel

Granero’s sister.

José García Carranza, Algabeño

He had a reputation for being a determined and at the same time

fine-looking man and, judging by the photographs from the former Casa

García studio, the female tongues of the day told the truth. The news of his

love affairs with high-society women in Madrid and Andalusia were appa-

rently no less true. This, in addition to his personal vicissitudes, provides

us with a lively and fabulous biography.

José García Carranza was born in La Algaba, Seville province, in

February 1902. The son of a bullfighter of great renown also known as

Algabeño, he had been destined by his family to take care of the already

extensive family estate. However, having been brought up in the country

and in the bullfighting environment, he opted to follow the path to the

arena, an undertaking that met with firm opposition from his father time

after time. The second Algabeño was first billed as a novillero in July

1921, but the six bulls lined up for that afternoon had to be killed by

Marcial Lalanda and Fausto Barajas because the father of the third boy

had succeeded in having him withdrawn by sending a telegram to the

Civil Government.

The tug-of-war between father and son was even aired in the

bullfighting press of the time, which merely enhanced the reputation of

the young man before he even succeeded in appearing in the arena. The

149

great event finally took place in Valencia on 12 March 1922. Algabeño

was billed together with Gallito de Zafra and Rosario Olmos, emerging

clearly triumphant.

Apart from his enthusiasm, Algabeño inherited his father’s liking

for the more academic volapié, an act which came to be his major attrib-

ute. Otherwise, his style of bullfighting seemed to come from the days

prior to Belmonte. It is said to have been unpolished but highly coura-

geous, so it is not surprising that he accumulated enough successes to

take the alternativa just one year after his debut as a novillero. Valencia

was again the chosen bullring and the date, 29 June 1923, the day the

Press Association celebrated its annual festivity. El Gallo acted as spon-

sor and Juan Silveti as witness. The following year he confirmed his alter-

nativa in Madrid and continued in the profession quite regularly until

1929. Abandoning his retirement in the country, he made a comeback as

a rejoneador (mounted bullfighters who use lances) in 1933, but not for

long. Shortly after the start of the next season, he suffered an attempt on

his life in Malaga after openly taking the part of the more influential clas-

ses among which he moved freely. In the incident he received several

shot wounds, one of which required surgery on repeated occasions, pre-

venting his return to the arena. When the Spanish Civil War broke out

in 1936, his alignment on the side of the nacionales (the Franco forces)

cost him his life that same year.

Manuel Martínez, Tigre de Ruzafa

His daring and courage earned Manuel Martínez a sonorous nick-

name, some years of success and a place in the memory of the Valencians

for decades. His not being considered a big name was due to the fierce

competition existing at the time and because he never fully defined his

personality in the bullring, a serious problem in those days when each

matador had a unique way of performing. Nevertheless, he had many

resounding successes. He would be savouring these in the early twenties

when he posed at the gallery of Salvador Pascual Boldún dressed in two

different bullfighter’s costumes. The striking note here is that the photog-

rapher had his photograph taken with him. But this was not the only occa-

sion on which the Tiger of Ruzafa visited the studio in the plaza de Emilio

Castelar, because he also went there to have the customary photograph

taken on the occasion of his wedding.

This Valencian from the Ruzafa neighbourhood, born on 26 July

1897, exchanged his paintbrushes for the sword. In Valencia, he first per-

formed in the company of Manuel Granero in a night novillada staged in

1917. Following the great reception on this and subsequent occasions, he

made his debut in Madrid that same year. However, the afternoon failed to

go well: one of the young bulls gored him and gave him an almighty bea-

ting before he could kill it.

Undaunted, as befitted his spirit, the Tigre de Ruzafa rebuilt his

reputation and obtained great victories, first as a novillero and later (he

took the alternativa on 21 September 1924) as a matador. He achieved

resounding success in Valencia in 1922 and 1927, although he was very

seriously gored in the right thigh in the same bullring on 31 July 1925.

At the start of the thirties his popularity gradually waned until the

Spanish Civil War put an end to his activity in Spain. In Latin America he

continued as a bullfighter for some years, although, in 1948, he returned

to Valencia to fight on the afternoon of 25 April together with Rafael

Llorente and Luis Mata.

Manuel Báez, Litri

The negatives in the Boldún collection corresponding to this

bullfighter are among those having most suffered the ravages of time

and the pictures are relatively faded. We also know that some original

plates have been lost, as we have found some prints of Litri corre-

sponding to this same series. In any case, the man featured in the pho-

tographs always looks deep in thought. Manuel Báez, Litri, was a bull-

fighter who, according to the critics of the time, entered the bullring

as it were the photographer’s arena: looking awkward, preoccupied, as

if in a trance. Of course, this first impression of helplessness became

dramatic once the bull appeared, any kind of bull. Then, Litri dug his

heels into the sand as if the animal’s charge were totally indifferent to

him. These dead stops were the most evident feature of his art, a hall-

mark that brought him three seasons of glory and led him to his death

before he was 21 years old. Manuel Báez, Litri, was born in Huelva in

1905 and from a very early age insisted on following in the footsteps

of his father, the matador Miguel Báez. It was precisely his father who

gave him his first opportunity to tackle a bull by contracting a seventh

bull for a novillada. The boy, then 14 years of age, came out of the

fight rather bruised but keener than ever to be a bullfighter. By the

following year he was sporting the bullfighter’s costume at Valverde

del Camino. That summer of 1920 and the two that followed he spent

touring the bullrings of Huelva province, performing little and failing

to impress. But in 1923 his first big chance arrived, in Valencia. To

achieve this, it seems that Manuel Báez had used the influence of some

of his father’s friends... pretending to be his father, Miguel. Whatever

happened, he made the most of his opportunity. The entire bullring

150

was astounded at the way he moved in so close to the bulls. That same

season he appeared in six more novilladas in Valencia and a further 19

throughout the rest of Spain. The following year (1924), with well-

earned top billing as a brave bullfighter, he appeared in the major

cities, taking the alternative in Seville on 28 September. During the

ceremony he referred fondly to Valencia “the great godmother of my

art”, as he wrote in a telegram.

The year 1925, his only year as a matador, was particularly brilliant,

with afternoons during which his bullfighting, together with El Niño de la

Palma, made the aficionados believe another golden age had begun. But

the glory was to be short-lived. No sooner had the 1926 season begun (in

the month of February) than the bullring in Madrid saw him butted, tos-

sed and gored by a bull. He died six days later.

Ángel Navas, Gallito de Zafra

The studio portraits of Ángel Navas found in the collection from

the former Casa García were almost certainly taken in the early twen-

ties, possibly in 1920. That was the first important season for this bull-

fighter from Badajoz, for he appeared with great success in the major

arenas of Andalusia, in Valencia and finally in Madrid. It is highly likely

that he had the photographs taken during his visit to Valencia, situated

on the river Turia. In one he is wearing a normal suit (bow tie included)

and a half smile; in the other he is dressed as a bullfighter, with the

ornate cape used in the opening ceremony, and the same bullring sce-

nery Boldún used for El Gallo. The session must have been quite short

and, unlike what happened with later portraits, he had no photographs

taken against a white background. For this reason, when the bullfighter

wanted to use this particular picture in bullfighting costume for his pro-

motion (as it appears in the January 1921 issue of the magazine La

Corrida or on various advertising posters), the printers had to first cut

off the background.

This Extremeduran from Zafra (Badajoz province), born in 1893,

would be a novillero when he visited the photographer’s studio, and it

was as a novillero that he experienced the finest moments of his career.

From his first season in 1920 to 1925 he achieved an excellent record

performing in the bullrings of Valencia, Bilbao, Barcelona, Badajoz,

Madrid, Marseilles...

In 1925, he received the alternativa from his sponsor Antonio

Márquez in Merida on 15 August, a national holiday in Spain. And,

although the story goes that with the bulls he lacked the same agility

he had with the novillos, he still performed in many bullfights for five

more seasons, dedicating more time to Latin America than to Spain.

He retired in 1930.

Cayetano Ordóñez, El Niño de la Palma

The Ordóñez portrayed by Boldún on a dozen plates is a young

man who has a serious expression in most of the pictures, but in others

reveals the shadow of a smile or is even laughing openly. He was a young,

satisfied bullfighter. And he had reason to be so because with little training

and masses of intuition he had gone along way.

The track record of El Niño de la Palma was dazzling. He was the

son of a shoemaker from Ronda who had his shop in the plaza de La Palma

and who had to move to La Línea with his family when the business began

to fail. There the boy worked as a waiter in a cafe, a baker and a kitchen

porter prior to becoming an apprentice bullfighter. At 14 he wore a bull-

fighter’s costume for the first time as a member of a comic bullfighting

troupe in the town where he lived, and three years later, in 1921, he appe-

ared in Ceuta as an understudy. The official bullfighters were making such

a spectacle of themselves that the president ordered him to kill one of the

bulls. It was a good start.

The following season he was able to appear as a novillero and 1923

was the year of his great breakthrough. He began the season in the south

and the expectation was such that, when the summer came to an end, bull-

fights continued to be organized (in November, in December) to enable

him to appear in all the important bullrings: Córdoba, Valencia, Barcelona,

Logroño, Huelva... He practically completed a calendar year and conti-

nued to reap success in 1925.

He received the alternativa from Juan Belmonte in Seville and, once

a fully-fledged matador, ended the decade as a master bullfighter, demons-

trating a varied repertoire with the cape and the muleta. Although as of

1930 his began to carry less weight in the arena, he offered some memo-

rable afternoons of bullfighting before the dramatic halt brought about by

the Spanish Civil War.

Ramón de la Cruz

We only know two facts about this young bullfighter, apart from

his name. The first is that he appears on a poster announcing an “eco-

nomy” novillada at Valencia bullring for 9 September 1922. The pro-

gramme consisted of six novillos: two for Ramón de la Cruz, two for

Raimundo Tato and the others for the real stars of the afternoon,

Llapisera, Charlot and their “Buttons”. The other fact is that he was also

seriously gored in Valencia bullring in 1925.

151

Francisco Tamarit, Chaves

Francisco Tamarit, Chaves, appeared in the bullring revealing

extraordinary qualities following the death of Granero, just when the

Valencia bullfighting throne had been left vacant, and the locals immedia-

tely pinned their hopes on him. He had been born in El Grao, the port dis-

trict of Valencia on 18 October 1897 and, in 1922, had a brilliant season

on home ground. Luck was on his side and his good fortune continued

throughout subsequent seasons, in which he took part in bullfights all over

Spain. In Madrid, especially in 1926, he achieved a status that very few

novilleros held at that time. The pictures taken by Boldún fall chronologi-

cally within this period of success.

In that year of 1926, when he was experiencing the finest moments

of his career, he received the alternativa in Valencia from Villalta, and was

accompanied by El Niño de la Palma. That was on 26 September and the

afternoon proved fortunate.

Sadly, the luck that had accompanied him on so many afterno-

ons as a novillero seemed to abandon him the moment he became a

fully-fledged matador. In the same season that he took the alternativa

he went on to perform in five more bullfights in Spain, prior to sailing

for Latin America. But a disease caught him during the trip and a

goring during training reduced his Latin American tour to a single bull-

fight in Lima. The following season was no better: he began late and

sustained two gorings (one during the July Fair in Valencia, where he

was on the point of losing an arm, and the other in Albacete).

Moreover, when he attempted to confirm his alternativa in Madrid,

sponsored by El Gallo and with Fuentes Bejarano as witness, his per-

formance was unconvincing.

The aficionados in Valencia continued to talk about their bull-

fighter, whom they claimed to hold in esteem. But he practically never

reappeared in a bullfight in Spain. On the other hand, in the Latin

American world of bullfighting he retained his reputation and public

recognition for some years.

Enrique Torres

Close-ups and full-length portraits, sitting, standing, walking,

wearing a bullfighter’s hat, bareheaded, greeting a gentleman (a

staunch fan? a relation? his manager?) and even accompanied by a lit-

tle girl... The photographic session Enrique Torres underwent at the

Boldún gallery around the year 1926 was a long one. And it is not sur-

prising if we consider that this young man, barely 18 years old, was

already a triumphant bullfighter returning home to have his merits rec-

ognized by his fellow citizens. Enrique Torres had discovered his voca-

tion when almost still a child. In 1921, he was already touring the

towns surrounding the capital seizing every opportunity to take part in

bull-related fiestas. His big chance appeared when he was fourteen,

affording him the opportunity to kill a young bull, or becerro, in a cha-

rity bullfight at Valencia bullring on 8 July 1922.

As from this minor triumph, Enrique’s aim was to train tho-

roughly and become a big name in bullfighting. He moved to Seville, in

search of an opportunity, followed by a large family that at that time

depended on the meagre wages of the father who worked as a security

guard. After all, the destiny of the entire group might change if the boy

realized his ambition.

In a couple of years the land of Andalusia provided sufficient

training and an interesting billing for the Niño del Seguridad, as he was

known. He had his first big season in 1926, returning to Valencia

where his career as a novillero was already being seen as a repeat of

that of Granero a few years earlier. Courage, command, elegance and

extraordinarily good capework were his finest qualities, further enhan-

ced when the public and the promoters made him compete with

Vicente Barrera, then a novillero, from his own part of the country and

his contemporary.

He received the alternativa in Valencia from Juan Belmonte on 1

October of the same year, being acclaimed as a star bullfighter in both

Spain and Latin America until 1930. As of this date, however, his luck

began to run out. The number of bullfights dwindled and when, in

1935, he had a good opportunity to recover his reputation by perfor-

ming in Valencia, his domain, a goring prevented him from doing so. In

his search for contracts, he relinquished his status, following which

came the Spanish Civil War and, for Enrique Torres, exile and even-

tually obscurity.

Vicente Barrera

Today, when we have a Vicente Barrera in the bullring, a quirk of

history brings us 29 photographic plates featuring the image of a former

bullfighter by the same name. The image of a boy who was perhaps still a

becerrista, young and inexperienced, intimidated even by the camera and

who, nevertheless, in some pictures reveals the same seriousness and the

same look that the camera captured many years later, when he was enjo-

ying the height of his success. Vicente Barrera was the subject of a long

photographic session at the Boldún studio. He posed at the gallery in plaza

de Emilio Castelar wearing his finest clothes: twice in different bullfighter’s

152

costume, once in a short-jacketed suit and twice in everyday clothes. Quite

an inconceivable expense for a novillero who had hardly started his care-

er, if it were not for the fact that this particular one came from a family of

high social standing intent on giving him every help in the early days of

his profession.

Born in Valencia in 1908, in the eyes of his family Vicente Barrera

was destined to study arts. However, his obstinacy, his resistance to

punishment and his running away from home finally convinced his mot-

her and his uncles (his father had died when Vicente was eight) that his

wish to be a bullfighter was not a passing whim. So his relations decided

to help him in his efforts, perhaps with the secret hope that disappoint-

ment would come of its own accord.

But that was not to happen. In 1924, at the age of sixteen, Barrera

donned the bullfighter’s costume for the first time and three seasons and

many novilladas later, on 17 September 1927, Juan Belmonte granted him

the alternativa in Valencia. From that day on, he enjoyed long triumphant

seasons, especially those between 1928 and 1932, when he became a star

for his contemporaries and, for history, one of the leading performers of

what has been called the Silver Age of tauromachy.

Following his retirement in 1935, he still returned to the arena as a

great master on two occasions, in 1940 and 1944, finally leaving the bull-

ring behind in 1944, when he was 38 years of age.

Ángel Celdrán, Carratalá

He was merely a young hopeful, but even before April 1925,

when he had not yet appeared in important bullrings, Ángel Celdrán,

Carratalá, from Alicante posed smiling, confident and determined. He

was in his twenties and had already shunned the path his well-to-do

family had marked out for him in business, choosing rather to follow the

trail left by legendary matadors that led to glory in the bullring. This

road looked brighter, but was also more arduous, as fate would take it

upon itself to prove.

Born in Alicante on 9 May 1903, he fought in the bullring at

Alcoy on 27 April 1925 using this photograph by Boldún on the pos-

ter. In September of the following year he appeared in Murcia and con-

tinued to add to his prestige, based largely on his courage, being con-

tracted by increasingly important bullrings. Finally the contract he had

always dreamed of for the bullring in Madrid arrived in March 1927.

On that afternoon in the capital he had to face up to the huge expec-

tation created by his presence as well as his novillos and his perform-

ance was disappointing. Far from being discouraged, he decided to

make this setback a turning point in his career. That winter he went to

perform in the bullrings of Venezuela and returned with his spirits

boosted for the Spanish season. Precisely in that year of 1927, he was

on the point of becoming the leading novillero until he was seriously

gored in the novillada held in Logroño on the feast of St. Matthew,

when he had 28 festivals under his belt. The mishap, far from under-

mining his courage as many supposed it would, renewed it, and as of

this moment he achieved the greatest successes of his life. The life that

ended in 1929, when he was 26 years old, the day after he was gored

by Mirlito, a Salamanca-bred novillo from the ranch of Lorenzo

Rodríguez. This took place in Inca during a bullfight also featuring

Belmonte and Lorenzo Rodríguez.

Julián Sacristán Fuentes

We only found one picture of this bullfighter from Toledo in the

Boldún collection and we imagine it must have been taken in 1929,

the year this man took the alternativa in Valencia and practically the

last year of his career. A career that, according to history, was brief,

inconsistent and atypical. His biography is certainly strange, corre-

sponding neither to the vocational bullfighter nor to those who inher-

it the profession or see it an escape from poverty. Was it merely an

occasional whim?

Julián Sacristán came from Santa Olalla (Toledo) and was the son of

a well-off family. He decided to become a bullfighter in 1923. During a

capea held as part of a fiesta in his hometown he received his first applau-

se for facing a bull. He soon received more because in less than a year he

was already performing in first-rate bullrings, obtaining a resounding suc-

cess at Carabanchel Alto in 1924.

For five years he acted as a novillero, alternating between obvious

failures and afternoons of unquestionable brilliance that led him to appe-

ar in Valencia. It was also in Valencia that he became a fully-fledged mata-

dor, receiving the sword and muleta from Marcial Lalanda on the afterno-

on of 26 July 1929.

His alternativa was not, however, the start of a second stage in his

professional life but, as it seems, the end of his ambition. As a matador he

only performed in four more bullfights.

Julio Bohigues

On 26 November 1930, Julio Bohigues dedicated a photograph

of himself with respect and admiration “to the notable critic Ángel

Berlanga”. The dedication revealed an evident desire to please someo-

153

ne he imagined capable of changing the future of an artist with a stro-

ke of his pen, as if it were a magic wand. But this young man was not

granted the glorious future he probably dreamed of. There is no sign of

his name in the annals of the history of tauromachy. Even if we iden-

tify (as seems highly probable) this Julio Bohigues with the Julio

Boiquez, Carrillo, who appears in the third volume of the exhaustive

Cossío, his impact was rather limited. The yearbooks of the time record

that he performed in less than ten bullfights in arenas of little impor-

tance during the year 1930.

It seems reasonable to suppose that Julio Bohigues was from

Valencia both because of his surname and because of his occasional

encounters with the El Mercantíl bullfighting journalist and the very fact

that he had his photograph taken at the Boldún studio.

Eduardo Hueso Gilarte, Gordillo

Around 1928 and 1929, Boldún’s camera froze the image of

Eduardo Hueso Gilarte. In the half dozen photographs recovered

we can see that this man, who would be nearly thirty, is not so

afraid of the camera as the novilleros who were just starting out,

but does lack the composure of the leading bullfighters, despite

having had outstanding afternoons during the 1929 season when

he was still a novillero.

According to the journalists of the time, his career was short and

irregular due to his lack of decision. Born in Seville on 17 December

1900, after having started work as a joiner and machinist, he chose the

road to the arena. He learnt the theory from Enrique Vargas, Minuto, and

his practical training was obtained at capeas and in the Andalusian

countryside as was usual in those days. His debut as a matador took

place in Utrera in July 1920, but his performance was cut short before

the kill when he was gored by his first novillo.

His career continued full of ups and downs for some years and

finally, in 1927, 1928 and 1929, he could be seen at major bullrings.

Although these were undoubtedly his finest years, he preferred to remain

at the lower level, not taking the alternativa until 1931. That year he beca-

me a fully-fledged bullfighter with Bernardo Muñoz, Carnicerito, as his

sponsor and spent the rest of his career in Latin America.

Fernando Domínguez Rodríguez

Fernando Domínguez is said to have been a very complete bull-

fighter, combining art and courage. However, he was not always in

favour with the aficionados and the bullfighting world in general, and

some say that this was because of his serious nature. Cossío states that,

although this circ*mstance was not an insurmountable obstacle, it did

prove to be a setback. While not going so far as to call him unpleasant,

he says that “his is a markedly serious Castilian nature”.

Whether Domínguez was as naturally congenial as other contem-

porary bullfighters or not, in one of his photographs found in Boldún’s

archives he is certainly smiling. A natural smile or a gesture provoked by

the photographer —a great bullfighting aficionado— to refute the small

talk of the gossipmongers? We will never know. What we do know is that

the photographs were taken in the early thirties, probably in 1932, coinci-

ding with his major season as a novillero.

Domínguez had been born in Valladolid in 1907 and as an ado-

lescent exchanged work at the family butcher’s for a career in bullfigh-

ting, particularly as of the afternoon he acted as understudy. That was on

13 May 1926. The young man who had only ever killed a couple of times

in becerradas found himself facing a fully-grown bull of five years which

he stabbed with ease and determination. From then on, his reputation

continued to grow and, in 1933, on the eve of the feast of St. Joseph,

Vicente Barrera gave him the alternativa in Valencia. Though the outco-

me of that afternoon was not too brilliant, other bullfights staged during

the Fallas fiestas were.

His career, like so many others, was thwarted by the Spanish

Civil War but continued for several more seasons when the fighting

ended.

Amador Ruiz Toledo

This confident-looking young man advertised himself in the

Valencian press of 1929 as the novillero “who faced danger with a smile

like the tough gladiators of Ancient Rome”. That same year of 1929 mar-

ked his debut in Valencia and during the seasons that followed he was to

have the opportunity to show off both his smile and his dexterity with the

cape, a feature that was apparently his hallmark. He took the alternativa on

30 July 1934 at the Calle Xàtiva bullring in Valencia with El Gallo as his

sponsor and Barrera as witness.

Although his career was not particularly outstanding, he was

sought after for disparate events. In August of 1936, he was billed with

Domingo Ortega, Rafael Ponce, Rafaelillo and Jaime Pericás for the bull-

fight organized by the popular militias in aid of the Central Aid

Committee; in May of 1939 he took part in a charity festival in aid of army

hospitals. His presence in the bullring was prolonged for some years (until

1943) although, as of 1940, he acted as a novillero.

José Cerdá San Martín

It probably never even occurred to him. When the young would-be

bullfighter went to the important studio where the big names had their

photographs taken, it would never have crossed his mind that one day he

would be on the other side of the lens photographing the highlights of the

fiesta. Because this is what happened. For over two decades, Pepe Cerdá

worked as a bullfighting photographer, capturing everything that happe-

ned in the Valencian arena and publishing his snapshots in El Ruedo,

Dígame, Tendido 13, Venezuela Taurina and El Mundo de los Toros.

The change of activity was relative as his entire life revolved

around bullfighting. Born in Valencia on 27 February 1910, by the

time he was 19 years of age Pepe Cerdá was already performing locally

in novilladas and was billed as many as six times in 1929. His contracts

improved and he appeared at better bullrings the following season, in

1930, finally performing in Madrid on 6 September 1930, sharing

novillos from Coquilla with Atarfeño and Félix Rodríguez II. That

afternoon he was seriously gored in the thigh.

He pursued an average career as a novillero during the early thir-

ties. Statistics show he performed in 18 bullfights in 1933 and 20 the next

season. Following the Spanish Civil War, he successively joined the trou-

pes of Enrique Vera, Nacional, El Suso and El Turia (with whom he stayed

he longest) as a banderillero before contemplating the bulls as a photogra-

pher in his later life.

Jaime Pericás

Five photographs wearing a matador’s gold-embroidered costume,

five with the costume embroidered in jet black worn by bandilleros and

picadors. In all ten, the same boy who sometimes tries unsuccessfully to

look serious and, on other occasions, grins from ear to ear. This is Jaime

Pericás, a fine, elegant and stylish bullfighter who, by 1931 when he was

fifteen years of age, had found his niche as a novillero, conquered the

major bullrings and been presented in Madrid. The photographs were also

taken around this time, with one of them being used to announce his

appearance at the fair in Morella.

But the year 1931, with 13 novilladas to his credit, was only the

start of an excellent career in the arena. The following seasons were a cons-

tant and promising progression for this Majorcan born in 1916. In 1935

he succeeded in becoming the novillero with the most bullfights under his

belt. On 17 March 1936 he received the alternativa in Valencia from

Domingo Ortega.

P. 11 Self-portrait of the photographer

P. 15 Boldún caricatured by Galván

P. 17 Elisa Boldún, actress

P. 18 Photograph dedicated by the actress María

Guerrero to her teacher Elisa Boldún

P. 19 Handwritten note from Echegaray

P. 20 Félix Dafauce

P. 21 Group of maids

P. 23 Salvador Pascual Boldún with his son Fernando

P. 24 Fernando Pascual, the second photographer

in the family

P. 26 Back of a studio portrait taken at the Boldún

studio

P. 27 Photographic studio advertisem*nt

P. 30 Total surface of a negative as Boldún would

take it in order to recentre it during printing

P. 33 Photocomposition created by Boldún

following the death of Granero

P. 34 Photograph of Julio Bohigues dedicated to

the bullfighting critic Ángel Berlanga

P. 35 Valencia bullring poster with a photograph of

Algabeño taken by Boldún

154

List of illustrations

A Francisco Peris Moreno, a Juan de Gracia, · A Isabel Orellana y a Enrique Pascual, que nos abrieron las puertas de su casa y nos permitieron revisar los cajones donde guardaban - [PDF Document] (2024)
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Introduction: My name is Lakeisha Bayer VM, I am a brainy, kind, enchanting, healthy, lovely, clean, witty person who loves writing and wants to share my knowledge and understanding with you.